Bernardo Houssay, fuente de inspiración

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Hoy se celebra el Día de la Ciencia y de la Técnica, en conmemoración del nacimiento del doctor Bernardo Houssay (10 de abril de 1887), el primer científico argentino y latinoamericano distinguido con el Premio Nobel.

Descendiente de franceses, Bernardo Alberto Houssay Laffont se recibió de bachiller del Colegio Nacional de Buenos Aires a los 13 años (promoción 1900), se graduó de farmacéutico a los 17 años, y de médico a los 23 años.

La Academia Nacional de Ciencias de Suecia lo galardonó con el Nobel de Fisiología y Medicina en 1947, por su descubrimiento sobre el papel desempeñado por las hormonas pituitarias en la regulación de la cantidad de azúcar en sangre (glucosa).

Gracias a su trabajo, la fisiología fue la disciplina médica que mayor vigor y desarrollo tuvo en Argentina. Houssay fue autor de más de 500 documentos científicos y varios libros, traducidos a múltiples idiomas.

Además de su trabajo pionero en fisiología, su intensa actividad docente dejó decenas de discípulos de importancia mundial entre los cuales se destaca Luis Federico Leloir, Premio Nobel de Química en 1970.

Houssay creó la Asociación Argentina para el Progreso de la Ciencia fue uno de los impulsores de la creación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), que presidió hasta su muerte, ocurrida el 21 de septiembre de 1971.

En el libro “Historia de la Medicina Argentina”, el doctor Federico Pérgola sitúa al célebre médico como fuente de inspiración de otros argentinos amantes de la ciencia, a quienes alentó en aras de la investigación.

Allí cuenta que Houssay fue, en principio autodidacta; se formó solo o prácticamente solo, no disfrutó de becas ni pasantías en los grandes centros mundiales de fisiología. Sin embargo, alcanzó celebridad siendo muy joven y mucho antes de obtener el premio Nobel.

Fue respetado internacionalmente como fisiólogo, cuenta Pérgola, merced a dos circunstancia principales: una, la profunda originalidad de su obra; y otra, el impacto de sus publicaciones en el mundo científico.

Houssay consideraba  que un país que no desarrollara el pensamiento y la ciencia estaba condenado al atraso. “Falta de ciencia es sinónimo de barbarie o de atraso. La verdadera supremacía de un pueblo se basa en la labor silenciosa y obstinada de sus pensadores, hombres de ciencia y artistas; esta obra reporta fortuna y gloria al país, bienestar a toda la humanidad”, dijo en un discurso de 1934.

“No es de extrañar –apuntó- que nuestra cultura científica sea aún deficiente, ya que un país alcanza primero a tener una literatura, luego comienza a aparecer la especulación filosófica y se desarrollan las artes, pero es sólo al fin, por una gestación lenta y muy laboriosa, que llegan a cultivarse las ciencias”.

Según el científico argentino, “el dilema para nuestro país es querer ser o no querer ser una gran potencia en la obra de la civilización humana. Si queremos ser bien civilizados y serlo cada vez más, debemos cultivar las ciencias mucho más que hasta hoy”.

Por otro lado, Houssay opinaba que para tener investigadores “hay que darles instrucción, ejemplos, posibilidades de trabajo (bibliotecas, aparatos, recursos) y tranquilidad. Esto se consigue salvándolos de penurias económicas, asegurando su carrera, rodeándolos de un ambiente de respeto, de justicia y de amplia libertad intelectual”.

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