El Caso Maldonado desnuda algo más que la ineficiencia del estado

Santiago Maldonado

La política nunca es lineal y al sabor dulce de la victoria bien le puede seguir el gusto amargo de la derrota. O, en este caso, la propia incapacidad del Estado que desnuda hasta qué punto estamos indefensos y hasta dónde los organismos oficiales se han vuelto ineficientes.

Jorge Barroetaveña
Hace unos años una familia de apellido Pomar, salio a transitar las rutas bonaerenses para ir a visitar parientes en el interior. Papá, Mamá y las dos hijas iban felices, seguramente pensando en el encuentro. Pero nunca llegaron, literalmente se los tragó la tierra. Un mes duraron los rastrillajes a lo largo de la ruta que transitaron. Policías, perros y helicópteros pasaron junto al vehículo y nunca lo vieron. Se dispararon las teorías más inverosímiles, pero la explicación estaba allí, al alcance de la mano. Fue una mezcla de inoperancia, desidia e incapacidad.
Mucho de lo que está pasando hoy con la desaparición de Santiago Maldonado tiene que ver con aquello. En este caso se suma la sospecha sobre una fuerza de seguridad y las interferencias de la política en medio de una campaña feroz que no perdona ningún tema.
Por si algo le faltaba al cóctel está la lentitud de la justicia, cruzada también por múltiples intereses y la eterna sospecha sobre su real capacidad para investigar.
Cuando pase la tormenta, es probable que Patricia Bullrich deje de ser ministra. Sin escaparle a un viejo dogma que dice que nadie cambia de capitán en medio de la tormenta, el dueño del barco por ahora le sostiene la mano pero es evidente su debilidad política. El caso en el gobierno hoy está a cargo del Ministro de Justicia Garavano, y el único objetivo es saber qué pasó con Maldonado y si la Gendarmería tuvo algo que ver en su desaparición. No hay otra alternativa.
En el tiempo quedara el aprovechamiento que algunos sectores quieren hacer del caso y la inexperiencia del gobierno para manejar el tema. Ante la mínima sospecha, Bullrich debió apartar a la gendarmería de la investigación. No lo hizo y ató su futuro a ella. El juez, que lejos esta todavía de dar certezas, todavía duda en permitir rastrillajes en el campo santo mapuche, como si fuera un estado dentro del estado.
A Maldonado no se lo tragó la tierra. Claro que a juzgar por los antecedentes el futuro no es promisorio. Todavía no se sabe que pasó con Julio López, cuyo caso sí estuvo ligado a la última dictadura o decenas de otras desapariciones vinculadas desde el narcotráfico hasta la trata de personas.
Este caso cayó en medio de una campaña electoral y suma otro conflicto de larga data, ignorado por el gran publico, que es el del pueblo mapuche. Hasta dónde afectará al gobierno la falta de resolución de este caso aún se ignora. De hecho, los encuestadores se muestran prudentes a la hora de evaluar su impacto. Tampoco sus antecedentes son los mejores después de la pifia en la Provincia de Buenos Aires. Es difícil creer en los mismos que decían que Cristina Kirchner ganaba por 8 puntos. Pero esa es otra historia. Dependerá de la percepción social y cómo esta se traduzca. Tampoco muchos predijeron la victoria de Cambiemos en muchas provincias ni la performance que haría en otros distritos complicados. Esa corriente subterránea nadie la vio venir, ni siquiera el propio oficialismo.
En medio de la poca política que siguió a las PASO, el peronismo intenta dar señales de vida. Mientras los gobernadores tratan de salvar su caja del reclamo de María Eugenia Vidal, bucean contactos con todo lo que no huela a K. El mandatario de La Rioja lo visitó a Sergio Massa en Tigre, mientras multiplican contactos con Florencio Randazzo, urgido ahora por las filtraciones que amagan dejarlo solo para octubre. Es que el trabajo de pinzas que hace el kirchnerismo está surtiendo efecto. En las próximas horas volverán a ofrecerle gentilmente que baje su candidatura, para que Cristina pueda ganar. Aunque habría una sorpresa. Los auscultores habrían detectado que un porcentaje importante de votos de Randazzo no van a Cristina: si diluyen entre Massa y Bullrich. Otra vez puede más el antikirchnerismo.
A esa verdad, nutrida por la grieta, se abraza el gobierno. “Les aseguro que el odio a Cristina es más fuerte que el odio a Macri”, sentencia con su típica tonada Durán Barba, el exégeta de la grieta. Algo de eso pasó en las dos semanas previas a las PASO cuando miles de votos se le escurrieron a Massa, asustados por la posibilidad de la victoria de Cristina.
Lo extraño es que hasta el propio kirchnerismo hoy fomenta la grieta. Afirman que lo que está en juego es el tercer senador, una discusión que sólo tiene dos contendientes y en la que Massa es un convidado de piedra. Pero esta disputa sólo le sirve a Cristina en Buenos Aires. El peronismo, en el resto del país sufre las consecuencias y no sabe de dónde agarrarse. Y los gobernadores, que la tienen que pelear todos los días, no tienen muchas alternativas. Encima, un tal Rogelio Frigerio los revolotea todos los días. Es que el camino al cielo está lleno de espinas. Y el de infierno, también.

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