La situación del campo mete miedo

La  cifra impresiona: 43 mil millones de pesos. Eso es lo que podría perder el campo este año, según números del sector, lo cual dibuja un cuadro tétrico para el país.o


El modelo inaugurado en 2002, se sabe, ha sido campo-dependiente. Argentina vivió estos años gracias al "boom de los commodities", producto de un contexto mundial excepcional.

Los ingresos por la exportación de granos (especialmente soja) equilibraron la balanza comercial, dieron superávit fiscal y fortalecieron las reservas del Banco Central.

No se explica la macroeconomía pos-convertibilidad sin el campo, sin su extraordinaria capacidad para reactivar la economía, dinamizar a las ciudades del interior y generar divisas para el país.

Y de hecho el llamado "proceso de sustitución de importaciones", con eje en el dólar alto, por el cual se protegió a la industria local ante la competencia externa, no hubiera sido posible sin la apropiación por parte del Estado de la renta agraria.

Pues bien, la economía argentina viene en picada desde que al campo le empezó a ir mal. La disputa por la Resolución 125 marcó, sin duda, el punto de inflexión. Allí la apropiación de la renta agraria encontró su límite.

Desde entonces la "rebelión en la granja" se ha instalado para quedarse en la Argentina. Pero todavía más agudizada por dos nuevos ingredientes: caída vertiginosa de los precios internacionales y furiosa sequía.

Hoy el campo es un volcán en erupción. Los productores y chacareros, enfrentados al gobierno K, al que acusan de llevar adelante una política anti-campo, amenazan con una protesta sin fin.

El país ya está sintiendo este frenazo de la actividad agropecuaria, con mayor impacto en los pueblos y ciudades del interior. Pero lo que se viene es aún peor, a juzgar por pronósticos del sector.

En efecto, un informe de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) vaticina una pérdida de 43 mil millones de pesos en 2009, lo que equivale virtualmente a la presentación de quiebra del campo.

Esa plata, según comparó la entidad, representa 30.000 escuelas, 8.600 hospitales de alta complejidad, 43.000 kilómetros de rutas ó 430.000 viviendas. 

Según los técnicos de CRA, la pérdida equivale también al valor de 43.000 cosechadoras, 140.000 tractores, 350.000 camionetas 4X4, 150.000.000 rollos de alambre y el sueldo anual de 1.200.000 empleados de comercio.

El estudio indica que la producción agropecuaria primaria durante 2009 en comparación con 2008, tendrá una merma del 44% y grandes perjuicios en ganadería y lechería.

Por otro lado, los técnicos de CRA aseguran que este menor ingreso incidirá en forma directa en la actividad económica de todos los sectores del país, con base sobre todo en el interior.

Al respecto, indican que el auto transporte de carga, ante el deterioro de la producción en el campo, hará muchos menos viajes y dejará de facturar 1.122.500.000 de pesos.

Según CRA, las pérdidas por 43 mil millones de pesos en 2009 surgen por efecto de la sequía y "por las malas políticas agropecuarias del Gobierno nacional", en especial por su política de precios.

El cuadro, como se ve, mete miedo. Porque la quiebra del campo, que es la tendencia que se vislumbra, implica sobre todo la quiebra de las economías regionales y la zozobra del interior.

Mientras estos vaticinios se suceden, los ciudadanos observan impávidos la continuación de la llamada "guerra gaucha", un enfrentamiento absurdo entre el gobierno K y los hombres del campo. 

El odio y el resentimiento pueden condenar a la Argentina, así, al peor de los mundos.

 

Carnaval: ante un boom económico

El Carnaval no sólo es fiesta que contagia optimismo, es también una fenomenal industria que reparte dividendos. Gualeguaychú, en este sentido, es una ciudad privilegiada. El dato es que este enero marcó un récord. Los turistas del Carnaval dejaron en la ciudad divisas por 30.982.154 pesos, contra 20.719.849 pesos de igual período del año pasado. Es decir, se verificó un incremento de casi el 50% (sin computar la inflación).o


La suba no deja de ser sorprendente si se piensa que la mayoría de las actividades económicas en Argentina muestran un descenso interanual, en un contexto de debacle internacional.

¿Qué otro negocio experimentó una curva ascendente en su facturación, comparando los meses de enero de 2008 y 2009? A este ritmo, y suponiendo que el clima acompañe, Gualeguaychú cerrará una temporada vibrante en lo económico.

En efecto, ahora la fiesta entra en su mejor etapa. Ocurre que siempre febrero convocó a más público. Y las previsiones indican que esta vez se alcanzarán picos de 30.000 espectadores en cada una de las noches en el Corsódromo.

El encargado de llevar los números del Carnaval, Diego Fernández, vaticina un saldo de divisas superavitario respecto de la temporada anterior. Superará los 80 millones de pesos, dice, contra los 63 millones del verano pasado.

Es decir, si nada interfiere en febrero, si las cosas ocurren con normalidad,  Gualeguaychú tendrá un cierre económico récord en materia turística.

¿Cómo se mide este efecto riqueza?. El cálculo económico se establece a partir de analizar el gasto que realiza por día en Gualeguaychú el turista del Carnaval. Este verano ese consumo per cápita ronda los 145 pesos.

Según Fernández, gran parte del secreto de la mayor riqueza obedece a que en esta temporada ese turista se queda más tiempo en la ciudad.  Es decir no sólo llega para presenciar el espectáculo, sino que permanece unos días.

En este sentido, esta tendencia marcaría un acercamiento a una meta anhelada por el sector turístico local: lograr que el público del Carnaval sea atraído por otras ofertas de la ciudad.

¿Pero por qué a Gualeguaychú le va bien mientras a otras plazas turísticas del país les va regular, a juzgar por las mermas experimentadas, por ejemplo, en la costa bonaerense?

La explicación que dan los operadores locales, y los propios organizadores del Carnaval, es que esta paradoja se vincula al hecho, confirmado por experiencias anteriores, que las crisis económicas empujan al público hacia el sur entrerriano.

Es que la Capital del Carnaval está muy cerca del principal conglomerado urbano del país. Aparece así como un destino atractivo para el porteño o bonaerense, impedidos por razones presupuestarias de ir lejos o de viajar al exterior a veranear.

Además, jugaría a favor de Gualeguaychú este verano la misteriosa tendencia, avalada por las series estadísticas del Carnaval, de que los años impares –como lo es el 2009- son las mejores.

Por otro lado, no se ha verificado una merma del turismo a causa de Botnia, como se temió alguna vez. El fantasma de la contaminación no ha hecho mella en el público visitante, quien sigue viniendo a Gualeguaychú.

Y por lo visto, la perspectiva de cortes de ruta, motivada por la lucha antipastera, tampoco ha supuesto un freno al flujo turístico, como algunos alertaron.

Está claro el dinamismo económico que trae aparejado esta "industria sin chimeneas" para una ciudad como Gualeguaychú, sin mencionar la capacidad notable que tiene para repartir los dividendos que genera.

Más allá de la reforma política

La introducción de la boleta única, como impulsa la oposición, podrá acotar los márgenes de fraude electoral y en este sentido es bienvenida. Sin embargo, este tipo de dispositivos no es una panacea cívica.o


La llamada “reforma política”, en efecto, puede prestarse a equívoco si con ella se espera una modificación radical de nuestro comportamiento social o nuestra cultura política, cuyas causas son más profundas.

En principio se pretende avanzar sobre el perfeccionamiento de las reglas procedimentales de la democracia. Y aquí la boleta única permitiría superar las corruptelas de los partidos políticos a la hora de imprimir y distribuir papeletas y, además, evitar los robos dentro del cuarto oscuro.

Es un loable intento por transparentar y volver más confiables los instrumentos del sistema político. Más específicamente es una reforma de carácter electoral que intenta frenar los vicios de la clase política.

Quienes están al tanto de estos temas sostienen que dispositivos de este tipo mejorarían el régimen que legitima la elección de los gobernantes en la Argentina, un país que muestra estar atrasado en la materia.

Aquí se inscriben, por ejemplo, la aplicación efectiva de las internas abiertas, la transparencia en la financiación de los partidos políticos, la desaparición de las listas sábanas, la eliminación de las listas colectoras, la instrumentación de las urnas electrónicas, la necesidad de desvincular al gobierno del proceso electoral.

Sin desmerecer la importancia de estos medios, creemos sin embargo que habría que bajar las expectativas acerca de su eficacia, so pena de confundir el fondo con la forma.

Mucha gente, habituada a tener fe excesiva en los aspectos legales, puede creer que estos cambios están llamados a producir una revolución política en la Argentina, sin percatarse quizá de su costado puramente procedimental.

Lo que decimos es que una reforma electoral no equivale per se, ni mucho menos, a una transformación de la conciencia cívica de un país. Lo cual no quiere decir –repetimos- que deba ser desechada.

Lo que nos preguntamos es: ¿Tienen acaso estos instrumentos formales el poder mágico de atacar la anomia de fondo que aqueja a la sociedad argentina, que arrastra un incurable menosprecio por la ley y el orden público?

¿Tienen el poder de devolverle ciudadanía a millones de argentinos excluidos de todos los bienes (económicos, sociales y culturales), y entregados al tome y daca del clientelismo político?

¿Son capaces de sacudir la inveterada indiferencia de los argentinos alrededor de la cosa pública, imbuidos de des-compromiso militante hacia causas que estén más allá de su horizonte egoísta?

¿Alcanzan estos instrumentos, en suma, para bajar los niveles de corrupción estructural, de arriba y abajo, que padecemos, y de esta manera producir la metanoia cívica que reclama la Argentina?.

Creemos que hay que poner las cosas en su justo término. Se nos ocurre que no se le puede pedir a una reforma del régimen de elección de los gobernantes más de lo que puede dar.

Por otro lado, se sabe que “hecha la ley, hecha la trampa”. Es decir, se podrá tener el mejor procedimiento electoral democrático, pero eso poco sirve en el contexto de una indecente cultura política.

Ninguna ley hace morales a los habitantes de un país. De lo contrario no se explica que haya tanto desapego a la ley en una Argentina dotada de legislación moderna y juristas de primer nivel.

Crónica de otro día siniestro

La jornada de hoy ocupará un importante lugar en la historia de esta comunidad de Gualeguaychú, castigada por una decisión inconsulta y unilateral que va demostrando de manera elocuente, que aquí es dónde está la razón y sentido de la lucha por la erradicación de Botnia. El enfrentamiento de la adversidad se enfrenta con los hechos reales, palpables, de contaminación.o


La paradoja de confirmar a través de los hechos y por medio de los sentidos del olfato y la visión, la grave agresión contaminante pre anunciada por la larga historia mundial, que sostiene la impresionante capacidad de contaminación en todas las maneras posibles de las fábricas dedicadas a la producción de pasta celulósica, funcionen en el rincón del planeta en el que funcionen y aún contando con la tecnología de última generación que tanto publicitan y nos mienten.

Pero es que por segunda vez en el término de diez días, están demostrando lo altamente inefectivas e inservibles que son esas tecnologías, cuando se producen contingencias graves como las que comentamos y ya hemos sufrido.

El olor de ácido sulfídrico, intolerable, que por un tiempo considerable el lunes de la semana pasada se introdujo hasta en nuestros hogares, y la imagen tan triste que significó ver al río Uruguay en el estado que lo vimos ayer, son la prueba acabada, indiscutible, de una crónica anunciada, y dolorosa, que desde algún centro de poder se nos ha ido imponiendo .

Las voces que han surgido desde el seno mismo de esta sociedad, en estado de rebeldía desde el origen de la instalación arbitraria de la mega planta celulósica de Botnia, y cuando eran tan vilipendiadas y puestas en duda hasta por los de aquí adentro, emergen ahora esas voces con más fuerza y autoridad aún.

Tendrán que rever sus posturas los aventureros de la palabra oportunista, o de la opinión calculada y calculadora  que ofendió y trató de debilitar una fuerza imparable de lucha digna como la de Gualeguaychú.

