El agua, un elemento identitario a nivel local 

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Pocas ciudades como Gualeguaychú tienen tan presente el líquido elemento, en la naturaleza y la cultura. El agua, cuyo día internacional se celebra hoy, es aquí fuente de dicha pero también de luchas ambientales.

Gualeguaychú, por lo pronto, es un nombre inspirado en el río, ese afluente del Uruguay a cuya vera se nucleó el primer poblamiento blanco, siguiendo la vieja premisa de que el área privilegiada para el asentamiento humano es aquella que está cerca de una fuente de agua.

Gualeguaychú es un nombre de raíz guaraní (Yaguarí Guazú) cuya traducción todavía se discute. Su significado es “aguas tranquilas”, aunque según otras versiones quiere decir “río del jaguar grande”.

Como otras etnias aborígenes, los guaraníes vivieron en la región sur de la provincia antes de la llegada de los españoles. Al igual que los otros pueblos originarios de esta zona, chanáes y charrúas, eran diestros navegantes fluviales.

Todos estos aborígenes, en realidad, participaban de una concepción sacral o espiritual de la naturaleza, y por eso el agua para ellos no sólo era un recurso vital para la subsistencia.

Los nativos eran transparentes para el paisaje, viviendo como elementos naturales de la ecosfera. No establecían por tanto con el mundo natural una división tajante, sino todo lo contrario.

La representación que pudiera tener un aborigen americano de su ambiente biofísico no puede ser igual, entonces, a la de un habitante urbano, en esta latitud y en el siglo XXI.

Como sea, la naturaleza sigue dominada por ríos y arroyos. Ha sido así siempre. Al igual que sus antepasados, el gualeguaychuense actual disfruta (y en ocasiones sufre por las inundaciones) una geografía doblemente ribereña -ríos Gualeguaychú y Uruguay-.

La omnipresencia del agua se ve reflejada en la cultura local, en las creaciones intelectuales de distintas personalidades del arte y la ciencia, aunque en cada uno de ellos la simbolización fue diversa.

El significado del agua en la poética de Olegario Víctor Andrade se observa en “La Vuelta al Hogar”, cuyos nostálgicos versos se recitan con unción entre nosotros:

“Todo está como era entonces / La casa, la calle, el río….”. Y agrega luego: “Bajo aquel sauce que moja / Su cabellera en el río, / Largas horas he pasado / A solas con mis delirios”.

El padre Luis Jeannot Sueyro, en tanto, concebía la naturaleza como un sacramento. Oriundo de los pagos del arroyo Gualeyán, le cantó teológicamente en coplas que rezan:

“Que otro busque en sus corrientes / tarariras o mojarras… / Yo vengo a pescar el Cielo / que se refleja en sus aguas. / Yo vengo a buscar a Dios. / Yo vengo a lavarme el alma”.

Por otro lado, se sabe que fue la observación constante del río Gualeguaychú la que inspiró al naturalista Juan José Nágera para desarrollar su célebre  “Doctrina del Mar Libre” sobre la soberanía de las 200 millas marinas.

Más acá en el tiempo  la instalación de fábricas de pasta de celulosa a orillas del río Uruguay, motivó en la comunidad local una reacción en defensa de la salud de la cuenca, marcando un hito en la lucha ambiental en el país.

Todos estos elementos permiten inferir que aquí el agua es fuente identitaria en más de un sentido, a pesar de los cambios históricos y de la renovación de las poblaciones de la zona.

El agua para los gualeguaychuenses, en suma, es un eje paradigmático que atraviesa su

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