Moyano y Barrionuevo, jinetes del pasado que quieren seguir presentes

MOYANO BARRIONUEVO

Se fue un diciembre caliente, pasa enero relativamente tranquilo, pero febrero y marzo aguardan con los brazos abiertos: el debate por los salarios y la puja con el sindicalismo volverán a plantearle al gobierno un escenario de confrontación. Como el que pega primero pega dos veces, el decreto presidencial quitándole poder a CTERA, uno de los gremios más combativos, subió a todos al escenario. Continuar leyendo

La provincia, entre dos costas

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Entre Ríos aparece dividida en dos grandes zonas: la costa del Paraná y la costa del Uruguay. Una separación que no sólo es geográfica sino sociopolítica, y que hunde su raíz en la historia.

Marcelo Lorenzo

Alguna vez la política entrerriana estuvo preocupada por “integrar las costas”, sugiriéndose con ello la existencia de una fractura social y económica al interior de la provincia, cuya consecuencia más grave es que ha venido marcando desigual estatus de ciudadanía.

Se cuenta que esta asimetría desvelaba, por caso, al dirigente de Gualeguaychú Ricardo “Patín” Irigoyen, quien fuera electo gobernador de Entre Ríos en 1962, pero cuya asunción al cargo fue frustrada por el golpe militar que derrocó al entonces presidente Arturo Frondizi.

En realidad se visualizaba entonces un triple problema. Porque Entre Ríos tiene una “costa” interna que es la del río Gualeguay, tal vez el área más deprimida en término de desarrollo comparado respecto de las otras dos cuencas: la del río Uruguay y la del río Paraná.

En el mapa provincial sobresale un curso de agua interior que virtualmente parte en dos a la geografía entrerriana. Se trata del río Gualeguay que surca la comarca de Francisco Ramírez por el medio, de Norte a Sur, a lo largo de 300 kilómetros en forma casi paralela al meridiano 59.

Siempre fue un límite, una demarcación física contundente que condicionó la organización política del territorio, provocando que la actividad humana de esta región fuera distinta, tuviera diferente ritmo, según se estuviera de uno u otro lado del Gualeguay.

Otro elemento geográfico en la zona centro-norte profundizó la separación: el manto arbóreo conocido como “monte o selva del Montiel”, un medio forestal que dio abrigo y alimento a los desplazados (por ejemplo los aborígenes) por las dinámicas civilizadoras de las dos costas principales.

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Se diría que la historia del hombre de esta provincia se enmarcó dentro de estas peculiaridades geográficas, indicadores nunca neutrales o indiferentes cuando hubo que decidir el poblamiento del territorio.

Aún hoy es factible reconocer que la provincia de Entre Ríos sigue siendo pensada o representada en dos grandes regiones, la costa del río Paraná y la costa del río Uruguay, porque es sobre estas dos vías fluviales donde más oportunidades de desarrollo de actividades económicas y progreso se generan y, por ello, donde la gente mayormente confluye para vivir.

Los estudios económicos dan cuenta que el sector más dinámico desde el punto de vista productivo ha sido históricamente la costa del río Uruguay, donde abundan industrias y producciones de peso y donde la innovación de su población ha sido su característica (pensemos por caso que el boom del turismo regional nació en ciudades como Colón y Gualeguaychú).

Un escalón más abajo estaría la costa del río Paraná, donde no obstante la condición de la ciudad de Paraná como capital provincial ha hecho que graviten allí los extraordinarios recursos de la burocracia.

La región centro-norte de Entre Ríos (Feliciano y Federal, por caso) aparece como la más deprimida, incluso con indicadores de involución, en relación con las dinámicas socioeconómicas de los litorales del Uruguay y del Paraná.

De hecho ha sido una constante de las últimas décadas el despoblamiento creciente de los municipios de la zona centro –migración motivada por búsqueda de mayores oportunidades– a favor de las costas litoraleñas.

 

UNA FRACTURA QUE SE

REMONTA A LOS ORÍGENES

Pero a poco que uno se interna en el pasado de Entre Ríos cae en la cuenta que la división en dos costas está en los orígenes histórico-políticos de la provincia. La profesora Silvia Razzetto, en diálogo con este diario, explicó que en realidad se remonta al período colonial.

“Desde el punto de vista de la organización poblacional que hicieron los españoles, tras su llegada a estas tierras, la costa del Paraná fue dependiente del cabildo de Santa Fe, en tanto que la costa del Uruguay aparece subordinada directamente a las autoridades de Buenos Aires”, explicó.

Según la entrevistada, eso significa que desde el inicio, es decir desde los albores del domino español, nace una neta separación, de fuerte contenido político, en términos de rivalidad y que involucró al fundador de pueblos Tomás de Rocamora.