Desde aquí, seguramente sabremos aprovechar a estas novedosas y perjudiciales instancias de la contaminación en nuestra zona, para reforzar la lucha a expensas aún, de la contaminación que estamos oliendo y mirando, en nuestro hábitat y mundo natural circundante.

La indignación y el dolor que hoy sentimos, al igual que pocos días atrás, se deben transformar en una fuerza inteligente capaz de llevar adelante la puesta en su lugar, de lo que a priori aparecía como desequilibrado profundamente por su dimensión y poderío.

La erradicación de Botnia, su anulación o desplazamiento definitivo no es un imposible de lograr, como algunos suelen entender, de rodillas ante los hechos consumados. Aquí estamos de pie sin embargo.

Por ahora está funcionando Botnia. Por ahora produce. Al más alto costo que por cierto pagamos los seres humanos, y todos los seres vivos que habitamos este rincón del planeta. El de la pérdida de calidad de vida. Hasta la vida misma, que también se diluye de manera inconcebible,

Tienen que entender nuestras autoridades, los responsables de cuidar nuestras vidas, de proteger nuestro medioambiente, el valor inapreciable que significa defender el modo que hemos elegido para transitar esta vida.

Gualeguaychú está más alerta que nunca. Gualeguaychú se prepara para acciones cada vez más profundas, más inteligentes, más informativas, más concientizadoras, más sólidas. No cabe duda.

Nada está perdido. Vamos a salvar nuestro río Uruguay de semejante acoso depredador. Vamos a impedir la acumulación de un daño irrecuperable.

Hagámoslo con la fuerza y el poder que la verdad da siempre. Sumemos más voluntades. Ahora más que nunca. De frente al futuro.

La de ayer ha sido una jornada siniestra. La de hoy, tiene que ser una jornada de fortalecimiento, de mayores convicciones, y de jerarquía en los métodos, para lograr a toda costa, en los cauces institucionales que correspondan, la concreción del único objetivo: No a Botnia, Sí a la Vida.

La cadena de pagos ya está resentida

Es un síntoma claro de las dificultades por las que atraviesa la economía real. El dato es que las empresas demoran sus pagos a los proveedores, mientras crece el número de cheques rechazados.o


La tendencia ya se observa en Gualeguaychú, como un signo evidente de la desaceleración de la economía. Eso le confirmó a este diario semanas atrás el titular de Corporación del Desarrollo, Ricardo Díaz.

“El problema se observa fundamentalmente en la cadena de pagos. Hay un incremento impresionante de cheques rechazados”, dijo cuando fue consultado sobre la situación por la que atraviesan las empresas del Parque Industrial.

El trasfondo de la situación es la caída de las ventas y la desmonetización de la economía, causada esta última, entre otras razones, por la falta de financiamiento bancario.

La prensa especializada viene dando cuenta del fenómeno. “Los plazos promedio de pago rondan los 90 días y en muchos sectores aumentó fuertemente el número de cheques rechazados”, consignó ayer El Cronista Comercial.

Pero además, “algunas empresas hasta han sufrido estafas por acceder a condiciones de pago especiales para poder colocar mercadería”, refiere la información.

Al cobrar tarde y no contar con crédito barato, las empresas trasladan las demoras a los proveedores. Girar cheques sin fondos es otra de las estrategias que utilizan algunas empresas para ganar tiempo.

“Cuando los créditos escasean o empiezan a tener tasas elevadas, se empieza a resentir la cadena de pagos. Los plazos de duplicaron y lo peligroso es que la demora va a ir creciendo”, explicó el titular de la Asociación de Industrias Matalúrgicas, Sergio Vacca.

Según la información, la cadena de pago quedó fuertemente golpeada en el interior del país al profundizarse la crisis del campo, por pérdida de rentabilidad y últimamente por la sequía.

La mala situación de los productores agropecuarios está impactando en todo el sector agroindustrial. Sobre todo está haciendo estragos en los negocios conexos como las fábricas de maquinarias agrícolas.

Provincias como Córdoba, donde la agroindustria es pilar económico, están sufriendo el fenómeno de patear los pagos, como estrategia de supervivencia empresaria.

“En los últimos 30 días se duplicó el número de cheques devueltos, girados mayormente por los mayoristas”, graficó Javier Baudino, presidente de la Asociación de Pequeñas y Medianas Empresas Lácteas de Córdoba.

En algunos casos –agregó- logran cobrarse a los quince días, mientras que en otros, las firmas deben recurrir a la Justicia. “Al no existir un sistema bancario que realmente sancione la devolución de un cheque, te lo devuelven y después acomodan los plazos”, destacó Baudino.

Según explicó, muchos mayoristas patean los plazos de pago para cubrir la diferencia que les ocasiona el hecho de que tienen stock de mercaderías a equis valor pero cuando lo quieren colocar en el mercado esos precios son más bajos.

Pero esta práctica hace que el tiempo se extienda en toda la cadena de pagos, cual efecto dominó. Todas las empresas buscan cubrirse de este modo ante la falta de financiación bancaria. 

Para algunas firmas líderes, acceder a préstamos para capital de trabajo tiene un costo nominal anual de hasta 40%. Pero nadie está dispuesto a contraer un endeudamiento semejante.

La estrategia es bajar costos y estirar pagos para cuidar la caja. La pregunta que todos se hacen, en vista del escenario complicado, es: ¿cuánto más podrán aguantar las empresas antes de tener que optar por la reducción de personal?

Tensiones en la aldea global

La crisis económica depara mutaciones históricas inesperadas. En Europa, por ejemplo, una ola proteccionista está desafiando las bases mismas de la globalización, y tiene a los líderes mundiales entre las cuerdas.o


En un contexto de caída del empleo, y de fuerte recesión, crece la oposición en los países a contratar trabajo extranjero, proveniente incluso de la misma Unión Europea (UE).

De esta manera, se pone en entredicho uno de los principios de la aldea global: el libre tránsito de los trabajadores.

En Gran Bretaña miles de trabajadores de los sectores energético y de la construcción protagonizaron una violenta huelga contra la contratación de italianos y portugueses.

El brote de ira estalló por la noticia de que la constructora italiana IREM SpA decidió que sean obreros de esa nacionalidad quienes trabajen en un proyecto de 280 millones de dólares en una refinería al noroeste de Inglaterra.

La mayoría de los sindicatos en Gran Bretaña se pusieron en pie de guerra, en solidaridad con los huelguistas. El episodio supuso un duro revés para el primer ministro Gordon Brown, quien asumió el poder en 2007 con la promesa de dar “empleos británicos para los británicos”.

Brown, de todos modos, calificó las huelgas de indefendibles. “Entiendo que pregunten por qué ellos no pueden hacer trabajos para los que están calificados en su propio país. Pero éstas son las reglas del libre mercado laboral en la UE y tenemos que estar preparados para competir con nuestros socios europeos”, dijo.

Otro hombre clave del gobierno inglés, lord Peter Mandelson, argumento: “Sería un gran error aplicar políticas proteccionistas, porque más de 300 mil firmas británicas operan en Europa con empleados británicos y seguramente no queremos que nuestros vecinos europeos despidan a nuestros compatriotas”.

La situación británica ha puesto en guardia al resto de los líderes europeos. El temor es que podría incitar a protestas similares y poner así en tela de juicio toda la arquitectura global de Europa.

Alarmada por la situación, así, la Comisión Europea (CE) acaba de advertir contra la tentación de volver al proteccionismo económico como salida ante la crisis. No obstante, los analistas dicen que el conflicto obrero está poniendo sobre el tapete la fragilidad del proceso globalizador.

En este sentido, se subrayan las enormes discrepancias salariales dentro de la UE, lo que incentiva a las firmas a importar mano de obra barata. Un trabajador de la construcción británico, por ejemplo, gana un salario promedio mensual de 3.000 dólares, mientras que su par portugués percibe 859 dólares.

Por otra parte, los legisladores europeos están doblemente preocupados, porque si bien habían previsto conflictos de carácter xenófobo promovidos por la recesión, creyeron que los mismos serían provocados por la entrada de trabajadores de fuera de la UE.

Nunca se imaginaron, como se está dando ahora, una crisis laboral intraeuropea. La Unión Europea, como estructura política, es un epifenómeno de la globalización económica, es decir de la idea de un mercado único sin restricciones, con vía libre para las multinacionales.

La integración de alianzas trasnacionales, como la Unión Europea, supuso en las últimas décadas la licuación de la soberanía de las naciones. Lo “europeo” tenía supremacía así sobre los particularismos o nacionalidades.

Pero la crisis económica parece estar generando –como revela la huelga en Gran Bretaña- un rechazo a lo “global”, que es visto como una amenaza, sobre la base de un repliegue hacia las fronteras nacionales.

Las miserias del clientelismo político

El clientelismo político en la Argentina no sólo es un mero canje de favores por votos. Como se hace todos los días y no sólo en época de elecciones, ha devenido en una forma de vida y de ver el mundo.o


 

Para el “cliente” es una estrategia de supervivencia, mientras que para el político es una manera de construir su base de poder. A través de este intercambio, al margen de las instituciones formales, los pobres resuelven muchos problemas cotidianos.

Se sabe, muchas familias consiguen cosas mediante punteros, unidades básicas, comités, agencias estatales, y demás. Obtienen desde planes sociales hasta zapatillas, pasando por medicinas.

Las clases postergadas de la Argentina, que se prestan a este intercambio, no lo consideran aberrante. Lo consideran como algo natural, algo incluso “debido” dada su situación.

De hecho es una práctica inveterada, que viene de antes, y que se consolidó como hecho cultural. El peronismo no inventó el clientelismo. El radicalismo y otras fuerzas políticas saben de él tanto como el movimiento creado por Perón.

Pero así como la gente, sobre todo en las villas y en los barrios marginales, ha hallado en esta práctica un modo de sobrevivencia, en ella se construyen relaciones de dominación, de dependencia.

Es decir, estamos en presencia de una vieja forma de hacer política, una suerte de maquiavelismo criollo, por aquello de que el fin (el poder) justifica los medios (el uso del otro necesitado), tan generalizado como universalmente aceptado.

Por eso, ¡¿a quién le sorprende que existan estos intercambios?! No llaman la atención, en este sentido, las nuevas modalidades de clientelismo que existen en torno al Plan Jefes y Jefas de Hogar, el mayor programa de asistencia social de la Argentina.

Ahora resulta que los punteros políticos cambian planes por favores personales, según un reciente relevamiento del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec).

El informe, de cuyo contenido se hace eco el diario La Nación, denuncia que es normal que una desocupada con hijos menores, que percibe 150 pesos por un plan Jefe, deba pagarle 15 pesos al puntero encargado de certificar que ella cumple con la prestación laboral que exige el programa.

Pero además de esta entrega de dinero, los destinatarios del programa, como parte de la contraprestación debida, deben soportar que se les exija que asistan a marchas o actos partidarios.

No sólo eso. El estudio revela que el abuso de los punteros no tiene límites: la exigencia incluye tareas en casas particulares bajo la amenaza de darles de baja el subsidio. A los hombres los usan como jardineros o albañiles.

A las mujeres, que en algunos casos sufren acoso sexual, las utilizan como empleadas domésticas. Según el estudio, los casos de clientelismo no se producen durante la etapa de inscripción o pago, sino en la de la contraprestación laboral.

“Mientras las marchas y los piquetes implican la politización de los programas sociales -dice el informe-, los negocios privados y el trabajo en el espacio doméstico representa lisa y llanamente la privatización de los programas públicos”.

Las formas clientelares, lamentablemente, se han consolidado en la democracia, pese al cacareo de la clase dirigente. Es una forma espúrea de hacer política, ya que supone un uso aberrante de la gente.

Sin embargo, quizá lo más dramático del fenómeno es que sea visto por sus “víctimas”, dada su rutinización y repetitividad sostenidas en el tiempo, como algo natural, como incluso lo que “debe ser”.

 

"Aguas arriba, aguas abajo”

Este es el lema con que hoy se celebra el Día Mundial de los Humedales. La idea que se quiere transmitir, así, es que todos estamos interconectados dentro de una cuenca hidrográfica.o


 

 

Todos los años se recuerda la importancia de los humedales como ecosistemas únicos, donde la presencia del agua es el elemento característico, los cuales ayudan a la conservación de la diversidad biológica y el bienestar de comunidades humanas.

