Un árbol, una casa, la Patria

Lozano

Un árbol fuerte y frondoso, capaz de dar cobijo y frutos, nos muestra una parte de su realidad, mientras que la otra permanece oculta. A veces podemos observar la dimensión de sus raíces cuando por algún motivo debe ser trasplantado. Claro que esto depende también de la especie arbórea, del clima, del suelo… Pero quiero quedarme con esa idea expresada de modo tan bello por el poeta: “Porque después de todo he comprendido / por lo que el árbol tiene de florido / vive de lo que tiene sepultado”. (Francisco Luis Bernárdez)

Monseñor Jorge Eduardo Lozano*

 

Esta alegoría la podemos tomar para mirar a nuestra Patria. Celebrar esta fecha histórica es evocar el acontecimiento del 9 de julio de 1816, que a su vez estuvo rodeado de un sinnúmero de circunstancias, personas, discusiones, acuerdos, tensiones. El  Congreso de Tucumán duró varios meses. La Revolución de Mayo de 1810 había sido un paso significativo, y ahora “en orden a confirmar sus consignas liberacionistas, se disponía a proclamar la independencia y asegurar la libertad, paso necesario para dejar de ser considerados una colonia insurgente. Y llegar a ser una Nación independiente y libre de España  ‘y de toda otra denominación extranjera’ solidarizándose con los ideales de otros estados que surgían con la misma vocación. José de San Martín, Manuel Belgrano, Martín Miguel de Güemes y tantos otros padres de la Patria animaron incondicionalmente a los congresales y cifraron su esperanza en aquel Congreso soberano”. (Bicentenario de la Independencia, Conferencia Episcopal Argentina, Mayo de 2016, 14)

“Los movía el ideal de la noble casa americana y los alentaba la audaz exhortación de Belgrano y  San Martín, que avivaban con entusiasmo patriótico la pronta declaración de la Independencia, en momentos en que muy pocos le daban respaldo.” (Bicentenario de la Independencia, Conferencia Episcopal Argentina, Mayo de 2016, 14)

El acta de la Independencia fue firmada por 29 diputados, de los cuales 18 eran laicos y 11 sacerdotes (del clero diocesano y religioso) entre los cuales se encontraba el diputado por San Juan, Fray Justo Santa María de Oro.

Nuestras raíces cristianas nos impulsan a ser solidarios y fraternos.

Y otra imagen que quiero destacar es que el Congreso de Tucumán desarrolló sus sesiones en una casa de familia que se adoptó para las reuniones de los congresales. Podemos ver en esto un símbolo de nuestra vocación de ser una misma familia. Esta manera de entender los vínculos sociales como lazos familiares nos abre a la cultura del encuentro y a fomentar la amistad social. Hace pocas semanas, en la Colecta de Cáritas tomamos como lema una frase del Papa Francisco: “Si ves en el otro a tu hermano, nadie puede quedar excluido”. ¡Cómo nos cuesta!

Cuidar la casa es valorar a la familia que allí vive. Cómo me duele cuando escucho a quien expresa su dolor y amargura diciendo “esta casa es un infierno”, o “aquí no se puede vivir”. Esto mismo nos puede suceder en la sociedad en la cual vivimos. Nuestra Patria está llamada a ser pueblo, a ser familia en la cual cuidemos de todos sus miembros, especialmente a los más desfavorecidos, los que más necesitan.

Miremos a los adictos al juego, al alcohol, a las drogas. A los niños, niñas y adolescentes que crecen en soledad o son abusados. Es importante para acceder a los derechos elementales cuidar las fuentes de trabajo.

Estamos llamados a proteger el ambiente, reconociendo que es la casa para las generaciones futuras y que somos responsables de su situación.

Antes de concluir, una palabra acerca de la Política. Es normal que haya intereses sectoriales legítimos aunque diversos. Cuidemos en este tiempo marcado por las próximas elecciones legislativas que las campañas políticas sean propositivas de proyectos a trabajar. Que las fricciones políticas no dañen el tejido social y provoquen más dolor y desconcierto en la gente.

Ser pueblo es más. No como una descripción sociológica sino con una perspectiva mítica, espiritual, que se hace conciencia, sentimiento y compromiso. Comprendernos como pueblo nos inspira para interesarnos, participar, elegir pensando en lo mejor para nuestra Patria.

 

* Arzobispo de San Juan y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

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