Una división, dijo, que se prolongará en el transcurso del tiempo durante el período de la conformación del Estado entrerriano. Y que alcanzó su clímax de tensión con ocasión de la disputa por el asiento de la capital de la provincia, que se resolvió finalmente a favor de la costa del Paraná, aunque dejando una estela de rencor y frustración en la costa del Uruguay.

Razzetto recordó que el territorio entrerriano aparece en la historia ligado inicialmente al santafecino, al punto de remontarse a las actas de la ciudad fundada en 1573 por Juan de Garay.

“Cuando se funda Santa Fe de la Vera Cruz, se establece su área de control. Y ese control llegaba, en esta región, hasta los ríos Gualeguay y Nogoyá. Cuando hablamos de control nos referimos a los ‘alcaldes de hermandad’ y a los comisionados que se enviaban para hacer los relevamientos de la situación de las estancias que estaban en la zona”, relató.

Las cosas cambiaron a fines del siglo XVIII, cuando el Cabildo de Buenos Aires empieza a tener injerencia en esta región, a partir de la decisión virreinal de garantizar la frontera norte ante la amenaza lusitana.

“Ahí comienza una dinámica de poblamiento de la zona de la costa del Uruguay. El cabildo de Buenos Aires empieza a otorgar permisos para habitar la región y para hacer uso y control sobre los recursos del lugar (leña, cal, arena, piedras, ganado), todo eso que se necesitaba para el desarrollo de ese cabildo”, explicó Razzetto.

En 1782  el virrey Juan José de Vértiz y Salcedo aprobó la propuesta de Tomás de Rocamora y reunió en un solo mando político-militar las jurisdicciones de Gualeguay, Gualeguaychú y Arroyo de la China (hoy Concepción del Uruguay), junto con las de Nogoyá y La Bajada (hoy Paraná), con un jefe residente en Gualeguay.

Así se formalizó el “Partido General de Entre Ríos”, quedando esta región dentro de la intendencia de Buenos Aires. Pero esto introduce una rivalidad con el Cabildo de Santa Fe, que protestó por la inclusión de Nogoyá y La Bajada, las cuales volvieron a la jurisdicción santafecina.

 

RAZONES DE LA RIVALIDAD

Razzetto explicó algunos factores y antecedentes históricos que fueron cimentando la separación entre la costa del Paraná y la costa del Uruguay. Sucintamente son los que siguen:

-La cuestión capital: Provincias como Santa Fe, Tucumán o Corrientes organizaron su territorio desde una ciudad que fue cabecera de la antigua colonización. Desde ese centro se fue ampliando el radio de control, incorporándose pueblos y villas a un diseño político e institucional forjado desde esa capital. Por eso cada una de esas provincias lleva el nombre de la ciudad cabecera. No fue ese el caso de Entre Ríos, porque desde su origen una parte del territorio dependió de Santa Fe y otra parte de Buenos Aires. A eso se sumó que aquí los pueblos cultivaron un fuerte localismo, lo que incentivaba disputas entre ellos, algo que se expresó en forma patente con la discusión histórica por la sede de la capital provincial. Detrás de esta discusión subyacía una pelea para determinar por dónde pasaría el eje de poder territorial y político de Entre Ríos, si por la costa del Paraná o la del Uruguay.

 

-El liderazgo de Concepción del Uruguay: La llamada “capital histórica” de Entre Ríos –como ha sido reconocida recientemente– ha vivido como un despojo el hecho de que Paraná le haya arrebatado la condición de capital provincial, según dispuso la Constitución provincial de 1883, y confirmado luego en las posteriores reformas de la Carta Magna. Ocurre que Concepción del Uruguay ya desde la época de Tomás de Rocamora –su fundador– gravitó decididamente en la formación de la entrerrianía. Mientras la zona de la Bajada del Paraná se mantuvo bajo la órbita de Santa Fe, fue Arroyo de la China la comandancia militar más importante alrededor de la cual se articuló el Partido de Entre Ríos, junto a Gualeguay y Gualeguaychú. Cuando estalló la Revolución de Mayo, el primer bando del gobierno patrio fue recibido en esa plaza militar, cuyo comandante general era don José de Urquiza (padre de Justo José). Cuando en 1814 se produjo la creación “formal” de la provincia de Entre Ríos, por disposición del director Gervasio Posadas, se estableció que la Villa de Concepción del Uruguay fuera la capital del nuevo Estado. En tanto en 1820, uno de sus hijos, Francisco Ramírez, la declaró capital de la “República de Entre Ríos”, una construcción política del Supremo Entrerriano que incluía las actuales provincias de Corrientes y Misiones.