El alcance ecuménico de esta celebración se vincula a que un día como hoy, 2 de febrero, pero de 1971 se aprobó la Convención sobre los Humedales (tratado intergubernamental) en la ciudad iraní de Ramsar, situada en la costa del Mar Caspio.

La Convención Ramsar –como se la conoce- procura la conservación y el uso racional de los humedales. Argentina es un país rico en ambientes acuáticos como bañados, esteros, islas fluviales, lagunas, lagos, cañadones, ríos y arroyos.

El cambio climático, síntoma del desbarajuste ecológico que sufre desde hace tiempo el planeta Tierra, ha puesto sobre el tapete la importancia capital de estos reservorios de agua.

De hecho se habla que este siglo será escenario de una verdadera guerra por el líquido vital. Y esto ante la desertificación creciente del planeta y la contaminación de las fuentes de agua.

Según los expertos la destrucción de humedales acelera el cambio climático. Y esto porque se ha probado que la existencia de estos ecosistemas mitigan las emisiones de CO2 a la atmósfera (causa del calentamiento global).

Ocurre que los humedales funcionan como sumideros de carbono. Los bosques sólo pueden almacenar una cantidad limitada de carbono, mientras que los humedales lo hacen como un proceso continuo en forma de turba.

Por otro lado, recordar la importancia de los humedales tiene un profundo significado para la Argentina, que vive una sequía histórica, y para Gualeguaychú, cuya lucha antipastera es en pos de preservar el río Uruguay y su ecosistema.

Algunos estudiosos vinculan el monocultivo de la soja con la actual sequía. Es el caso de Jorge Rulli, del Grupo de Reflexión Rural, quien días atrás le dijo a este diario que existe una relación causa-efecto.

"Uno quita los árboles y así se rompe el ciclo del agua y de la humedad. La sequía responde a desequilibrios climáticos profundos y de haber quitado la cubierta al suelo. Esto no se lo está reconociendo y es la parte negativa de un modelo (el sojero) supuestamente exitoso", explicó.

La expansión de la frontera agrícola, sobre la base de la tala indiscriminada de bosques nativos y el drenaje de los humedales, estaría paradójicamente detrás de la actual sequía, la cual está produciendo cuantiosas pérdidas económicas.

Por otro lado, se podría establecer un paralelismo entre este modelo único de la soja con el monocultivo del eucalipto, que se está expandiendo en el Uruguay a partir de la instalación de pasteras.

El eucalipto, que es una especie exótica, demanda una gran cantidad de agua tanto para su plantación (en grandes extensiones) como para la producción de celulosa, lo que provoca el agotamiento de las fuentes de agua.

Fueron los científicos uruguayos quienes alertaron, allá por 2005, sobre los efectos dramáticos del modelo forestal en su propio país. Reunidos en torno a la Universidad de la República, de Montevideo, emitieron una carta de advertencia.

Allí se decía que "la forestación disminuye el rendimiento hidrológico aproximadamente en un 70%" y produce sequía. También "compromete seriamente la fertilidad de los suelos”.

 

¿Tiene sentido seguir cerrándose?

El episodio de los olores de Botnia introduce un nuevo reto a la lucha de Gualeguaychú. Inesperadamente, si se quiere, la comunidad ya no tiene que probar la legitimidad de su reclamo.o


Sin embargo, la dinámica de los hechos coloca a la Asamblea Ambiental ante una disyuntiva: aprovecha la ocasión para reposicionarse creativamente, o la malogra insistiendo con los mismos métodos.

El nuevo escenario, creemos, invita a abrirse, a ser permeables y flexibles a estrategias superadoras. En suma, a estar dispuestos a rever los medios en función del fin.

Desde esta columna hemos venido cuestionado la peligrosa identificación del corte de ruta con la causa de Gualeguaychú, como si el único objeto de esta comunidad fuese el bloqueo caminero.

Que el corte se haya elevado a categoría de fin colectivo supone un trastocamiento inadmisible, un rabajamiento de las pretensiones de esta comunidad.

Antes de que se sintieran los olores de Botnia, era fácil percibir que la persistencia de ese método –más de dos años- había terminado por contaminar la propia causa.

La medida producía división interna y una sensación palpable de aislamiento de la ciudad ante la opinión pública. Esto fue pasto para que algunas usinas atacaran a Gualeguaychú, directamente, con la excusa del corte.

A ese juego se prestaron livianamente otros, que desde un lugar institucional estaban urgidos por restablecer el derecho de circulación conculcado. Finalmente, unos y otros, aunque movidos por intereses distintos, actuaron en bloque.

Providencialmente, el olor de Botnia le dio a Gualeguaychú la razón en lo esencial: esa planta contamina. Así, el episodio desbarató la estrategia mediática de instalar la idea de que los habitantes de esta ciudad son rebeldes sin causa.

Sin embargo, el nuevo escenario de ninguna manera le da carta libre al corte de ruta. Quien cree que sí, sigue pensando como antes: que hay una sinonimia entre esa medida y el deseo colectivo de no ser contaminados por la pastera.

Modestamente, creemos que esta es una lectura equivocada de las nuevas circunstancias. Más bien al contrario: este es el momento indicado para que Gualeguaychú, ahora menos atacada en su causa, acometa la encerrona a la que la condena el corte.

Ahora no existe el temor de que saliendo de la ruta se cede en la causa, como creían algunos antes del lunes pasado. Los olores de Botnia, que básicamente han cohesionado la sociedad local y han represtigiado a la Asamblea Ambiental, dan un margen de maniobra para explorar otras vías de protesta.

Gualeguaychú, más confiada en sí misma y sin complejos ante quienes ponen en entredicho su causa, debe recuperar la libertad frente a los medios. Debe abandonar esa imagen de ciudad a la defensiva, que se aferra al corte como tabla de salvación.

Pero los primeros síntomas no son alentadores. Percibimos la misma intransigencia de siempre en algunos asambleístas. Por ejemplo en la respuesta que le han dado al gobernador Urribarri, que por este diario ha manifestado su intención de dialogar.

Nosotros desde aquí hemos sido muy críticos con la conducta del gobernador, pero no vemos por qué cerrarle de entrada la puerta que él pretende abrir. ¿A qué viene tanto empecinamiento?.

Pareciera que alguna gente dentro de la Asamblea no está dispuesta a modificar su punto de vista. ¿Habrá caído, en definitiva, en el pensamiento único?.

Valen a propósito lo dicho por Friedrich Von Schiller (filósofo alemán): "No me avergüenzo de cambiar de opinión porque no me avergüenzo de pensar".

El achique de las escuelas rurales

El senador provincial José Luis Panozzo (PJ-Federación) alertó hace poco sobre el cierre de las escuelas rurales en Entre Ríos debido a la brusca caída de la matrícula. En diálogo con El Diario de Paraná, el legislador razonó: “Lo que pasa es que hay una realidad: la gente de la zona rural, por distintos motivos, se ha ido yendo a las ciudades, y las escuelas rurales han ido bajando la matrícula”.o


Panozzo no fue más allá, es decir prefirió no avanzar sobre los motivos. No obstante, sus dichos procuran alertar sobre el hecho de que la crisis agrícola, potenciada por la sequía, agravará la falta de matrícula.

La pregunta es: ¿por qué hay éxodo rural en una provincia agropecuaria como la nuestra? Entre Ríos perdió en las últimas décadas una de sus mayores virtudes: una distribución pareja de población en el territorio.

Los poblados rurales configuraron antaño una trama social que le daba equilibrio a esta provincia. En este contexto, se justificaba la existencia de las escuelas en su interior.

Pero esta geografía política y social de Entre Ríos desapareció. Sin futuro, los hijos de los chacareros y productores de la tierra empezaron a emigrar a ciudades como Paraná, o ese gran imán que es Buenos Aires.

Llamada a ser la granja del país, a ser una potencia agroindustrial, con capacidad para elaborar los frutos de la tierra, y de esta manera contar con una base material para retener a sus pobladores del interior, la provincia retrocedió económica y demográficamente.

Hace tiempo Entre Ríos –junto con el resto de las provincias del país- está imposibilitada de tener un desarrollo endógeno, que incluya la matriz poblacional, porque ha perdido soberanía política y económica, dentro de un fuerte esquema centralista.

Las provincias argentinas –hay que decirlo una vez más- han sido las “variables de ajuste” de todas las políticas económicas dictadas por el poder central, en varias décadas.

¿Habrá que explicarle a Panozzo, entonces, los motivos de por qué cada año que pasa cae la matrícula escolar en las zonas rurales de la provincia? ¿Habrá tomado nota que el despoblamiento rural es apenas un síntoma de un problema mucho más grave?.

El éxodo rural se da en el marco de un absurdo nacional: el monstruoso desnivel poblacional de la Argentina. Un dato lo dice todo: la ciudad y la provincia de Buenos Aires concentran casi la mitad de la población argentina.

Es la geografía política unitaria de la que la clase dirigente argentina no habla ni quiere cambiar. No nos cansaremos de decirlo: en este diseño de país –que consagra la macrocefalia con eje en el puerto- están de acuerdo la derecha y la progresía nacional.

La población y su distribución en el territorio son capítulos clave de una gran política. Pero es un tema tabú en la Argentina, donde la única estrategia de nuestros políticos, desde tiempos inmemoriales, ha sido reunir en el conurbano bonaerense a los provincianos sin futuro.

Es que el Poder en estas pampas se asienta, precisamente, en el control de la “confederación de feudos” en que se han convertido las provincias, a las cuales se las priva deliberadamente de sus recursos, con su consiguiente despoblamiento.

Cuando Cristina Kirchner, cada vez que viaja al interior, habla poéticamente de la “Argentina profunda”, no hace sino reconocer el disloque poblacional, como si hubiese dos países.

Nada nuevo: como otros presidentes antes que ella, el federalismo así es una apelación romántica, casi folclórica, un giro discursivo que calza bien cuando se “está de visita” en el interior.

Apocalypse Now

El título de la película de Francis Ford Coppola de 1979 (en castellano “Apocalipsis ahora”), en la cual se relata el espanto de la guerra de Vietnam, bien podría encabezar los noticias económicas mundiales.o


Los pronósticos sombríos que realizan los expertos evocan, decididamente, la eminencia del fin del mundo, o al menos del mundo económico hasta aquí conocido.

Flota, efectivamente, una atmósfera de fin de época, de derrumbe global, de desplome histórico, cuyo altísimo costo humano semeja las pérdidas propias de un holocausto económico.

“Estiman que 51 millones de personas perderán el empleo este año”. La terrorífica noticia recorrió el mundo, dejando una sensación universal de que lo peor está por venir.

Son los cálculos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre el aumento espectacular de desempleados que se avecina. De esta manera, según el organismo, la cifra global de desocupados llegará a 230 millones.

Por otra parte, el número de trabajadores pobres –que no ganan lo suficiente para mantenerse a sí mismos y a sus familias por encima del umbral de la pobreza de 2 dólares al día- podría alcanzar 1.400 millones, “casi el 45% de la población activa mundial con empleo”, según la OIT.

“El mensaje de la OIT es realista, no alarmista. Nos enfrentamos a una crisis del empleo de alcance mundial. Muchos gobiernos son conscientes de la situación y están tomando medidas, pero es necesario emprender acciones más enérgicas y coordinadas para evitar una recesión social mundial”, advirtió el director general del organismo, Juan Somavia.

Mientras tanto, los representantes del establishment económico mundial, reunidos en el célebre Foro de Davos, ensayan por estas horas explicaciones sobre el colapso de la economía.

Los líderes del capitalismo global se preguntarán qué pasó, dónde quedó la prosperidad de las últimas décadas, qué fue lo que falló para que la malaria económica, que solía afectar hasta aquí a los países periféricos, impactara de lleno ahora en el corazón de las sociedades opulentas.

