Argentinos venció 2 a 0 a Boca en La Paternal y detuvo su marcha arrolladora

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El “Bicho” ganó 2-0 con un gol de Alexis Mac Allister, hio del Colorado que fuera campeón del Apertura 1992y un golazo de Batallini tras una exquisita triangulación en el área.

Puntero interminable, casi desprovisto de sobresaltos, líder sin adversarios que descubrir en el espejo retrovisor, Boca parece ser el campeón todavía sin fecha de certificado. Ganador del anterior campeonato y previsible vencedor de la Superliga, juega con la cabeza en la Copa Libertadores y en la final contra River, mientras espía en el calendario cuándo acaba la faena doméstica. Sus principales escollos, en realidad, son sus propios desvíos emocionales, porque de lo otro, los que lo corren de atrás, parecen actores de reparto. Sin embargo, anoche Argentinos le descubrió qué hay más allá de su capa de superhéroe local. Lo que mostró, con varios habituales suplentes, fue una formación frágil, previsible, una del montón. Una imagen impropia para un equipo que lleva 450 días en la cúspide.

Argentinos le ofreció una orquesta de fútbol y toques. Actuó como en final mundial, aguerrido, entusiasta y habilidoso, frente al líder apichonado, un equipo que jugó tan mal como suele hacerlo River, el adversario de siempre, el gigante dormido, el que está a 23 puntos de la cima. El conjunto xeneize le lleva, ahora, 8 unidades a Talleres y 11 a San Lorenzo e Independiente (ambos, con un encuentro menos). A Boca le queda un desafío complejo: sostenerse con el colmillo afilado, no bajar la guardia. En la Paternal, demostró que no solo no es imbatible: puede tener noches con desvaríos, sin claridad conceptual, al límite de ser un equipo de mitad de tabla. En la Paternal, con una formación con algunas reservas, exhibió la otra parte de su actualidad: previsible, lento, sin chispa. Como si fuera, literalmente, otro equipo.

La derrota por 2 a 0 ante Argentinos, un equipo audaz que exhibió su versión más desatada, descubre esa otra realidad: los suplentes, en general, no tienen la misma calidad, ni similar intensidad, que los habituales titulares. Más de uno por puesto: Más, Vergini, Sebastián Pérez y Wanchope Abila, al menos por estos días, no tienen el nivel de un puntero con quilates. Más allá de gustos y estilos, por algo Guillermo Barros Schelotto los mira de reojo.

Las dos caras del líder

Se parece Boca a un elenco teatral. Está diseñado para la comedia y el drama: puede ser un arrollador canto a la audacia, con un 4 a 2 sobre San Martín de San Juan, puede adaptarse a un libreto de oficina, como el 0 a 0 ante Alianza Lima y puede, también, caer en la trampa de la soberbia: sin Tevez, Barrios, Jara, Fabra, entre otros, no es el mismo. La impronta natural por la agresividad, el sello que imprime Guillermo Barros Schelotto, quedó vacío, desnudo, una extraña noche de lunes. Parecía que su estantería no ofrecía huecos en la estructura global: a cualquier equipo, las salidas de Fernando Gago, Darío Benedetto y Pablo Pérez (volvió anoche), entre tantos otros, les habría provocado un cataclismo táctico y anímico. Al líder arrollador le había generado apenas ciertos desbarajustes. Contra el conjunto de la Paternal, fue otra historia. No solo extrañó a los grandes nombres: expuso liviandad para marcar, mareo en la conducción y el área rival solo fue un espejismo.

Los hinchas de Argentinos, que ofreció su mejor función en el torneo, se “acordaron” de Carlos Tevez. El Mellizo lo “protegió”: más allá de su dolencia en el hombro, el escenario fue una caldera contra el Apache. Banderas y cánticos gobernados por el recuerdo de septiembre de 2015, cuando el delantero le propinó una violenta infracción a Ezequiel Ham, que le produjo una fractura expuesta, ignorada por el árbitro Luis Álvarez.

La misma ignorancia tuvo Boca por el juego. Sin carisma, acorralado, fue un líder encerrado. (fuente: La Nación)

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