Ale Gallay: tres años haciendo de la solidaridad un modo de vida

ale gallay

Se cumplió un nuevo aniversario de su llegada al Hogar de Cristo Nazareth. Su historia de vida es un ejemplo en todos lados. Es también uno de los dos representantes culturales de la ciudad, y poco más de 1000 días cambió su vida y la de muchos más. 

Amílcar Nani

Para algunos, tres años no es nada o en el mejor de los casos una ínfima porción de tiempo. Seguramente, los que piensan eso, tampoco han hecho mucho durante todo ese tiempo. Pero no es el caso de Ale Gallay.

En 2015, antes de su llegada al Hogar de Cristo Nazareth, vivía con ataques de pánico, aislado de la sociedad, sin querer ningún contacto con la gente y luchando visceralmente contra las drogas. Y fue el 5 de febrero de ese año el día que su vida –y la de muchísimos más– cambió para siempre cuando por recomendación de la psicóloga que lo atendía se acercó al centro barrial creado para el acompañamiento de personas con problemas de adicciones.

Gallay junto a su hija y junto al padre Pepe, uno de sus referentes en su vocación solidaria.

Gallay junto a su hija y junto al padre Pepe, uno de sus referentes en su vocación solidaria.

“Yo había trabajado en un comedor como ayudante de cocina, así que ese 5 de febrero llegué y me puse a cocinar en la vereda de una casa en el barrio Zuppichini. Fue un guiso lo primero que hice, y los chicos que asistían en ese momento al hogar me ayudaron a picar todos los ingredientes. Eso fue lo que me decidió a ir todos los días a ayudar a Tita, la cocinera de la guardería que le da de comer a los chicos”, rememora con picardía en la voz para ElDía.

 

Nota relacionada: Leo Bentancur y Ale Gallay, las caras de un nuevo paradigma de representatividad

 

Aunque su problema con las drogas fue el motivo por el cual se acercó, lo cierto es que la empatía que comenzó a sentir con los chicos de las zonas más carenciadas de la ciudad fue lo que lo hizo seguir. Ale no viene de cuna de oro, no ayuda por una vocación filantrópica: ayuda porque él se crió en medio de una pobreza igual, y el haber superado todos los obstáculos sin dudas que es de primordial importancia para que otros tomen su ejemplo y también logren salir del agujero.

Nació en el barrio 348, y cuando sus padres se separaron se fue a vivir con su papá y seis hermanos más al barrio Villa María. Osvaldo, su papá, todos los días se iba a las cinco de la mañana a trabajar y volvía no antes de las 10 de la noche. Sin embargo, siempre se preocupó porque sus hijos fueran disciplinados y colaboren todos en la casa. Sin embargo, y a pesar de la pobreza vivida, sabe que fue su padre el que precisamente lo hizo tener una vital diferencia con respecto a muchos de los chicos que ve ahora.

 

Nota relacionada: Leo Bentancur y Ale Gallay, los representantes culturales 2017

 

“Cuando salimos a repartir la comida por los barrios, muchas veces me veo reflejado en algún nene, pero también veía que había muchos pibes que no tenían y no iban a tener jamás las mismas oportunidades que tuve yo. Nenes descalzos en pleno invierno, chiquitos que si no los despertaban no iban a ir jamás a la escuela, pibes que ni saben llegar al hospital cuando les duele algo. Me di cuenta que tenía que hacer algo para cambiar esa realidad”, destaca.

Tres años pasaron desde esa epifanía, y Gallay no se quedó cruzado de brazos esperando la ayuda: desde ese día, en el Hogar de Cristo Nazareth, impulsó la creación de una huerta que comenzó siendo dos surcos en el piso, paso a ser un taller para más de 20 chicos tres veces por semana y que hoy es un invernadero gigante manejado por una cooperativa de trabajo. Pero no ser quedó conforme con la huerta: también impulsó talleres de herrería o carpintería, donde hizo de los muebles de palets una marca registrada.

Y en lo personal, tampoco se quedó quieto: se recibió de Operador en Adicciones, es Acompañante Terapéutico, Promotor de Salud, Asistente de Discapacidades e hizo el Protocolo en Emergencia en Adicciones. Todo eso en poco más de 1000 días. Próximamente comenzará a trabajar junto a la Secretaría de Desarrollo Social y Salud Municipal y la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (SEDRONAR) para realizar una campaña de prevención contra las drogas.

Sin embargo, una nota periodística criticó que la Municipalidad lo haya contratado sin siquiera preguntarles qué iban a hacer: “Formo parte de un movimiento nacional llamado ‘Ni un pibe menos por la droga’, y siempre hemos pedido que el Estado se involucre en esta problemática, que se haga cargo. ¿Y ahora que lo hace está mal?”, explica a ElDía, con algo de enojo mezclado con impotencia.

ale gallay tapa

“Tampoco es que voy a ganar un millón de pesos: es un subsidio. Muchos dicen que voy a ganar 50 mil pesos y yo me recaliento porque no es cierto. Nunca me había importado lo que pensaba la gente, pero ahora quiero mostrar todos los títulos que me avalan para estar ahí, ayudando desde ese lugar”, aclara mascullando bronca, como teniendo que estar obligado a explicar y aclarar todo lo que hizo desde 2015 a la fecha.

Porque hace tres años, Ale Gallay vivía encerrado en una chacra con ataques de pánico, luchando contra una adicción. Pero 1095 días más tarde hizo de todo para cambiar: estudió, se recibió de todo lo que se cruzó por delante, se casó con Evangelina –la mujer que siempre lo acompañó– y y fue papá de Felicitas. Entre el 5 de febrero de 2015 y el 5 de febrero de 2018, hizo todo eso, pero además ayudó a miles de chicos a superar los mismos fantasmas que él venció y que de esta manera puedan salir adelante en la vida. Tres años puede ser poco tiempo, pero sólo para los que no hicieron mucho en todo ese tiempo.

Comentarios

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.