“Todos somos responsables, tendríamos que haber visto los avisos, las señales de alarma (…) y no negar una realidad que no era agradable escuchar”, fue el mea culpa que hizo el presidente del Foro de Davos, Klaus Shwab, en su discurso inaugural.

El pesimismo y los vaticinios de un futuro aún más negro dominan el ambiente de los hombres de negocios. Para esta gente un ciclo de la economía global (más seguro y prospero) se ha agotado, y sucede otro cuyo signo se desconoce, aunque se descuenta que será más hostil y duro.

Si hasta los propios financistas globales, sindicados como los principales responsables de la debacle, se animan ha hacer diagnósticos de la situación, no sin cierto cinismo.

“El año pasado pasamos por un hecho remarcable en la historia: una estructura, el sistema financiero global, colapsó, algo shockeante. De hecho los consumidores están en estado de shock”, señaló George Soros, el financista húngaro-norteamericano, célebre por sus maniobras especulativas contra las monedas de los países.

Soros cree que esto es peor que lo que ocurrió en los años ‘30, sobre todo por la magnitud del pasivo financiero que tiene Estados Unidos, que supera largamente el que tenía en 1920.
Además, pronostica un futuro negro para los países emergentes (como la Argentina), al señalar que “van a tener dificultades” porque tienen deudas que pagar, sus exportaciones sufrieron fuertes caídas y ha estallado la “burbuja de los commodities”.

Fragilidad entrerriana

La economía productiva de Entre Ríos, asentada básicamente en la agroindustria, está sufriendo los efectos de una política errática hacia ese sector, al tiempo que la sequía ha venido a complicar el cuadro.o


Es una verdad de Perogrullo, pero vale la pena resaltarlo: las localidades entrerrianas viven en gran medida de la renta agropecuaria. Si al campo le va mal, por tanto, a Entre Ríos le va mal.

Más allá de los alineamientos a una política nacional que ha tenido hasta acá un fuerte sesgo anti-campo, se entiende que las autoridades provinciales hayan presionado ante el gobierno central para declarar la emergencia ante la sequía.

El campo entrerriano muestra hoy un cuadro tétrico: productores desmoralizados, cuyas explotaciones han perdido rentabilidad, y una tierra inéditamente reseca, que los condena a un presente y un futuro sombríos.

Frente a este cuadro, la lógica indica que el fisco se sacrifique para sostener el sistema productivo colapsado. No es un problema de compasión: a la larga, el Estado se declarará insolvente cuando no tenga a quien cobrarle impuestos en el campo.

Los productores, ya se sabe, dicen que la emergencia agropecuaria del gobierno K es insuficiente. Más que postergación de obligaciones impositivas –núcleo de las medidas oficiales- esperaban la vuelta de la rentabilidad vía eliminación de las retenciones y liberación de las trabas para exportar.

Pero la declaración de emergencia por la sequía también tiene sus bemoles fiscales. Algunos gobernadores de provincias agrícolas, así, tienen temor por los efectos colaterales de este medida en sus propias arcas.

“Los ingresos públicos en Santa Fe disminuirán en 180 millones de pesos”, alertó el gobernador santafesino Hermes Binner, al calcular el sacrificio que deberá hacer esa provincia en la prórroga de impuestos al campo.

No ha trascendido el costo fiscal, implícito en la medida de emergencia, que deberá absorber el fisco entrerriano. Como sea, se sabe que el Estado en Entre Ríos muestra fragilidades estructurales.

Al respecto, hay datos que revelan una asimetría entre el gasto público provincial y los ingresos para financiarlo. Eso surge de un reciente documento elaborado por el Consejo Empresario de Entre Ríos, en colaboración con la Bolsa de Comercio de Santa Fe.

Por lo pronto, de ese informe emerge un perfil de provincia subdesarrollada: en Entre Ríos, en efecto, existe un empleado público por cada 18 habitantes. Objetivamente, esto da una dimensión del “gasto público” en personal.

La ecuación surge de cotejar un total de 70.492 empleados públicos provinciales, a los que se deben sumar otros 17.500, aproximadamente, que dependen de los municipios, con una población total de 1.249.672 entrerrianos.

El problema, dice el informe, es que mientras el gasto público en personal ha venido creciendo notablemente, no lo han hecho en igual proporción los ingresos propios.

Entre 2002 y 2007, el gasto público en personal en Entre Ríos aumentó un 208%, sin que esa suba fuese acompañada por una evolución en igual sentido en la recaudación de impuestos provinciales.

En el 2007, sólo el 36% del gasto total en personal podía cubrirse con recaudación de impuestos provinciales, según el informe patrocinado por el Consejo Empresario de Entre Ríos, para quien esta ecuación muestra una “importante debilidad” fiscal.

Se comprende, así, el grado de dependencia financiera de la Provincia con respecto el poder central y el escaso margen maniobra para atender a sus productores, en la actual emergencia.

Botnia se hizo sentir y el escenario cambia

No hay mal que por bien no venga. Nunca más pertinente este axioma para el caso de Gualeguaychú. La pastera hizo sentir su peor olor, y con ello confirmó que esta comunidad tenía razón.o


Desde el lunes la lucha de Gualeguaychú contra la pastera entró en otra dinámica. Esta es la sensación que dejan las últimas horas: la comunidad ha quedado fortalecida en su reclamo y hay un reto por delante.

En las últimas semanas Gualeguaychú, increíblemente, fue incriminada por los gobernantes argentinos y parte del establishment periodístico. De víctima, en la época en que se la adulaba con aquello de la causa nacional, devino en victimario.

La acusación: delirio ecológico. La preocupación central era levantar los cortes de ruta –un lado débil de la Asamblea Ambiental- aunque llevándose puesta la causa ambiental.

Porque la estrategia, de último, incluía la idea de instalar con fuerza que Botnia es impoluta y los gualeguaychuenses unos rebeldes sin causa, que padecían a esta altura algún desorden mental.

El gobernador de la provincia, Sergio Urribarri, pareció la cabeza visible de esta ofensiva que incluyó la voz de las principales espadas kirchneristas -desde Scioli pasando por Massa- y hasta un organismo técnico oficial como el INTI.

El círculo se cerraba para dejar aislada a Gualeguaychú, dejarla inerme ante Botnia y el gobierno Uruguayo. La operación descrédito ante la opinión pública nacional tenía un efecto desmoralizador en la propia casa.

Enfrentada a contradicciones propias –enredada en una discusión enervante y que divide por los cortes-, la sociedad local acusó el golpe de esa propaganda insidiosa. Porque muchos desde este lado empezaron a dudar.

Pero no hay crimen perfecto. Ocurrió, finalmente, lo inesperado. Botnia, que podrá ocultar que envenena el lecho del río Uruguay, no pudo sin embargo disimular el olor que despide.

Y el hedor fue tan nauseabundo como masivo. La certeza de la contaminación llegó por las narices a un pueblo que hasta acá debió manejarse con abstracciones para fundamentar su reclamo.

Para los nativos, a partir de ahora, la pastera contamina sin duda. Un aserto doble: racional y sensorial. Pero lo experiencial tiene una contundencia inapelable.

Es el triunfo de los sentidos (sobre todo del olfato) en la lucha contra la pastera. ¿Cómo se hace para desbancar, para poner en duda, la materialidad de este fenómeno? ¿Desde dónde se puede poner en duda este sentir?

“¿Pero entonces festejan porque Botnia contamina?”, podrán decir los capciosos, siguiendo aquello de Urribarri respecto de que aquí, ante la falta de evidencia, puede más el deseo de ser contaminados.

Esta calumnia a Gualeguaychú no se debe pasar por alto ni olvidarse: entraña en el fondo un profundo desprecio hacia la inteligencia y la buena fe de esta comunidad.

¿Qué efecto tendrá lo sucedido? Probablemente no haya que esperar mucho de los medios nacionales, que no querrán desdecirse, porque sus intereses son otros.

Pero algo ocurrió, sin lugar a dudas, en Gualeguaychú. El fenómeno generó un efecto cohesivo en la sociedad local. Lo que parecía dividido se unió de golpe. Hay un saldo cualitativo de la autoconciencia local sobre el problema.

Los malos olores de Botnia son apenas un síntoma de un proceso de degradación de la cuenca del Río Uruguay, que empezó con el funcionamiento de Botnia.

El reto es enfrentar esto, sabiendo que en el frente interno hay una oportunidad para potenciar la unión tras un objetivo común.

La vuelta del Estado

¿Se acabó el Estado como institución arbitradora de intereses en conflicto? ¿Ha dejado de ser la política necesaria? ¿Los gobiernos resultan inservibles?o


La posmodernidad, a caballo de la globalización económica, instaló una idea nihilista sobre el poder y la autoridad.

Nos vino a decir, aunque no explícitamente, que la sociedad había alcanzado la auto-gestión de las cosas humanas. Como si la política hubiese sido absorbida por las relaciones hombre a hombre.

¿Pero entonces el hombre dejó de ser un “lobo para el hombre”, como pensaba Thomas Hobbes? Dicho pensador (siglo XVII) sostenía que el hombre es un mal bicho, que está en guerra perpetua con su semejante.

Para evitar la guerra civil perpetua, el hombre inventó el Estado como árbitro. Es preferible un gobierno fuerte y despótico, decía Hobbes, al caos y a la anarquía.

Pues bien, ¿alcanzó el hombre contemporáneo un grado de evolución tal que ahora ya es “bueno”, puede vivir en armonía con sus pares, por tanto desapareció el conflicto y con ello la política y el Estado?

A decir verdad, lo que está pasando hoy en el mundo, sobre todo ante el colapso financiero, parece darle un mentís a la hipótesis del ocaso de la política.

El nuevo presidente norteamericano, Barack Obama, llega con un discurso que reivindica al Estado, frente a la ideología despolitizadora del mercado.

Los líderes mundiales, sin renegar de la libre empresa, pero ante el descalabro ecuménico de la economía, hablan de crear una nueva “arquitectura financiera”, donde predomine la regulación estatal.

Parece el regreso de la política y del Estado, es decir el viejo arte de arbitrar los asuntos humanos, frente a la cultura posmoderna de las últimas décadas, que proclama la licuación de las cuestiones del poder y la autoridad.

Pero para hacer justicia con nuestra época despolitizada, hay que decir que en Occidente se instaló, sobre todo en el siglo XIX, un pensamiento hostil al Estado.

Liberales, socialistas y anarquistas se pusieron así en gran parte de acuerdo en que se lo debía suprimir en una u otra forma. Los anarquistas fantaseaban con que si el Estado en sí se acababa, entonces se podía hacer caso omiso de la autoridad.

Los socialistas participaban de esta utopía, pero comprendían su falta de realismo. De hecho veían que los proletarios se verían obligados, durante un período de transición, a gobernar la máquina estatal heredada.

“¿Cómo se la compondría esta gente –los anarquistas- para poner en movimiento una fábrica, hacer funcionar un ferrocarril, o navegar un barco, sin una voluntad que decidiera en ultima instancia?”, reflexionaba a propósito Friedrich Engels (siglo XIX).

La historia humana ha demostrado hasta acá que los partidarios del fin de la autoridad política, cuando llegan a la conducción de la sociedad recrean el Estado que combaten y hacen uso de los mismos principios políticos que niegan.   

Entre los argentinos, tras el derrumbe del 2001, bajo la consigna “que se vayan todos”, los políticos se convirtieron en personajes sospechosos, en corruptos e incompetentes insanables.

Esta aversión a los políticos se ha trasladado a la política como tal, y al ejercicio de la autoridad estatal. ¿No sigue intacta, acaso, esta cultura despolitizadora en Argentina?.

Los cortes de ruta, la movilización callejera permanente, el hastío ciudadano hacia los partidos, los atajos inconstitucionales para solucionar los conflictos, revelan la ausencia peligrosa de la política y el Estado.

Vuelta inquietante de la tuberculosis

Se creía habitualmente que era una enfermedad del pasado, una de esas plagas superadas exitosamente por la humanidad, pero la tuberculosis hace estragos entre la población marginal de la Argentina.o


El dato es que esta enfermedad de los pulmones, cuyos síntomas más conocidos son la tos imparable y el escupir sangre, se cobra unas 1.000 vidas por año en el país. Y de acuerdo a las estadísticas, unos 11.000 casos nuevos se suman cada año.

