China: el gigante milenario que lidera la modernidad

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Cómo es la vida en el país más poblado del mundo. Cómo logran convivir más de 5.000 años de historia con una de las mayores redes de trenes de alta velocidad del planeta (15.000 km de extensión), una pujante clase media urbana y una cuantiosa cantidad de la población que vive en situaciones extremas; cuando el futuro se vive hoy.

Por Florencia Carbone

SHANGHAI.- A China lo llaman el gigante asiático. Y el apodo se queda corto. Todo por estas tierras es enorme e impactante. Poco importa si se trata de la historia (milenaria), el tamaño del país (su territorio es tres veces y media el de la Argentina), su población (en ese caso la cifra se tiene que multiplicar ¡por 30!) o la lengua: mientras en el español tenemos 27 letras -según la Real Academia Española (RAE)-, los chinos manejan más de 50.000 caracteres.

En una de las salas del primer piso de la embajada argentina en Pekín, el embajador Diego Guelar describió al idioma chino como “un código secreto con ideogramas, muy difícil de aprender” porque al combinarse esas “figuras” se obtienen diferentes conceptos. Y contó una anécdota: “Cada vez que voy a un edificio público y veo esos cuadros con ideogramas pregunto qué dice… todo es opinable. No hay dos personas que den la misma respuesta. La lengua es de una complejidad enorme y está hecha para que no se entienda, para complicar más que para comunicar. Y ese es un dato de identidad”.

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Luego agrega: “Un chico de 5 años en China es calígrafo (por las habilidades que desarrollan para dibujar los ideogramas) y cantante (la lengua tiene cuatro tonos diferentes)”.

La posibilidad de viajar a China -que significa “país central”- surgió a raíz de una invitación del ICBC por haber sido jurado del Premio ICBC Comercio Exterior. El año pasado, el Banco Industrial y Comercial de China -la entidad más grande del país y el mayor banco del mundo por capitalización de mercado-, organizó por primera vez el certamen que convocó a empresas de todo el país y fijó como galardón mayor un viaje de negocios e inmersión a la cultura del gigante asiático para las firmas que obtuvieran el primer puesto en las cuatro categorías.

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Los ganadores de la edición 2016 fueron: empresa corporativa, Biogenésis Bagó; mediana, Establecimientos San Ignacio SA; pequeña, Terragene; y micro, Biobárica.

El futuro, hoy

El periplo del grupo comenzó en esta ciudad casi futurística, siguió por Pekín y tuvo su escala final en Hong Kong. A lo largo de 10 días, los empresarios siguieron una agenda diseñada por representantes del banco y de la Fundación ICBC que los acompañaron durante las diferentes actividades.

China es una tierra de contrastes. No sólo respecto de nuestra cultura, sino de su propia realidad.

“Claramente hay varias chinas. Veníamos con la idea de que hay un país y dos sistemas (por el régimen especial que rige en Hong Kong) pero creo que es un país y varios sistemas por lo que nos dijeron respecto de accesos y tarifas intraprovinciales. ¡Hay un crecimiento económico fenomenal! No me queda la sensación de un exceso de construcción porque creo que había una subdisponibilidad habitacional. Cuando dicen que hay 1400 o 1600 millones de personas no tenemos que perder de vista que en esa discusión hablamos de 5 argentinas más o menos”, comenta Alejandro Reca, director de Establecimientos San Ignacio.

Definitivamente, los contrastes son los que mandan.

En una ciudad como Shanghai, la capital económica y financiera de China, con su imponente puerto (el más grande del mundo), sus torres futuristas (con sus 632 metros y 127 pisos, la Shanghai Tower es la más alta de China y la segunda del mundo. El ascensor viaja a 18 metros por segundo), y trenes de alta velocidad (para ir desde el aeropuerto al centro de la ciudad se puede tomar el Maglev, un tren de levitación magnética que viaja a 431 km/h), también se pueden visitar templos milenarios y presenciar tradicionales ceremonias del té.

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Ni qué hablar si se recorren las calles de Pekín, la capital más lejana de nuestro país: está ubicada a 19.288 kilómetros de Buenos Aires.

Allí se puede conocer una de las Maravillas de la Humanidad, como la Gran Muralla, o la Ciudad Prohibida, pero también el boom de la economía y la modernidad se hizo presente en la construcción, al mismo tiempo que sobreviven los hutongs -viviendas ubicadas a lo largo de callejones laberínticos, alrededor de un patio, en la mayoría de los casos con un baño común, similares a los conventillos-y se tiene acceso a una red supercomunicada de autopistas y un eficiente servicio de transporte público (la red de subterráneos se extiende a 40 km hacia afuera de la ciudad).

Alta velocidad

El desarrollo de la red de trenes de alta velocidad, que comunican buena parte del país, es impresionante. Por ejemplo, es posible recorrer los 1800 km que separan Shanghai de Pekín a bordo de uno de los llamados “tren bala” en algo más de 5 horas y aprovechar ese viaje para confirmar, aunque sea desde el costado, lo que la teoría cuenta: en China todo (o casi todo) está planificado.

