Al mismo tiempo y en todas partes

¿Quién puede estar en todas partes al mismo tiempo? La teología sostiene que sólo Dios tiene esa extraordinaria capacidad, aunque los tecnólogos resaltan que Internet le ha dado ese poder a los humanos.

Ubicuidad, ése es el término con el que se designa la propiedad, atribuida a alguno seres espirituales o divinos, de poder estar en varios lugares (o en todos) al mismo tiempo.

La ubicuidad de Dios, según los teólogos, está asociada a su omnipotencia. “Omnis” viene del latín “todo”. Es decir, Dios es omnipotente porque su poder es ilimitado, puede estar en todas partes, ya que no está sujeto a las coordenadas de tiempo y espacio de los otros seres.

La ubicuidad divina también se asocia a la omnisciencia de Dios, quien conoce toda la realidad, incluso aquella que no ha sucedido. “Tú, Señor, que conoces todos los corazones”, se lee en la Biblia.

Fue el filósofo francés Michel Foucault quien, allá por los años ‘60 y ‘70, atribuyó al poder, esta vez como experiencia humana, la capacidad de estar en todas partes y a la vez.

Foucault desterró la concepción tradicional del poder como algo único, superestructural, ubicado en la cima de la pirámide social, desde donde se ejercería dominio hacia abajo.

Para el francés, la cuestión no pasaba por el enfrentamiento entre dominantes y dominados, sino por las relaciones de fuerza múltiples. En su concepción, el poder es ubicuo, lábil y está presente en cada intersticio del entramado social.

El Estado y los grupos más poderosos lo detentan, evidentemente, pero también se ejerce, de manera capilar, en instituciones, espacios productivos, organizaciones políticas, vínculos familiares, lazos íntimos.

Asimismo, Foucault opina que “donde hay poder hay resistencia”. Es decir, las relaciones de poder se entraman con resistencias también capilares, en una dinámica difícil de sistematizar.

Según los tecnólogos, los nuevos dispositivos digitales tienen el atractivo de lo ubicuo. Se trata de un poder que se les ha transferido a los usuarios de Internet, quienes efectivamente tienen facilidad de acceso a múltiples contenidos y pueden actuar sobre ellos desde cualquier lugar del mundo y en todo momento.

La ubicuidad de la tecnología impacta por ejemplo en la actividad comercial.  En el pasado cualquier negocio, sin importar el rubro, se mantenía atado al lugar donde funcionaba.

Pero la revolución tecnológica permite que ese mismo negocio tenga el “don de la ubicuidad”, ya que es posible acceder a su página web y comprar un producto desde cualquier parte del mundo mediante dispositivos diferentes que tengan conexión a Internet.

La convergencia de nuevas tecnologías, la proliferación de servicios basados en la conectividad permanente, el auge del video, las redes sociales, hacen de la ubicuidad una condición innata para la generación actual.

Se trata de una nueva experiencia de poder. En efecto, cabría postular que los usuarios de la Red sienten y creen que se puede estar al mismo tiempo y en diferentes lugares.

Leer, ser leídos, conversar, interactuar con otros sin importar dónde estemos es cosa cotidiana. Algunos autores, de hecho, hablan que en el siglo XXI, como seres digitales, todos somos “hombres ubicuos”, aunque muchos lo ignoren.

En el mundo contemporáneo, la sensación de que la información está cerca de nosotros y el poder estar en contacto en cualquier momento con cualquier persona, no importa el lugar, nos hace sentir poderosos, es decir ubicuos.

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