En plena Capital Federal, donde se concentra gran parte de la riqueza del país, se ha registrado un rebrote inesperado del mal. Según el último estudio del Ministerio de Salud porteño, en la ciudad se sumaron 2.500 nuevos casos en 2008.

El fenómeno tiene explicación en la desigualdad social. Ocurre que las poblaciones más vulnerables a la tuberculosis son las que viven en la pobreza y la marginación.

Porque son estas poblaciones las que carecen de servicios básicos, alimentación adecuada e información, que conspiran contra un buen tratamiento y contribuyen a contagiar la infección.

En los últimos años Capital Federal ha venido sufriendo un proceso creciente de favelización, pese al boom económico. Se calcula que hay 21 villas de emergencia y asentamientos en los que viven unas 180 mil personas.

Antonio Sancineto, el coordinador de la Red de Tuberculosis del gobierno porteño, sostiene que las villas y los inmigrantes son los principales portadores del mal, y dice que su principal blanco son los niños y jóvenes.

“Los jóvenes de estos sectores vulnerables, con su problema con las drogas, agravan el panorama”, dijo al diario La Nación, al explicar que la mayoría de los chicos adictos de la calle tienen la enfermedad y la contagian.

Se calcula que un enfermo sin tratamiento infectará entre 5 y 10 personas por año. El cuadro social de abandono de la juventud y la niñez, en sectores marginales, es caldo de cultivo para la droga y para la expansión de la tuberculosis.

Con las terapias actuales el 90% de los enfermos de tuberculosis podría curarse, dicen los expertos. Pero para ello es esencial un compromiso del enfermo, la familia y el entorno, algo impensado donde el tejido social está roto y campea la exclusión.

En muchos países, como en la Argentina, se usa la vacuna BCG como parte de los programas de control de la tuberculosis, especialmente en niños, en el primer mes de vida, en el ingreso a la escuela y a los 16 años de edad.

La enfermedad además se previene mediante una vida sana e higiénica, identificando oportunamente a los enfermos y asegurando su curación para no contagiar a las personas.

Los sanitaristas recomiendan estos cuidados para los enfermos: deben taparse la boca al toser o estornudar; deben limpiar y ventilar la habitación donde duermen; deben lavar correctamente los utensilios que utilizan; y no se debe dejar a los niños jugar en el suelo, ya que suelen llevarse las manos a la boca y el enfermo al toser o hablar disemina gotitas de saliva infectadas con gérmenes.

La lucha contra la tuberculosis le debe mucho a las teorías de mítico investigador francés Luis Pasteur, gracias a cuyos descubrimientos, a mediados del siglo XIX,  la medicina avanzó en la bacteriología.

De esta manera, el 24 de marzo de 1882, el alemán Roberto Koch anunció el descubrimiento del bacilo de la tuberculosis, una de las más antiguas plagas de la humanidad, haciéndose posible entonces su curación.

 Pese a todos estos adelantos, la enfermedad parece volver, insidiosa, en países como la Argentina, donde la marginación social genera las condiciones para su potenciación. 

 

La malaria también le llegó al fútbol

Los alcances de la crisis económica global arribaron al fútbol argentino, que es una de las plazas exportadoras de jugadores a Europa. Pero ese mercado está cerrado, y entonces las finanzas de los clubes locales tambalean.o


El llamado “mercado de pases”, este verano, atraviesa una depresión notable. No se han registrado las millonarias transferencias de los habilidosos argentinos, tan cotizados en el exterior el último tiempo.

El fantasma de la recesión obligaría a los clubes europeos, principales impulsores de este tipo de operaciones, a reducir drásticamente sus costos. La contrapartida, es que el fútbol argentino no encuentra el modo de colocar a sus principales figuras.

El negocio del fútbol está globalizado al extremo. En este esquema, Argentina es un país exportador neto de talentos, cuyos clubes viven básicamente de la venta de jugadores.

Un dato lo dice todo: en los últimos dos años han vendido al exterior por valor de 300 millones de dólares. Así, se han ido: Fernando Gago, Ever Banega, Daniel Díaz, Pablo Ledesma (Boca), Juan Pablo Carrizo, Marco Ruben, Gonzalo Higuaín (River), Andrés D’Alessandro (San Lorenzo).

También Germán Denis, Carlos Matheu (Independiente), José Sosa, Pablo Piatti (Estudiantes), Darío Cvitanich (Banfield), Mauro Zárate, Damián Escudero (Vélez), Lautaro Acosta (Lanús).

Lo concreto es que hoy este negocio se ha desplomado. Ningún club de Europa está dispuesto a pagar, por ejemplo, las sumas millonarias que venían desembolsando por los jugadores argentinos.

Se sabe que los clubes viven sobre todo de estas ventas, además de los ingresos por derechos de televisación, con lo cual han entrado en su mayoría en un frente de tormenta financiero, al punto de tener deudas con sus deportistas (no pagan primas y demás).

El nuevo manager de Boca Juniors, Carlos Bianchi, admitió hace poco que el club ya no vive en el edén económico, a pesar de su jerarquía. “Uno vive de las ventas y cuando no vende, empiezan a crearse desequilibrios económicos”, dijo al lamentarse por la fallida venta de Rodrigo Palacios.

Lo cierto es que el club de la Ribera, que esta temporada hizo una sola contratación (repatrió al arquero Abbondanzieri) y que hasta aquí daba una imagen de solvencia económica, exhibe hoy un déficit anual de 50 millones de pesos, producto además de que algunos cobros por futbolistas vendidos a España vienen con atrasos. 

La ausencia de pases al exterior ha obligado a las entidades a recurrir a procedimientos ingeniosos para subsistir. Algunos han optado por mantener sus actuales plantillas de futbolistas, en tanto que otros, más necesitados de renovación, recurren “al canje y al préstamo”.

La malaria, además, ha potenciado los conflictos entre los jugadores y los dirigentes. Cristian Fabbiani se peleó con la dirigencia de Newell’s de Rosario, a causa de una vieja deuda.

River Plate, que desea al jugador, ofrece un canje de jugadores para quedarse con él. En tanto que Sebastián Abreu, de la plantilla millonaria, dejó plantado a River en el medio de la temporada, porque le ofrecían más plata en la Real Sociedad, un club español de segunda categoría.

Mientras tanto, los clubes planean rigurosos achiques presupuestarios, una de cuyas medidas es rebajar el salario de los jugadores, pero para las futuras contrataciones.

La estrategia, básicamente, consiste en “pesificar” de ahora en más los contratos, con el argumento de que resulta inviable seguir cobrando en pesos y pagar a los jugadores en dólares.

En suma, la mishiadura llegó al deporte más popular de la Argentina.

Los zigzagueos del INTI

“INTI nunca dijo que Botnia no contamina, sino que no se pudieron determinar hasta el momento indicios de ello”. De esta manera, el director del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), Enrique Martínez, hace pocas horas acaba de dar un giro a sus dichos de la semana pasada.o


En esa oportunidad, señaló que la pastera “no contamina”, con una contundencia que no dejaba dudas.

Ahora el funcionario reformula su pensamiento, al que matiza notablemente, con la frase: “Hasta el momento no se han logrado determinar indicios de contaminación”.

Pero entonces, ¿por qué las seguridades tajantes, las afirmaciones apodícticas de una semanas atrás, mutaron hoy en aclaraciones que las relativizan?

Se debió a una confusión que el funcionario atribuyó a “una simplificación del lenguaje mediático, necesario para comunicarse”.

No estamos en condiciones, nosotros, de discutir el valor científico del estudio del INTI, algo que ya ha hecho con fundamentos atendibles Raúl Estrada Oyuela, ex encargado de Asuntos Ambientales de la Cancillería.

Nos permitimos, sin embargo, mostrar nuestra perplejidad ante la liviandad con que ha actuado el organismo que conduce Martínez, que se ha permitido decir cosas y después desmentirlas en un asunto tan grave.

Una semana atrás, Martínez hizo una aparición polémica, en el medio de un forcejeo de proporciones entre las autoridades y los asambleístas por los cortes de ruta.

Pero también en un contexto mediático donde desde los grandes medios se le bajaba el pulgar a Gualeguaychú en toda la línea. Fue en semejante circunstancia que el titular del INTI dijo lo que el gobierno uruguayo y Botnia, nada menos, quieren escuchar.

En esa ocasión, remarcó que sus dichos podrían contribuir a “desactivar un flanco del conflicto”, como si el papel del INTI, que debiera aspirar a la independencia académica, fuese una estructura que la clase política pudiese usar cuando le convenga.

Martínez aparecía así como la voz científica, la que faltaba, para dar la última estocada, en el marco de una operación política destinada a aplacar la furia de los asambleístas.

Porque el INTI ya no discutía así los cortes, sino la causa ambiental de Gualeguaychú, reduciéndola a cenizas.

Pero ahora resulta que Martínez, le quitó alcance a sus dichos. ¿Qué pasó? ¿Acaso se dio cuenta que fue demasiado lejos, sin pruebas que lo respalden? ¿Se echo para atrás ante alguna orden emanada desde el poder político?.

Este zigzagueo del INTI, dirán los más escépticos, no es inocente. En realidad, revela el pensamiento y la acción del gobierno K en relación con la causa ambiental de Gualeguaychú.

¿Habrá que darles la razón, entonces, a los que piensan que al gobierno no le interesa el medio ambiente en el río Uruguay, sino el problema político derivado de la continuación del corte de ruta?

Otros, más condescendientes con Martínez y el INTI, piensan que en realidad ellos, avalan a Botnia porque no podrían hacer otra cosa, toda vez que el aparato científico que representan es funcional a las corporaciones industriales, sobre todo foráneas.

Es decir son tributarios de un paradigma científico que acepta a priori “parámetros aceptables de contaminación”, aunque es este mismo paradigma el que está en crisis ante la inocultable crisis ecológica mundial.

La epistemología contemporánea, sin embargo, hace tiempo ha cuestionado la supuesta “objetividad” de estos modelos de “construcción científica”, que en realidad encubren una gestión política previa sobre la naturaleza.

La fuga de dinero argentino a Uruguay

Y el drenaje de ahorro al exterior no para, como síntoma de la desconfianza hacia la economía argentina y el gobierno K. En los últimos cuatro meses, los bancos charrúas se convirtieron en refugio seguro.o


Eso informó ayer el diario El Cronista Comercial, con el sugestivo título: “El dinero argentino busca otro horizonte: se fueron a Uruguay 2.500 millones de pesos”.

La nota que firma Ignacio Olivera Doll revela que la fuga se produjo en sólo cuatro meses, concretamente en la última parte del 2008.

Y esto en un contexto de alta volatilidad global y ante el pánico que generaron las últimas medidas del gobierno argentino, como la estatización de las AFJP.

Según el informe, los depósitos de “no residentes” en la banca uruguaya vienen creciendo desde septiembre del año pasado, superando el ritmo de colocaciones de los propios nativos.

Una fuente del Banco Central del Uruguay, confirmó a El Cronista que el 90% de esos depósitos pertenecen a ahorristas argentinos. En tanto, un consultor uruguayo especializado en finanzas trazó esta explicación:

“Mi percepción, desde Uruguay, es que el riesgo de confiscación en la Argentina creció; con lo cual debe haber en esto un efecto de la incertidumbre que vive ese país”.

“No tenemos información por lugar de residencia –aclaró el especialista-, pero seguramente hay un alto porcentaje de argentinos entre los ahorristas extranjeros, e incida en esta suba que vemos el deterioro del clima de negocios en la Argentina”.

La información no hace más que confirmar un problema grave que aqueja a la Argentina, sobre todo en los últimos dos años, y que parece se está agudizando: la salida de capitales.

Consultoras privadas, aseguran que entre el segundo semestre de 2007 y durante todo 2008 se fugaron del país 38.000 millones de dólares. Se trata de una cifra impresionante, que se acerca a las actuales reservas del Banco Central.