 

-La puja con Paraná: Con la derrota del caudillo federal Ramírez, a manos del santafecino Estanislao López, el poder pasa a Paraná. En efecto, el gobernador Lucio N. Mansilla (apoyado por López), dividió en 1822 la provincia en dos grandes sectores: el Departamento Principal Nº1 del Paraná y el Departamento Principal Nº2 del Uruguay. Y entonces la villa de Paraná fue designada capital de toda la provincia, residiendo en ella el gobierno general. El ascenso de Justo José de Urquiza marca otra vez la supremacía de Concepción del Uruguay. Tras la batalla de  Caseros, el hombre fuerte del país es este caudillo oriundo de Concepción del Uruguay, quien emprendió la organización nacional bajo el sistema republicano y federal, con la sanción de la Constitución de 1853. Como Buenos Aires no se integró a la Confederación Argentina, el territorio entrerriano fue federalizado en 1854, convirtiéndose Paraná en sede del gobierno federal, y siendo elegido Urquiza como primer presidente constitucional. Luego, en 1958, se desfederaliza Entre Ríos, pasando Justo José de Urquiza a ser gobernador provincial, y fijando la capital nuevamente en Concepción del Uruguay. En tanto Paraná permanece por un tiempo como capital provisoria de la Confederación. En 1861, por un decreto del gobernador Urquiza, Paraná es reincorporada a la provincia. Por otro lado, no es un dato menor señalar que mientras Urquiza tuvo poder lo ejerció mayormente desde el Palacio San José, su residencia privada situada a pocos kilómetros de Concepción. La muerte del caudillo entrerriano (como antes la de Francisco Ramírez) marcó finalmente la pérdida de hegemonía de Concepción del Uruguay.

 

 

Besar niños de yeso o papel no alcanza

Pesebre

Durante el tiempo en el cual nos vinimos preparando para la celebración de la Navidad, una de las oraciones para pedir perdón en la misa utiliza binomios aparentemente distintos: “Tú que siendo grande te hiciste pequeño, que siendo rico te hiciste pobre, que siendo fuerte te hiciste débil”.

 

Jorge Eduardo Lozano

 

 

Esto no implica una degradación de Dios, una especie de ir a menos, sino la elección de un camino. Dios decide venir a nosotros como niño pobre, frágil, necesitado de ternura, aunque desborda de ella.

¿Un camino sorprendente? De algún modo sí, pero es el modo en el cual Dios quiso acercarse para que no le tengamos miedo. Quiere discípulos que le sigan atraídos por amor y no por obligación. Por ser sus amigos y no sus esclavos.

Una carta de San Juan nos lo refiere clarito: “Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él” (1 Jn 4, 16). Creemos porque primero experimentamos el amor que Dios tiene por nosotros. Tanto nos ama que nos hace su familia. La misma carta de San Juan lo expresa con asombro: “¡Miren cómo nos amó el Padre! Quiso que nos llamáramos hijos de Dios, y nosotros lo somos realmente”. (I Jn. 3, 1) Y es así, somos de su familia.

Y de ese amor damos testimonio. El Papa Benedicto XVI expresó en el discurso inaugural de la Asamblea de Obispos de América Latina y el Caribe que “la Iglesia crece por atracción, no por proselitismo”. Es la atracción del amor fraterno, de la belleza y la alegría de la fe. La misión no es hacer propaganda, sino compartir la alegría de reconocernos amados por Dios.

Uno de los gestos que realizamos en las celebraciones de la Noche Buena y la Navidad es besar una imagen del Niño Dios. Es un gesto sencillo que nos ayuda a expresar afecto al Salvador que viene a encontrarnos. Pero será un gesto vacío si no besamos también la presencia de Dios en los marginados, los frágiles, los enfermos, los niños pobres de carne y hueso. Resultaría como si en el día de la madre o del padre besáramos su foto y los ignoráramos a ellos.

Los cristianos corremos el riesgo de reemplazar las realidades por ideas. Como si nos resultara más cómodo vincularnos con una imagen de yeso o una foto de papel, antes que con la carne de Cristo en cada hermano.

El Concilio Vaticano II lo enseñó de manera hermosa: “El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado”. (GS 22). Por eso dirá el mismo texto que “el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado”. (GS 22)

Esta dimensión de encarnación tiene consecuencias concretas en nuestra vida cristiana. Dios está presente en el trabajo, la familia, los amigos, la salud, el estudio…

Te comparto unos versos de un poema muy bello como consejo a quien busca encontrarse con el Niño Dios: “No lo busques en los sitios / donde la luz brilla más / y donde es más poderoso el poder de la ciudad; / deja las calles del centro, / entra en las del arrabal, / y allí donde la pobreza / linda con la oscuridad, / en la casa más humilde / al Niño Dios hallarás”. (Francisco Luis Bernárdez)

Así sucedió en la primera Noche Buena.  Los Pastores eran los más postergados de aquella sociedad. Rudos, sucios, con mal olor, dormían al aire libre o en cuevas y pegados a los animales. Eran de ir poco a la ciudad y cuando iban no solían ser bien recibidos. Sin embargo, son los que dan alojamiento a José y María para que ella pueda dar a luz, cuando no hubo lugar para ellos en la posada. También son los primeros pobres que se abren a la buena noticia, y acuden presurosos a ver la señal tan sencilla que indican los ángeles: “un niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre”.

