El cambio climático, ¿un cuento chino?

Recalentamiento global“El concepto de calentamiento global fue inventado por los chinos para lograr que la industria norteamericana dejara de ser competitiva”. Esa es la opinión sobre el cambio climático del electo presidente estadounidense, Donald Trump.

Las sensibles cuestiones del medio ambiente, tan en boga el último tiempo, han sido reinterpretadas en clave populista por el magnate norteamericano, devenido hoy en principal líder mundial.

Durante toda la campaña electoral Trump apeló a la teoría conspirativa, propia de los nacionalismos populistas, para negar el fenómeno del cambio climático.

La tesis de fondo es que esta teoría (no evidencia científica) es un invento de un grupo de intereses que, tras bambalinas, lo único que pretenden es debilitar el poderío económico de Estados Unidos, a través de restricciones de todo tipo con el argumento de la “contaminación”.

Trump, en su paranoia nacionalista, sugiere que todos los males norteamericanos están vinculados a agentes externos que se han coaligado contra el destino manifiesto de grandeza de los EE.UU.

Para el magnate, así como los mexicanos y los musulmanes son los arietes de una invasión poblacional silenciosa, llamada a desvitalizar a la sociedad nativa, preferentemente blanca anglosajona y protestante, de idéntico modo el mentado “cambio climático” está urdido por malévolos intereses foráneos, por ejemplo China, para acabar con el liderazgo industrial de su país.

“No creo en el cambio climático (…) Es siempre el tiempo. Y así ha sido durante mucho, y además, la verdad, el tiempo cambia”, es otra de las frases negacionistas del republicano, expresadas en su cuenta de Twitter.

Hay otras más. “Hace frío en Nueva York y estamos a finales de julio. ¿Dónde diablos está el cambio climático?”. “Toda esa carísima charlatanería del calentamiento global tiene que acabarse. Nuestro planeta se está enfriando”.

Los analistas internacionales sostienen por estas horas que todos los esfuerzos logrados en los últimos años para crear un mínimo de consenso, orientado a evitar que la temperatura del planeta aumente dos grados antes del año 2030, pueden saltar por los aires tras la elección como presidente de Estados Unidos de un recalcitrante escéptico del cambio climático, considerado según él como un “cuento chino”.

Trump se ha rodeado de asesores sobre medio ambientes que se declaran “escépticos” respecto de que hay una responsabilidad humana en el aumento de la temperatura global y en el incremento de fenómenos climáticos extremos, como huracanes y sequías.

“Puede que haya habido un poco de calentamiento, pero está por ver si lo han causado los humanos”, sostiene el escéptico Myron Ebell, que acaba de ser nombrado por Trump al frente del equipo de transición de la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA).

A todo esto el nuevo presidente de Estados Unidos ha enviado otro mensaje inquietante, al poner al frente del Departamento de Energía a Mike McKennan, considerado un lobbista de los combustibles fósiles.

En su libro “Mercaderes de la duda”, los historiadores de la ciencia Naomi Oreskes, de la Universidad de California, y Erik Conway, del Instituto Tecnológico de California, han denunciado cómo funciona la usina de desinformación científica financiada por lobbys cercanos a las corporaciones de hidrocarburos.

Trump y su grupo político están vinculados a fundaciones conservadoras negacionistas, que básicamente recibirían financiamiento de importantes empresas petroleras que se resisten a la transición de Estados Unidos hacia las energías renovables.

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