Los 2.500 millones de pesos (unos 665 millones de dólares) que eligieron como refugio el Uruguay, en los últimos cuatro meses, se inscriben en realidad dentro de esta tendencia general a la sangría constante de capitales argentinos.

Hay consenso entre los economistas, no importa su formación ideológica, respecto de que las divisas salen por el mismo motivo que la gente se vuelca al dólar en la Argentina: la desconfianza.

Ante este nivel de fuga, la economía argentina parece entrar en el ojo de la tormenta, toda vez que el sistema lucirá escuálido desde el punto de vista de la cantidad de dólares.

Las fuentes de divisas se han secado, por distintas causas. El campo, por la vía de la exportación, no generará dólares como antes, el país tiene cerrado el crédito internacional, y encima los ahorristas depositan su dinero en el exterior.

Como sea, el problema principal de la Argentina es la salida de capitales. Y lo es desde hace muchas décadas. Un dato lo dice todo: se calcula que están fuera del país alrededor de 150.000 millones de dólares, el equivalente a la deuda pública nacional.

“La burguesía comercial y empresarial, los profesionales de altos ingresos, los ejecutivos y por supuesto, los políticos y sindicalistas, son los dueños de este inmenso y desopilante caudal de dinero que es utilizado por otras naciones para su desarrollo”, asegura Enrico Udenio, en su libro “Corazón de derecha, discurso de izquierda”.

Es decir, no es cierto que la Argentina sufra la falta de capitales. En realidad, la clave es que el ahorro generado internamente se fuga del país acumulándose en los bancos del exterior.

Un gesto oficial de mucho valor

La solución para la Biblioteca López Jordán llegó más rápido de lo pensado. La gestión del intendente Juan José Bahillo, ante el gobierno de la Provincia, encontró receptividad. De esta manera, llegarán los 32 mil pesos que permitirán afrontar el juicio laboral que perdió la entidad y evitar así el remate de su sede. A decir verdad, nos llena de satisfacción esta noticia.o


Desde esta columna, en la edición del martes, llamábamos a un compromiso ciudadano por una “causa cultural”. Porque entendíamos que era un crimen la perspectiva del cierra de una biblioteca popular.

Nos alegra que el intendente se pusiese a la cabeza del problema. Esto habla bien de él y de su gobierno. Bahillo expresó que dicho cierre hubiera significado no sólo un “fracaso” para la comunidad sino para él personalmente.

Gratifica saber que un jefe comunal sienta las cosas de ese modo: que la suerte de la ciudad que gobierna sea la suya propia. No estamos acostumbrados a asociar estas dos cosas.

Porque lamentablemente la política –y la vida social del país- es vista con sospecha. Creemos ver en la conducta de los otros, invariablemente, algún móvil turbio y egoísta.

Aunque acaso con los intendentes de nuestra ciudad la cosa sea distinta. Nuestra mirada capciosa, frente a ellos, cede. Porque de última son vecinos nuestros, que viven acá y cuya conducta conocemos en directo.

Por lo demás, hay que resaltar el gesto del gobierno que dirige Sergio Urribarri, que atento el reclamo de Gualeguaychú, no dudó en disponer el subsidio para que la Biblioteca López Jordán saliera de su apuro económico.

Sabemos, además, de la gestión en torno al tema del subsecretario de Cultura de la provincia, Roberto Romani, que en diálogo con este diario dijo sentirse indignado por la encrucijada en la que se había colocado a la biblioteca local.

Romani, como hombre de la cultura, supo leer que detrás del juicio contra la entidad había un retroceso ético en los procederes. Porque pleitear contra una institución filantrópica, con el valor simbólico que tiene una biblioteca popular, traspasa cierto límite.

Si bien estas entidades surgen de la sociedad civil, hay una legislación nacional que las protege y fomenta. Se trata de la Ley Nº23.351, que dispone sobre todo beneficios fiscales.

Pero el caso de la Biblioteca López Jordán introduce ahora una novedad. ¿Qué pasa si un juicio adverso, por distintos motivos, las coloca ante la perspectiva de cerrar sus puertas?

País futbolero, los clubes ya le han arrancado a los gobiernos y a las legislaturas provinciales el compromiso de consagrar la “inembargabilidad e inejecutabilidad” de esas entidades, mediante una nueva ley.

Preguntamos: ¿Por qué no introducir esta garantía legal para todas las bibliotecas populares del país? ¿No sería coherente con los principios de la civilización privilegiar sobre todo a la cultura?

Sería, creemos, una conquista importante avanzar en este frente legislativo. Por lo demás, resulta alentadora la opinión del subsecretario de Cultura de Entre Ríos a este respecto:

“Coincido en que hay que darles un marco legal para impedir que esta situación de angustia afecte a otras bibliotecas populares de la provincia”, observó Romani.

Demás está decir que las bibliotecas populares cumplen un rol cultural clave: muchos chicos que no pueden comprar libros, por falta de recursos acuden a ellas para instruirse.

Con lo cual hacen operativa en las comunidades la llamada “igualdad educativa”, tan declamada hoy.

¿Actividad sin riesgo?

La sequía que está fundiendo sobre todo a pequeños productores rurales le está dando un mentís a la presidente Cristina Kirchner que llegó a decir meses atrás que el campo era una “actividad sin riesgos”.o


Cuesta imaginar que la jefa de Estado de un país agropecuario como la Argentina dijera semejante cosa. Es decir que desconociera que el productor depende del comportamiento de la naturaleza.

Y esto más allá de los adelantos tecnológicos, verificados en las últimas décadas,  que han minimizado en gran medida los factores aleatorios de la producción primaria.

Los prejuicios ideológicos de este gobierno hacia el campo –al que ha demonizado como la maldita “oligarquía”- son tan fuertes que se llegó a ese colmo.

El discurso cerraba con aquello de la “avaricia” de tipos que, insolidarios por naturaleza, no estaban dispuestos a repartir la “renta extraordinaria” de sus explotaciones.

Pero acaso nada sublevó tanto a los chacareros como los dichos presidenciales sobre que la actividad agrícola estaba exenta de riesgo. Porque se los tachaba, poco menos, de haraganes que vivían de renta.

¿No fue Cristina K, además, que a tono con este prejuicio, en medio de los piquetes de ruta de los productores, quien dijo: “¿qué trabajador puede estar 90 días sin trabajar?. Sólo ellos que han acumulado mucha riqueza”.

La presidenta de un país agropecuario descerrajaba, así, sobre los productores de la tierra, este anatema bíblico: “La avaricia congela el corazón de los ricos. Recordemos que la avaricia es el pecado que Dios más condena”.

Pero fue la misma Cristina K quien, ya de vuelta de esos días de furia, y en función de los giros discursivos que imponía el malhumor social, también se desdijo.

En uno de los tantos actos oficiales, el último tiempo, calificó al productor rural de ser “un empresario que invierte y arriesga” y que tiene “las manos callosas” de trabajar “de sol a sol”, que sufre “con el granizo y la falta de lluvia”.

Más allá de estos devaneos oficiales, lo cierto es que la actual sequía, la más brava de los últimos 70 años, ha colocado contra las cuerdas a miles de pequeños y medianos productores.

Las cifras de pérdidas económicas para el país son cuantiosas. Pero lo más grave es la ruina a que se ven condenadas tantas familias rurales, que observan que sus tierras ya no dan frutos.

Vuelve a la memoria, así, el relato de nuestros abuelos gringos, que colonizaron por ejemplo Entre Ríos –una de las provincias hoy más castigadas por el clima-, sobre pérdidas históricas por falta de lluvia.

Comprendemos, ahora en perspectiva, por qué el productor, sobre todo el chacarero, ruega a Dios para que el clima lo ayude en la siembra y en la cosecha. Es que su suerte, en gran medida, está atada a lo que dictamine la naturaleza.

Estos días, en la localidad de Viale, el cura párroco convocó a la comunidad, familias chacareras angustiadas por su suerte, para rezar al cielo. Gente mayor, padres de familia, jóvenes y chicos, hicieron una demostración de fe conmovedora.

El sacerdote, en diálogo con la prensa, explicó que el encuentro sirvió, entre otras cosas, para recordarle a los más jóvenes la importancia de labrar la tierra y la cultura del trabajo que ello representa.

Es que el hombre de campo –hablamos de aquel que está arraigado al suelo- conoce como ningún otro el sentido del riesgo económico que lleva implícito su oficio.

Ocurre que con la tierra –y la sequía lo verifica- nunca se está seguro de nada. Probablemente esto nunca lo entienda quien vive de la renta del Estado, que percibe invariablemente su sueldo a fin de mes, más allá de las inclemencias climáticas.

No abandonar a la biblioteca L. Jordán

La comunidad de Gualeguaychú, tan sensible a la cultura, debiera movilizarse ya para apuntalar económicamente a esa institución, cuya existencia hoy pende de un hilo. Como se sabe, la Biblioteca Popular Francisco Hernández López Jordán, entidad emblemática del populoso barrio oeste, no está en condiciones de hacer una importante erogación.o


Producto de un juicio laboral, con sentencia firme, debe pagar más de 30 mil pesos, una cifra que coloca virtualmente a la entidad al borde de su cierre.

Sin conocer los pormenores del asunto, resulta por lo pronto chocante que haya quienes pleiteen contra una biblioteca popular, de larga trayectoria y alto valor filantrópico.

Quizá en otra época, en que el aprecio a la cultura y lo comunitario era mayor, hubiera puesto un freno pudoroso a este tipo de conductas, optándose por acuerdos pacíficos entre partes.

Pero los tiempos han cambiado y las cosas están como están. Días atrás la comisión directiva de la biblioteca reunió a los vecinos para ponerlos al tanto de la emergencia y lanzar un SOS.

Ahora se espera que surja la mejor idea para, mediante un tipo de colecta, juntar los recursos necesarios para sufragar el gasto. Una vez que se defina la mejor fórmula, la comunidad podrá colaborar en esta empresa colectiva.

Porque la ayuda económica que hoy pide la Biblioteca López Jordán podría convertirse a nivel local, efectivamente, en una causa cultural. Y sabemos del compromiso de los gualeguaychuenses, cuando se topan con una causa justa: no arrugan.

La biblioteca tiene 65 años de existencia. Fundada el 14 de noviembre de 1943, participo de la misión cultural de este tipo de instituciones públicas no estatales de la época.

Es decir, surgió del deseo de un grupo de particulares de extender la cultura del libro al pueblo. Semejante iniciativa civilizadora se forjó en el legendario Café Argentino.

En dicho local, que funcionó durante 60 años en 25 de Mayo y Rocamora, se realizó la asamblea que incubó el proyecto, que fue impulsado por los vecinos Denegri, Goicoechea, Lapalma y Carraza, entre otros.

¿Quién fue Francisco Hernández López Jordán, cuyo nombre designa la biblioteca?. Fue uno de esos maestros de antes que abrazaban la educación con total vocación.

Era un paranaense que peleó al lado de Urquiza y que llegó a Gualeguaychú en 1870, a poco de morir el caudillo entrerriano. Francisco tenía 40 años cuando se radicó definitivamente en esta tierra.

Era una personalidad multifacética: cuando joven hizo tareas de campo, practicó diferentes oficios y acompañó a Urquiza en sus campañas militares.

Pero quizá lo más importante: era un espíritu cultivado. Y eso lo colocaba en condición de crear una escuela como la que levantó aquí, en un ranchito en calle 25 de Mayo y Avellaneda, junto a su esposa Teresa Fraicedo.

Desde entonces, la figura de Don Francisco creció entre sus muchos discípulos, que veían en él a un verdadero apóstol de la enseñanza. La escuelita particular “Urquiza” –así se llamaba- se convirtió en faro de cultura en un barrio aún escasamente poblado como lo era el Oeste de Gualeguaychú.

Cuando en diciembre de 1915 Francisco López Jordán deja la actividad (la muerte lo sorprende a los 85 años), la comunidad del lugar lamentó la pérdida de un maestro ejemplar y gran vecino.

