2018: entre el neoliberalismo macrista y la resistencia obrera

SindicatosEl diciembre socialmente caliente con el que se despedía el año 2017, marcó a fuego lo que será el transcurrir del 2018. Por un lado, un gobierno que pretenderá profundizar la quita de derechos que viene haciendo desde el primer minuto, transfiriendo más recursos desde los sectores populares a los más concentrados.

 

Diego Sánchez*

 

Por el otro, una clase trabajadora que desde el primer día demostró su capacidad de organización y movilización, que puso como escenario la calle y que se interpeló a sí misma.

Quizá encontremos en esa tensión, la expresión más clara de la lucha de clases en la Argentina. Es por eso, que el Gobierno empresarial de Macri intenta, no solo avasallar los derechos de los trabajadores, sino eliminar también la herramienta a través de la cual fueron conquistados: la organización obrera, los sindicatos.

Podemos decir -sin extendernos en este tema que necesitaría un análisis más profundo y no es la intensión de estas líneas- que existe una porción importante de dirigentes sindicales que lejos están de ser representativos de los trabajadores o lejos están de ser trabajadores, son empresarios a cargo de sindicatos. No por esto, el sindicalismo es sinónimo de lo anteriormente dicho. El movimiento obrero organizado en la Argentina tiene una rica y sabia experiencia de lucha y combatividad, de grandes logros en materia de derechos, de gestas históricas que han transformado la vida de miles de trabajadores pero también de la sociedad. Porque en definitiva las luchas que encarna nuestra clase no le son propias sino que se extienden al conjunto social.

Despejando esta cuestión, para ahuyentar a algún malintencionado, intentemos pensarnos como trabajadores y a nuestras organizaciones. ¿Por qué el Gobierno de Macri ataca a las organizaciones sindicales? Porque entiende claramente, que más allá que haya podido cooptar a algunos dirigentes como el triunvirato cegetista, lejos está de poder detener la disconformidad que empieza a acumularse entre los trabajadores. Eliminación y techo a las Paritarias, despidos masivos en el sector privado y estatal, represión, sanción de leyes que como la reforma previsional lesionan derechos a los trabajadores jubilados, una reforma laboral que pretende retrotraer las condiciones laborales a principios del Siglo XX, la actitud de un Ministerio de Trabajo a favor de las patronales, son algunas muestras de lo que pretende el gobierno nacional dispuesto a aplicar las políticas neoliberales a rajatabla. Estas son parte de las consecuencias de estas políticas que caen sobre las espaldas de los trabajadores. Ni hablar de la pérdida de poder adquisitivo de los salarios por la incesante inflación. Cómo defendería un trabajador su salario, cómo defendería su fuente de trabajo, cómo garantizaría la permanencia de derechos sino fuera por la existencia de esa fuerza colectiva organizada que son los sindicatos.

 

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Las organizaciones sindicales son la herramienta que creamos los trabajadores para defendernos, para garantizar una existencia digna a nuestras familias y desde esa fortaleza hoy somos un duro escollo para el plan neoliberal de Macri. Por eso la demonización, el desprestigio y la incitación a la desconfianza hacia las organizaciones sindicales. Somos el hueso más difícil de roer, y por eso mismo somos una pata fundamental para frenar el ajuste. No se trata hoy, si me gusta o no tal o cual dirigente, si acuerdo en todo o más o menos, se trata de que no nos lleven puesto los derechos, las conquistas y nuestras organizaciones. Esto para nada anula la discusión sobre qué sindicalismo queremos, al contrario, le da profundidad al debate, nos obliga a democratizar nuestras organizaciones, nos interpela. El conjunto de los trabajadores debemos participar en las mismas, fortalecerlas, afiliarnos, formarnos, animarnos a ser delegados, etc… ahí reside la garantía de mejorar la herramienta que hemos creado. Pero para eso debemos defender la herramienta, ya que ellos saben que sin sindicatos, es la mejor manera de dejarnos a la deriva, sin rumbo y vulnerables.

Así, 2018, se transforma en un año clave. Cómo se defina esta tensión marcará el rumbo del país. Las cartas se jugarán en la calle y será la capacidad de movilización, organización y conciencia la que pueda permitir a los trabajadores conservar derechos vitales. Será la capacidad y la conciencia de las grandes masas de trabajadores y dirigentes la que construya la unidad necesaria que precisa este momento histórico.

Aquí en la provincia y particularmente en Gualeguaychú venimos estrechando lazos en el Movimiento de Trabajadores de Entre Ríos, que nos permite  a las dos Centrales sindicales (CTA y CGT) aunar esfuerzos para tender puentes con otros sectores sociales que también son perjudicados por la implementación de las políticas de Cambiemos. Expresión de esa unidad que necesitamos construir fue la marcha que junto a cooperativistas y jubilados pudimos concretar. Será nuestra responsabilidad consolidar ese espacio, ya que resulta clave para el escenario de conflictividad que tendrá el 2018.

La contradicción principal estará dada entre la profundización de las políticas neoliberales del macrismo y la resistencia de la clase trabajadora organizada. En ese escenario es que necesitamos defender nuestras organizaciones, construir unidad entre los trabajadores y fortalecer lazos con el conjunto de la sociedad. Y será clave el fortalecimiento de nuestra conciencia de trabajador, que nos permita tener claro quiénes somos y por qué luchamos.

Unidad, organización y lucha en clave 2018!!!

*Secretario Adjunto de la CTA Entre Ríos.

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