“El Brujo” y la madre que permitió las violaciones de sus hijas irán a la cárcel

abuso sexual

Fue un caso en donde el abusador recibió menos pena que la madre que las entregó. Las víctimas eran de Villa Paranacito y tenían 9 y 12 años. Los defensores fueron a Casación y ahora se conoció la sentencia: se confirmó el fallo de Gualeguaychú.

Carlos Riera

Fue uno de los casos más aberrantes que se han conocido en los últimos tiempos, pero que no tuvo la repercusión que tuvieron otros hechos similares, en donde las víctimas son menores de edad, debido a que ocurrió en Villa Paranacito, en el sur de Entre Ríos.

En esta triste historia, una mujer le daba sus hijas a un curandero de la zona para que las violara mientras ella las sostenía, para exorcizarlas del supuesto mal que llevaban dentro.

El primer capítulo judicial se cerró a principios de mayo del año pasado, cuando el juez Arturo Dumón leyó la resolución a la que había llegado el Tribunal de Juicios de Gualeguaychú con respecto al destino de Juan Carlos Flores y de la madre de las niñas (que no se dará a conocer su identidad para preservar a las víctimas). La sentencia fue ejemplificadora, de 19 y 20 años respectivamente para ambos imputados.

Los jueces fueron benévolos con ellos en el tiempo que restó hasta que la sentencia adquiriera firmeza. Flores y la mujer esperaron en libertad todo este tiempo hasta que la Cámara de Casación se expidió a fines de agosto, rechazando la presentación de los defensores Pablo Ledesma y Raúl Jurado, y confirmando la sentencia de primera instancia. Ahora, deberán cumplir con la condena.

 

Las terribles violaciones

Los abusos se iniciaban en su gran mayoría por iniciativa de la madre, que las desvestía y las sujetaba; y mientras “El Brujo” abusaba de una, se encargaba de llevar a la otra hacia afuera de la precaria vivienda para que no escuchara. Todo esto lo hacía en una especie de “ofrenda” a Flores.

Hubo un dato que fue revelador, y que lo brindó la Directora del Área de Niñez de Villa Paranacito, que tenía contacto permanente con la madre de las menores para brindarle asistencia, dadas las extremas necesidades que padecía. Ella había manifestado que la condenada tenía una importante obsesión con las hijas, no las dejaba salir de viaje, no quería que salieran, no las dejaba participar en eventos escolares. Pero en una oportunidad, cuando ingresó a la vivienda ubicada sobre la Ruta 12, observó que había pastillas anticonceptivas, y al preguntarle a la mujer si tenía pareja, ella le respondió que las tenía para proteger a sus hijas, porque tenía terror que quedaran embarazadas.

 

 

La mayor de las niñas, que actualmente tiene 16 años, fue abusada desde los 8 hasta los 13 años, en reiteradas oportunidades, con una periodicidad semanal. La menor contaba con 9 años al momento de la primera violación, y fue atacada unas cuatro veces a lo largo de un año.

La modalidad se repetía constantemente. La madre las llevaba hasta el domicilio de Flores, para que fueran “curadas” por el hombre, les quitaba la ropa y permanecía presente mientras se consumaba el acto. En ocasiones las sostenía de las piernas mientras ello ocurría; incluso llegando a amenazarlas en el caso que no accedieran de buena gana a los actos sexuales que consumaba Flores.

 

Las pruebas contundentes

Tanto para los jueces de Gualeguaychú como para los sentenciantes de Casación, los relatos de las víctimas en Cámara Gesell fueron las claves para arribar a la condena de los dos imputados. La veracidad en las palabras fue muy difícil de desestimar por parte de los defensores, que se empeñaron en tratar de derribar esta prueba aludiendo que se realizó “sin precisión técnica y dirigida con preguntas tendenciosas, inducidas”.

Más allá de ello, los relatos de las niñas fueron espontáneos, coherentes, lúcidos, conservados; con un lenguaje acorde. A su vez, el informe médico que se presentó como prueba también fue contundente: ambas menores presentaban signos de defloración crónica y la presencia de un germen de transmisión sexual, el ureaplasma urealyticum.

La representante del Ministerio Público Fiscal ante la Cámara de Casación, Matilde Federik, manifestó que “los relatos son realmente espeluznantes, pocas veces se han visto dichos así, respecto de la participación activa y presencia de la madre biológica de las víctimas en cada uno de los hechos de abuso”.

Señaló que las violaciones “describen la participación activa de la madre, que les prometía que era la última vez, que les daba premios, que les daba dinero”, y argumentó que el relato de la mayor fue más detallado, “respecto de la promesa, respecto del calzoncillo rojo que le ven al imputado, de la hernia que tenía Flores y que fue constatada, todo eso también es una prueba objetiva”. Incluso mencionó que la reciprocidad de los testimonios se observa en que cada una fue testigo auditiva de los abusos de la otra.

 

 

 

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