Pero su ejemplo perdura en el barrio. Sobre todo en la biblioteca que lleva su nombre, como homenaje cívico a su memoria. La misma entidad que hoy se halla, lamentablemente, ante una encrucijada económica.

Psicópatas con poder

Se aferran al poder con uñas y dientes, son artistas de la mentira, se rodean de obsecuentes, manipulan a la gente, carecen de empatía emocional, necesitan de enemigos, y les gusta ser pilotos de tormenta.o


  ¿Conoce, usted lector, una personalidad semejante? ¿Le resulta familiar esta descripción de sujetos con poder? Y más específicamente: ¿No encaja acaso en las categorías que como ciudadano se ha imaginado de algún político vernáculo?

  Pues bien, aquellos rasgos caracterológicos corresponden a los “políticos psicópatas”, según el cuadro trazado por el médico psiquiatra Hugo Marietán, uno de los principales especialistas argentinos en psicopatía.

  Docente en la Universidad de Buenos Aires y miembro de la Asociación Argentina de Psiquiatría, Marietán asegura que no se necesita ser un asesino serial para entrar dentro de la categoría de psicópata.

  Durante una interesante entrevista aparecida el miércoles pasado en el diario La Nación, explicó que quien reúne ese perfil psicológico no necesariamente es un “enfermo mental”.

  Y esto porque en la psicopatía no hay tipos sino grados o intensidades diversas. Razón por la cual mientras en un extremo puede haber un violador serial, de esos que protagonizan hechos policiales de impacto, en el otro existen los “psicópatas cotidianos”.

  Es decir, más allá de las intensidades, existe una personalidad atípica básica, con características psicopáticas, que de última expresa “una manera de ser en el mundo”, según explicó Marietán.

  ¿Cómo son, entonces, los psicópatas que escalan socialmente, que llegan incluso a la cima del poder político?  Para el especialista, en ese ámbito se “mueven como pez en el agua”.

  “Por una sencilla razón: el psicópata ama el poder. Usa a las personas para obtener más y más poder, y las transforma en cosas para su propio beneficio”, refiere.

  Además, mientras un dirigente común sabe que tiene que desempeñar una función durante un tiempo, cumplido el cual se va, “al psicópata, en cambio, una vez que está arriba, no lo saca nadie: quiere estar una vez, dos veces, tres veces. No larga el poder y mucho menos lo delega”.

  Por otro lado, el psicópata se rodea de gente “obsecuente”, a la cual puede manipular. “Es gente subyugada, e incluso puede ser de alto nivel intelectual. Este tipo de líderes no toma a los ciudadanos como personas con derechos: los toma como cosas”.

  Para Marietán, una característica básica del psicópata es que hace de la mentira un verdadero arte. “Miente con la palabra, pero también con el gesto, Actúa. Puede, incluso, fingir sensibilidad”.

  El político psicópata, además,  “carece de la habilidad de la empatía, que es la capacidad de cualquier persona normal de ponerse en el lugar del otro. Las ‘cosas’, para él, para el líder político de estas características, tienen que estar a su servicio: personas, dinero, la famosa caja, para comprar voluntades”.

  Según el especialista, “la pregunta del accionar psicopático típico es: ¿cómo doblego la voluntad del otro? ¿Con un cargo, con un plan, con un subsidio? ¿Cómo divido”.

  Por otro lado, está en su constitución psicológica “buscar un enemigo, para aglutinar”. Dada su problemática personalidad, el líder psicópata no encaja con la situación normal de un país, más bien crece en el caos.

  “El psicópata no se adapta a la tranquilidad. El necesita la crisis. Ser reconocido como salvador. En la paz, él no tiene papel. No la soporta. Por eso las sociedades lideradas por políticos de estas características viven de crisis en crisis”.

 

 

Estanflación, la palabra tan temida

De un tiempo a esta parte el público argentino empezó a familiarizarse con un nuevo vocablo económico: estanflación. Se trataría, en el fondo, de una combinación fatídica para la vida de todos nosotros.o


Ha sido sobre todo Domingo Cavallo, el ex ministro de economía de Carlos Menem y Fernando de la Rúa, quien más ha agitado el fantasma.

  De hecho lo expone en su último libro que se titula: “Estanflación. Cómo evitar un nuevo ‘rodrigazo’ y otros peligros de la economía kirchnerista”.

  Con él Cavallo aspira a conmover al matrimonio Kirchner, con el que tuvo una excelente relación en la denostada década de los ‘90, para que cambien el rumbo, según sus dichos.

  Pero ¿qué es la estanflación? Los manuales de economía lo describen como el momento en que en una situación inflacionaria, se produce un estancamiento y el ritmo de la inflación no cede.

  O en otras palabras, se trata de la coyuntura en la que se verifican simultáneamente el alza de precios, el aumento de la desocupación y el estancamiento económico.  

  ¿Reúne la Argentina hoy las condiciones que describen este fenómeno? ¿O marcha acaso en los próximos meses a ese escenario?. Ahí, en realidad, se centra el debate económico argentino. 

  A nivel internacional hay consenso respecto de que, técnicamente, una economía entra en estanflación cuando coexisten nivel de actividad 0 con inflación del 10 o 12% anual.

  Alfonso Prat-Gay, ex presidente del Banco Central y diputado nacional por la Coalición Cívica, fue otro de los que predijo este cuadro, y hoy no duda en afirmar que se está verificando en la realidad.

  “Argentina ya está técnicamente en recesión”, dijo hace poco al afirmar que quedaron atrás los años de crecimiento a tasas chinas. A lo que se añade, aclaró, una inflación que se está comiendo el poder adquisitivo de los asalariados.

  Sin embargo, otros economistas aseguran que la desaceleración de la economía –que se acentuó con la crisis global- ha hecho amainar en los últimos meses la presión inflacionaria.

  El frenazo de la economía, por lógica, descomprime la demanda del público y eso hace bajar el precio de los bienes. Los optimistas, entonces dicen: habrá recesión, pero al menos la inflación tenderá a desaparecer.

  Se agarran, al respecto, de que los precios de los supermercados han dejado de subir y, en muchos casos, están bajando. Las empresas, en suma, deseosas de vender en un cuadro recesivo, bajarán sus pretensiones.

  Otros economistas retrucan: eso ocurre donde existe el libre juego de la oferta y la demanda, pero no en la Argentina donde los principales precios de la economía son “políticos”.

  Desde este lado, se cree que el país sobrelleva una fuerte “distorsión de precios relativos” por la manipulación política que ha ejercido el gobierno los últimos años, y que ha generado, por eso, una “prosperidad ficticia”.

  Este esquema funcionó, afirman, mientras hubo Caja para subsidiar sobre todo los servicios públicos. Pero el derrumbe de los precios de lo que exporta la Argentina, y la menor actividad del mercado interno, licuó la Caja.

  Por eso hoy se da la paradoja anti-keynesiana de que en medio de una caída de la actividad económica, en la Argentina se está produciendo una fenomenal escalada de aumentos en el precio de los servicios públicos.

  Es decir, el gobierno, con menos recursos fiscales, ya no puede financiar por ejemplo la tarifa de la energía y los transportes. Es como si una inflación reprimida estos años, fuese así liberada de golpe.

  ¿Es esto estanflación?

 

 

 

Estanflación, la palabra tan temida

De un tiempo a esta parte el público argentino empezó a familiarizarse con un nuevo vocablo económico: estanflación. Se trataría, en el fondo, de una combinación fatídica para la vida de todos nosotros.o


Ha sido sobre todo Domingo Cavallo, el ex ministro de economía de Carlos Menem y Fernando de la Rúa, quien más ha agitado el fantasma.

  De hecho lo expone en su último libro que se titula: “Estanflación. Cómo evitar un nuevo ‘rodrigazo’ y otros peligros de la economía kirchnerista”.

  Con él Cavallo aspira a conmover al matrimonio Kirchner, con el que tuvo una excelente relación en la denostada década de los ‘90, para que cambien el rumbo, según sus dichos.

  Pero ¿qué es la estanflación? Los manuales de economía lo describen como el momento en que en una situación inflacionaria, se produce un estancamiento y el ritmo de la inflación no cede.

  O en otras palabras, se trata de la coyuntura en la que se verifican simultáneamente el alza de precios, el aumento de la desocupación y el estancamiento económico.  

  ¿Reúne la Argentina hoy las condiciones que describen este fenómeno? ¿O marcha acaso en los próximos meses a ese escenario?. Ahí, en realidad, se centra el debate económico argentino. 

  A nivel internacional hay consenso respecto de que, técnicamente, una economía entra en estanflación cuando coexisten nivel de actividad 0 con inflación del 10 o 12% anual.

  Alfonso Prat-Gay, ex presidente del Banco Central y diputado nacional por la Coalición Cívica, fue otro de los que predijo este cuadro, y hoy no duda en afirmar que se está verificando en la realidad.

  “Argentina ya está técnicamente en recesión”, dijo hace poco al afirmar que quedaron atrás los años de crecimiento a tasas chinas. A lo que se añade, aclaró, una inflación que se está comiendo el poder adquisitivo de los asalariados.

  Sin embargo, otros economistas aseguran que la desaceleración de la economía –que se acentuó con la crisis global- ha hecho amainar en los últimos meses la presión inflacionaria.

  El frenazo de la economía, por lógica, descomprime la demanda del público y eso hace bajar el precio de los bienes. Los optimistas, entonces dicen: habrá recesión, pero al menos la inflación tenderá a desaparecer.

  Se agarran, al respecto, de que los precios de los supermercados han dejado de subir y, en muchos casos, están bajando. Las empresas, en suma, deseosas de vender en un cuadro recesivo, bajarán sus pretensiones.

  Otros economistas retrucan: eso ocurre donde existe el libre juego de la oferta y la demanda, pero no en la Argentina donde los principales precios de la economía son “políticos”.

  Desde este lado, se cree que el país sobrelleva una fuerte “distorsión de precios relativos” por la manipulación política que ha ejercido el gobierno los últimos años, y que ha generado, por eso, una “prosperidad ficticia”.

  Este esquema funcionó, afirman, mientras hubo Caja para subsidiar sobre todo los servicios públicos. Pero el derrumbe de los precios de lo que exporta la Argentina, y la menor actividad del mercado interno, licuó la Caja.

  Por eso hoy se da la paradoja anti-keynesiana de que en medio de una caída de la actividad económica, en la Argentina se está produciendo una fenomenal escalada de aumentos en el precio de los servicios públicos.

  Es decir, el gobierno, con menos recursos fiscales, ya no puede financiar por ejemplo la tarifa de la energía y los transportes. Es como si una inflación reprimida estos años, fuese así liberada de golpe.

  ¿Es esto estanflación?

 

 

 

La diáspora argentina

Hay 806.368 argentinos fuera del país. Es un 34% más que en 2000, justo antes del estallido y la devaluación, y el número supone una emigración récord. Eso revela un informe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), del que se ha hecho eco el diario Crítica de la Argentina.o


De esta manera, la cantidad de argentinos que residen en el exterior equivale a la población de la provincia de Santiago del Estero.

La mitad de ellos están en Estados Unidos y España, que son los destinos preferidos aunque esos países hoy tengan políticas y legislaciones restrictivas con relación a los inmigrantes.

Detrás de la diáspora argentina hay una “fuga de cerebros” y una pérdida de mano de obra calificada, que suele encontrar mejores oportunidades laborales en los países centrales.

Pese a esta “descapitalización” real, los argentinos que residen en el exterior mandan dinero a sus familiares que se quedaron en el país. Y se trata de una suma nada despreciable.

Según el registro de los movimientos formales de remesas, el dinero que reporta la emigración a la Argentina totaliza 920 millones de dólares anuales.

Este monto es superior en un 900% al de 2001, cuando entraban al país sólo 100 millones de dólares, y afuera se calculaba que había algo más de 600 mil argentinos.

Según los expertos, la mayor parte de los que se fueron antes y después de 2007, lo hicieron por razones económicas, aunque la Argentina tiene ya una cultura de la emigración adquirida en las últimas décadas.