La Palabra de Dios en la Noche Buena y la Navidad nos presenta también otros binomios en tensión, como polos contrapuestos: palacio-establo, ciudad-arrabal, poder-debilidad, fuerza-fragilidad, los que mandan-los que obedecen, los importantes-los humildes. Tensiones que de una u otra manera siguen presentes en el corazón de cada uno, en cada familia, en el mundo.

Dios eligió el camino de la pequeñez, la humildad… Abramos el corazón a su presencia y a nuestros hermanos. ¡Feliz Navidad!

 

*Arzobispo de San Juan de Cuyo y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

Cristina contra las cuerdas, quedó a merced del peronismo

Cristina nota Barroetaveña

Estaba conmovida. Y nos es para menos. Desde que la causa se inició, informalmente con la denuncia que hizo el Fiscal Nisman, le provocó desvelo. No sólo por la magnitud de la acusación sino por el daño internacional de su imagen. Quedar involucrada en el encubrimiento de un atentado…y encima, el mismo que la denunció, aparece muerto. Hoy asesinado para la Justicia. Continuar leyendo

El impuesto a las ganancias y las actividades financieras

Impuestos

Actualmente son objeto del impuesto a las ganancias las rentas financieras que obtienen las empresas, correspondan estas a sociedades de personas o  a sociedades de capital. En la reforma en estudio se incluye como nuevos sujetos obligados a las personas humanas y a las sucesiones indivisas.

Luis Alberto Dalcol*

 

 

Bajo el rótulo de renta financiera se identifican los resultados por la venta de títulos emitidos por el Estado para financiar su déficit como así también el rendimiento de los mismos. En consecuencia los distintos bonos, letras y demás obligaciones suscriptas por el Estado -en pesos o en dólares – estarán alcanzados por el impuesto a las ganancias.  Igualmente se identifica como renta financiera a los resultados originados por la diferencia entre el precio de venta y de compra de las operaciones con acciones de sociedades constituidas en el país. Obviamente, que también están incluidos en este concepto de renta financiera, los intereses que generan las cajas de ahorro y los plazos fijos u otras imposiciones financieras similares que normalmente hacen las personas.

Cabe aclarar que las rentas de las personas humanas por colocaciones financieras en el exterior están actualmente gravadas, es decir que ahora se incluirían las operaciones realizadas en nuestro país. Aunque, paradójicamente, seguirían exentos las rentas originadas en bonos del exterior de países con los que se tienen convenios especiales de exención, como por ejemplo con los títulos públicos emitidos por Brasil, en el marco del Mercosur.

En principio, el ingreso por el impuesto a las ganancias que genera esta incorporación no revestirá significación para las arcas fiscales. La medida responde más a promesas realizadas en épocas de campaña electoral y a cuestiones ideológicas en su relación comparativa de gravar otros ingresos, principalmente los sueldos.

Existen opiniones diversas en relación a la conveniencia o no de gravar estas rentas, pues son ahorros de las personas que toma el Estado para financiarse o que sirven para sostener los créditos  que utilizan las empresas a través de los bancos para el mantenimiento o generación de empleos.

Otra alternativa en el sector de las finanzas, que no ha sido considerada, es la de gravar la propia actividad que desarrollan los bancos y las entidades financieras, por el negocio exorbitante, protegido e inducido de la propia política económica oficial. Con un nuevo tributo o un plus sobre el impuesto a las ganancias vigente.

La política oficial favorece el proceso de bancarización y fomenta la actividad, la que es permanentemente sistematizada y despersonalizada; lo que permite reducir costos operativos, en traslados de fondos, papelería y de otros insumos. No obstante las diferencias entre las tasas activas y pasivas no han tenido la reducción acorde a ello y las entidades presentan balances superavitarios.

El Banco de la Nación Argentina acaba de trasladar utilidades por 20.000 millones de pesos al tesoro nacional.

Existen actividades de riesgo que no reciben este amparo estimulado a partir de las altas tasas ofrecidas por el Banco Central de la República Argentina; asoma como razonable que deban contribuir con un gravamen directo, no trasladable, sobre los beneficios que son ayudados a obtenerlos por la política financiera global del país.

*Contador