Actualidad del vino entrerriano, la bebida que intentaron matar pero que no pudieron

Viñedo El Potrero

Pasó de ser la cuarta provincia con más hectáreas a pasar más de medio siglo sin siquiera una uva plantada. Actualmente poco a poco busca surgir de sus cenizas. Las razones por las cuales apuestan más a la “bodega boutique” que a la gran producción masiva.

 

Amílcar Nani

 

Mañana en la ciudad comenzará la segunda edición de la Fiesta del Pescado y el Vino Entrerriano, una iniciativa que nació en Gualeguaychú para, acorde con las políticas provinciales, promover la industria vitivinícola.

Pero… ¿cuál es la actualidad de los vinos producidos en Entre Ríos? Pero para conocer y dimensionar la realidad de la producción entrerriana, primero hay que hacer un poco de historia, porque es imposible entender este presente sin conocer el pasado.

Como casi todo lo nacido en Entre Ríos durante el siglo XIX, fue Justo José de Urquiza el principal impulsor de la elaboración del vino entrerriano.  En el Palacio de San José plantó el primer viñedo y con el tiempo logró tener más de 20 cepas diferentes.

Ese primer impulso terminó transformando a la provincia y para los primeros años del siglo XX Entre Ríos ocupaba el cuarto lugar en el Censo Nacional de Viñas con una extensión de 4900 hectáreas de viñedos y 30 bodegas.

Sin embargo, todo ese crecimiento tuvo un repentino final: en 1934, durante la Década Infame, el presidente Agustín P. Justo ordenó por decreto extirpar todos los viñedos salvo los de Mendoza y San Juan, con el único fin de promover y fomentar a la región de Cuyo como la única productora de vinos en el país. Un año más tarde, los viñedos de Entre Ríos pasaron de ocupar casi 5 mil hectáreas a ninguna.

Y así se mantuvo durante 58 años más, hasta 1993, cuando una nueva regulación vitivinícola liberó a los viñedos en todo el país, inclusive en Entre Ríos. “Cuando se retomó la actividad hace casi 25 años atrás, estaba todo destruido. La infraestructura, los viñedos, las bodegas. Todo. Fue empezar nuevamente de cero”, rememoró el licenciado en Bromatología Gustavo Isaack, especialista en todo lo que respecta a vitivinicultura provincial.

Fue entonces cuando el colonense Jesús Vulliez volvió a poner en marcha la bodega que más de medio siglo atrás hacía funcionar su abuelo. La parte edilicia nunca se llegó a destruir y actualmente funciona y sigue en pie la cava original subterránea.

Viñedo El Potrero

La bodega Vulliez Sermet fue la pionera de esta segunda etapa de vino entrerriano, que luego del auge y muerte vividos durante el último siglo y medio actualmente la provincia cuenta con 100 hectáreas dedicada a esa producción; un número muchísimo más bajo que las históricas 5000, pero considerablemente más alto que el cero absoluto que reinó durante 58 años.

Desde 1993 a la fecha, surgieron viñedos en ocho departamentos: Gualeguaychú, Concepción del Uruguay, Concordia, Federación, Nogoyá, Paraná, Victoria y Colón, siendo estos dos últimos los principales productores en la provincia.

En 2010, pequeños productores e interesados en la materia se reunieron con el por entonces gobernador Sergio Urribarri y se formó la Asociación de Vitivinicultores de Entre Ríos (AVER). El encuentro sirvió para delinear un plan estratégico: la idea es que, para 2020 haya en la provincia 500 hectáreas dedicada a la producción de vinos.

“Por lo que veo no se va a llegar a ese número. El auge de la soga, la rentabilidad inmediata de la ganadería y un par de factores más atentan inclusive hoy en día para que los productores rurales apuesten por la vitivinicultura entrerriana”, lamenta Isaack, quién además fue uno de los miembros fundadores de AVER.

 

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El principal obstáculo que un productor encuentra a la hora de apostar por la vid es que recién a los 3 o 4 años comenzará a ver algo de ganancias porque en una primera etapa implica pura inversión. Por esta razón, no existe ni existirá jamás el arrendamiento de tierras para viñedos porque la producción es permanente y prolongada en el tiempo (hay viñedos que tienen más de cien años en algunas partes del mundo).

Con este panorama, se hace difícil pensar en una producción masiva que compita a nivel nacional y que lleve el sello de Entre Ríos. Pero la producción masiva y expansiva no es la única manera de hacer rentable al vino entrerriano.

“Creo que la apuesta más segura que pueden hacer los productores entrerrianos es el turismo enológico, o sea mezclar la producción y elaboración con el esparcimiento de los visitantes. Por eso acá es ideal explotar el concepto de ‘Bodega boutique’, que son las que trabajan en un número reducido de hectáreas y generan una menor cantidad de vino, pero con gran dedicación y esmero”, aconseja Isaack.

BordeRío Bodega & Viñedos, en Victoria, y Vulliez Sermet, en Colón, son los referentes de esta industria que resurgió luego de haberla dada por muerta durante más de 50 años. Pero no son los únicos: acá en Gualeguaychú los viñedos Altos del Potrero hace tiempo que producen sus vinos en su chacra.

Quizás algún día, ellos tres y los restantes establecimientos entrerrianos puedan conformar “la ruta del vino entrerriano” que atraiga a los sibaritas vitivinícolas de todo el mundo. Mientras tanto, la Fiesta del Pescado y el Vino Entrerriano que comienza mañana en la ciudad será una buena excusa para probar algunos de los exponentes provinciales.

 

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