El abandono del país, obviamente, afecta su desarrollo. Se ha dicho con razón, muchas veces, que la Argentina invierte en científicos, técnicos y profesionales, que se educan en la escuela pública, para dejarlos ir luego.

De hecho estos últimos años, en que hubo un despegue en algunos sectores de la actividad económica en la industria y los servicios, muchas empresas se encontraron con que no podían cubrir espacios vacantes en puestos claves.

“Los sectores altamente calificados de la población argentina tienen capacidades laborales que son trasnacionales. La fuga de técnicos, científicos y especialistas en informática genera agujeros difíciles de tapar”, explicó al respecto Jorge Gurrieri, experto en migraciones.

Para subsanar al menos en parte la fuga de cerebros, el gobierno estableció distintos programas de repatriación. La idea es seducir a los argentinos calificados, que viven fuera, en un mundo donde la inteligencia es muy importante para construir el futuro.

¿En qué medida la crisis económica global, desatada en el segundo semestre del año pasado, pone a los argentinos de la diáspora ante el dilema de quedarse en el exterior o volver al país?.

Para Enrique Oteiza, profesor honorario de la UBA e investigador del Instituto Gino Germani, “éste es un momento de quiebre”, en el sentido de que el mundo desarrollado no es hoy el imán que era antes.

“Se están cayendo muchas expectativas de argentinos y no argentinos en los países centrales. Tuve noticias de argentinos en Estados Unidos que se han quedado sin empleo, y para comprarse un pasaje de regreso tuvieron que pedir ayuda de emergencia a la madre jubilada que vive acá”, señaló.

No obstante Oteiza dijo que la excepción a este retorno de personas al país, por la crisis global, son los científicos, que “tienen un trato especial” en el exterior.

Hay que pensar, por otro lado, que el impacto de esta coyuntura internacional puede poner un freno, además, a quienes desde acá fantasean con irse a otro país. Ya que el mundo entero está conmocionado por la debacle económica.

El país feliz que pinta el INDEC

Al dibujar los índices de inflación, el INDEC, con destreza de prestidigitador, escamotea de la escena el aumento de la pobreza y de la indigencia, y presenta en su lugar un país perfecto. Las estadísticas oficiales han entrado de lleno, así, en el arte del ilusionismo. Hace tiempo dejaron de reflejar la realidad, para entrar en el mundo de la ficcionalidad.o


Si la inflación del año pasado fue, como dice la medición oficial, de 7,2%, entonces la Argentina habría pulverizado la indigencia y reducido a cifras mínimas la pobreza.

¿No se han enterado los propios argentinos del milagro económico-social del que son protagonistas? Siempre insatisfechos y quejosos, parece que todavía no se han percatado de que viven en el mejor de los mundos.

Según el INDEC, como los precios de los alimentos básicos habrían aumentado tan solo el 0,4% y los vinculados a la canasta de pobreza el 2,6%, en un año el poder adquisitivo de los hogares más vulnerables habría tenido un crecimiento histórico.

Otro dato disonante: si la inflación real del año pasado fue de 7,2%, y los aumentos de sueldo rondaron el 20%, en 2008 se habría registrado una de las mayores recuperaciones salariales en términos reales de la historia.

¿Pero entonces el asalariado argentino es más rico que hace un año? Según el periodista económico Ismael Bermúdez, de las estadísticas del INDEC se desprende que “en los últimos dos años, los trabajadores –en especial los que se desempeñan ‘en negro’- habrían tenido uno de los momentos más prósperos de las últimas décadas”.

Y anota: “Así, con los precios subiendo por la escalera y los sueldos por el ascensor, los asalariados en términos reales pudieron comprar un 29,1% más que hace dos años”.

De acuerdo a la medición oficial, a los trabajadores privados “en negro” les fue de maravilla: sus ingresos habrían mejorado el 61,1%. Descontada la inflación “oficial”, el poder de compra se les habría incrementado un 45%.

En tanto –agrega Bermúdez-, “los empleados del sector público habrían salido beneficiados en ese mismo período porque el incremento salarial promedio habría sido el 54,8%. En ese caso el poder adquisitivo habría mejorado un 33,1%”.

El periodista concluye: “De aquí se infiere que para la estadística oficial ya casi no habría indigentes y la pobreza se habría reducido de manera sustancial”.

¿En qué momento operó este milagro social, esta mejora superlativa de los ingresos de la mayoría de los argentinos? ¿Cuándo fue que, contra la sensación de la calle, los salarios le ganaron por lejos a la inflación?

Fue a partir de diciembre de 2007, fecha en que el gobierno K desplazó a los responsables del área del Índice de Precios al Consumidor (IPC) del organismo estadístico, el momento en que se inició una operación de adulteración de los índices jamás vista en la Argentina.

A partir de entonces, el INDEC, una dependencia que era respetada mundialmente por su solvencia técnica, se transformó virtualmente en un una agencia de propaganda oficial.

Desde entonces, la Argentina se quedó sin estadísticas, destruyó una de las herramientas claves para el desarrollo, con la carga del descrédito a nivel internacional.

Conclusión: se ha instalado la imagen de dos países. Uno feliz, diseñado sobre la voluntad del Poder, que con sus virtudes de prestidigitador, desea imponer la ficción permanente.

Y un país real, en el cual los problemas de pobreza se han agravado, y donde mueren 8 chicos por día a causa del hambre, aunque las mediciones oficiales se empecinen en no registrarlo.

¿Podrán empezar las clases normalmente?

Es la pregunta que se hace todo el mundo, sobre todo los padres, ante los interminables cruces entre el gobierno provincial y el gremio docente, que nunca se ponen de acuerdo. ¿Será mucho pedir que ambos actores, con espíritu generoso y cívico, allanen sus diferencias este verano para garantizar un normal inicio del ciclo escolar 2009?. ¿O habrá que resignarse a la pelea infinita?.o


Que un hecho administrativo tan primario como empezar en tiempo y forma las clases se convierta en un desafío mayúsculo, da una idea de lo mal que estamos.

Si hasta nos hemos resignado, como sociedad, a que todos los años el calendario escolar sufra postergaciones forzadas, como si eso fuera parte de nuestra idiosincrasia.

Es decir, ya que llegamos tarde para todo –mal argentino inveterado- no es disonante que eso también ocurra con el servicio educativo. De hecho el año pasado, huelga mediante, no se cumplió con los 180 días de clases, estipulados por ley.

Los gremialistas ya advierten que, en la actual situación, los maestros no concurrirán a las aulas.  El gobierno, por su parte, esgrime sus razones presupuestarias.

En rigor, ya aburren los argumentos de una y otra parte, cada uno de los cuales contienen medias verdades. Suenan increíblemente monótonos estos discursos que, fatídicamente, no pueden disimular el hecho de que la educación marcha a los tumbos.

Porque no se necesita ser un pedagogo avezado para comprobar que los chicos aprenden cada vez menos, que hay un ocaso de la escuela desde el punto de vista intelectual, moral y material.

La lógica indica que si no se puede garantizar el trámite administrativo relativo al cumplimiento del calendario escolar, mucho menos se puede esperar avances en la calidad de lo que se enseña.

Todo esto ocurre, patéticamente, en medio de una inflación verbal a favor de la educación. Políticos, gremialistas, académicos, y demás, se llenan la boca hablando de que sin educación no hay desarrollo posible.

“La cultura política argentina tiene una extraña fe en las palabras; se cree que ellas resuelven los problemas”, nos ha diagnosticado Nicolás Shumway, director de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Texas, Estados Unidos.

El aserto tiene una increíble aplicación al mundo de la educación de la Argentina: cuanto más se habla menos cosas se hacen. Algo muy parecido ocurre en el plano legislativo, donde la proliferación de leyes tapa su crónico incumplimiento.

Al gobierno provincial le cabe una responsabilidad clave en este frente. Su deber es proveer los recursos necesarios para que el servicio educativo, que es de su competencia, pueda funcionar.

En este sentido, debe extremar los recaudos presupuestarios, en el convencimiento de que la educación no es un gasto sino una inversión necesaria en la que se juega el futuro de la sociedad entrerriana.

Pero el gremio docente tampoco puede esquivar su compromiso ético con la escuela pública, a la cual dice defender. Las huelgas llevadas más allá de cierto límite son contraproducentes para ellos y los chicos.

Como hemos escrito en esta misma columna: los alumnos también aprenden de estas conductas de sus maestros. Además, la gimnasia de la protesta “no ayuda a crear un clima afectivo a favor de la escuela, necesario para recuperar el deshilachado ideal educativo”.

Por eso hacemos votos, desde aquí, para que el gobierno y el gremio docente arriben a un acuerdo, ahora en el verano, a fin de que en Entre Ríos haya un normal comienzo del ciclo lectivo 2009.

El juego de quién es más macho

Y el conflicto por la pastera entró en el laberinto. Era previsible que el divorcio entre la política y las pretensiones de la Asamblea Ambiental terminaría en una puja que pone en vilo la paz social.o


La falta de grandeza y de profundidad de miras, de una y otra parte, nos ha enredado en una confrontación interna que objetivamente beneficia a Botnia.

Nadie ha estado dispuesto a rever su conducta, a flexibilizar sus pensamientos. Conclusión: el corte de las rutas se ha convertido en el eje de la disputa.

Ahora todo pasa por ver quién es más macho. Unos enceguecidos con el desalojo a cualquier precio, otros queriendo inmolarse en una acción heroica de resistencia. Es el fin de la cordura y del buen tino.

Parece que al gobernador Sergio Urribarri le han encomendado hacer el trabajo sucio. El poder K no quiere pagar costo político alguno, y por eso ha movido el aparato que le sirve.

Esto de la “causa nacional”, está visto, ya no es funcional para el poder político. Antes los cortes eran tolerados y hasta fomentados. Ahora molestan y por eso hay que reestablecer el orden público conculcado.

Pero el gobernador se movió como elefante en cristalería. Acaso sobre-actuando su lealtad al matrimonio presidencial –como lo hizo durante el conflicto con el campo- cometió el “desliz” de decir que Botnia no contamina.

A esta altura nadie sabe si eso fue producto de un error de dicción -con lo cual no quiso decir lo que dijo-. O simplemente fue una involuntaria (acto fallido) o deliberada confesión de todo el oficialismo sobre el tema.

Entonces la escalada contra el corte fue –y así se lee en Gualeguaychú- una escalada contra la causa ambiental. Algunos creen que la ofensiva oficial –acompañada por la prensa nacional- está “fríamente calculada”.

Es probable. Aunque dada la reacción contraria que viene suscitando la conducta oficial –generando un peligroso clima de confrontación en las comunidades- parece que a Urribarri le cabe aquel dicho de Groucho Marx, un cómico norteamericano del siglo pasado que dijo:

“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después las soluciones equivocadas”.

¿Les cabe a los asambleístas una responsabilidad en el laberinto? Sin titubear, creemos que sí. Hay un enamoramiento enfermizo del corte que hace pensar que un “medio” se ha transformado en un “fin”.

Esta “fijación” con el corte –y su posterior ampliación a Colón y Concordia- revela que Gualeguaychú parece haberse quedado sin otras armas menos irritantes para pelear su causa justa.

Decir –como lo han hecho algunos asambleístas- que si se desactiva el corte se cae la causa, revela algo más que una debilidad objetiva. Muestra en realidad una encerrona mental para explorar otros recorridos.

Parece que algunos desde este lado no se han percatado del daño que le causa a Gualeguaychú, como un cuerpo que se defiende de la contaminación, insistir siempre con la misma medicina.

Hay medicinas que, aplicadas erróneamente, matan. Hace tiempo la Asamblea ha sido ganada por un espíritu intransigente, que desprecia cualquier opción táctica que no sea el corte. 

El forcejeo entre el poder político y los asambleístas, alrededor del corte de las rutas, en el que se esta jugando la paz social, nos parece un corolario patético de la sinrazón y el triunfo de la cultura del malevo.
Los dichos del filósofo griego Teofrasto (ac.375-287) resuenan hoy más que nunca: “En la sociedad, el hombre sensato es el primero en ceder. Por eso, los más sabios son dirigidos por los más necios”.