A lo largo de los 1800 km no se ve “tierra libre”. Todo parece estar destinado a algo. Por un lado, enormes piletones donde crían peces (base de su dieta, a los que nutren con alimento balanceado) y otros tantos arrozales. Enormes plantaciones frutales. Y ciudades, muchas ciudades. Cuando en China hablan de una ciudad “pequeña”, se pueden estar refiriendo a un “pueblo” de 7 millones de habitantes. Por eso siempre es bueno preguntar a qué se refieren con “chico”.

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Otra imagen repetida (en Shanghai, Pekín, Hong Kong, las rutas, el centro y la periferia de las ciudades, en los aeropuertos y en los hoteles, en los edificios o en el medio del campo) es la de las grúas: todo parece estar en permanente construcción.

Es común ver grupos de 8 a 16 torres, de 20 pisos cada una, vacías, impecables, “a la espera”. ¿De quién?, preguntamos. “De la gente que se muda del campo a la ciudad”, respondió la guía.

La imagen sirve para entender de qué se trata la famosa clase media emergente, clase media mundial o clase media urbana. Porque en definitiva se trata de un conjunto de personas que en las últimas décadas, como resultado de un proceso de vigoroso crecimiento económico combinado con diferentes programas de asistencia social, dejó la pobreza para integrarse a las filas de la clase media en los países emergentes o en desarrollo y que entre sus principales características tiene el hecho de vivir en ciudades y modificar sus hábitos de consumo.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que reúne a los países más desarrollados, hacia 2030, ese colectivo debería ser de alrededor de 4.900 millones de personas, gran parte de los cuales vivirá en Asia Pacífico (China e India son los grandes líderes del movimiento).

Media Argentina

En el caso de China, en la última década, gracias a sus tasas de crecimiento económico a dos dígitos, cada dos años, sumó 40 millones de habitantes a ese grupo (es decir, media Argentina salió de la pobreza cada años, se mudó del campo a la ciudad, y se sumó a la sociedad de consumo).

Otra de sus características es el gusto por lo extranjero, lo que se traduce en un incremento del turismo y la decisión de probar productos de otros países. De ahí el interés comercial de las empresas exportadoras.

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Juan Tugores, catedrático de economía de la Universidad de Barcelona, un estudioso del tema, explicó alguna vez que “las clases medias globales son la principal bolsa de poder adquisitivo para las próximas décadas” y que por lo tanto conectar con sus preferencias y demandas será un punto de partida clave para las empresas con sentido de futuro global.

Guelar asegura que en China “hay un proceso de inclusión real y superior al que tienen los países capitalistas marginales, como el nuestro. Frente a Chile, Brasil o la Argentina, el proceso de inclusión acá, cada año, millones de chinos entran a la sociedad de consumo. Lograron un dato que el capitalismo no ha logrado con fundamentación capitalista. Ellos lo tienen como un objetivo de la construcción de la sociedad del socialismo con características chinas y lo están cumpliendo”.

¿Cómo nos afecta ese dato? Como pasa en todo el mundo, las clases medias emergentes aman lo extranjero, explica Guelar, y ahí es donde aparecen las oportunidades para nuestras empresas.

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“Si hiciéramos un análisis muy simplificado, hoy en China hay 300 millones de personas que forman parte de esa clase media emergente, incorporados al consumo. De esos, 130 millones ya hicieron turismo internacional. En ese grupo de 300 millones están los principales consumidores de autos y grandes marcas. En este país se venden más autos que en Estados Unidos y Europa juntos.”

Luego comenta otro dato que puede aportar tranquilidad a los empresarios: los mejores números internos compensan la caída del comercio exterior, que baja a la mitad. “Si se miran en términos comparativos los últimos dos años, crece el mercado interno. Lo que era el sector exportador pasa centralmente como contribución -64% del PBI- al mercado interno”, acota.

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Cuellos de colores

Para referirse a las diferentes clases sociales, en China apelan a una curiosa y colorida metáfora:

*Cuello dorado. Están en la punta de la pirámide, son alrededor de 120 millones de personas; están allí varios de los hombres más ricos del mundo

*Cuello blanco. Son la famosa clase media urbana; alrededor de 300 millones con buena capacidad de consumo; disfrutan de comprar especialmente productos del exterior

*Cuello azul. Alrededor de 400 millones, muchos trabajan en el sector de los servicios o son jubilados

*Cuello negro. Son 600 millones, la gran mayoría vive en la ruralidad, muchos en condiciones muy precarias.

Para graficar el consumismo de los cuello blanco, el embajador Guelar cuenta que, organizado por Alibabá (el gigante chino del comercio electrónico), el 11/11 se celebra el Día del Soltero. Ese día, en China, se concretaron ventas por US$ 18.000 millones (el 75% se hicieron desde teléfonos celulares), mientras que durante los tres días del Black Friday, Amazon, en Estados Unidos, cerró transacciones por US$ 3000 millones.

Guelar explica que lo que ha pasado en los últimos años es una suerte de presentación de China ante el mundo como una superpotencia, porque todavía es un país en vías de desarrollo.

“Está haciendo su tránsito entre los US$8000 de ingreso por año y aspira a llegar a un ingreso de entre 10.000 y US$12.000 en 2020. Es una aspiración para construir una sociedad moderadamente acomodada. Además, buscan sacar al 5% de la población de la pobreza extrema. Esos son algunos de los objetivos que fija el 13° Plan Quinquenal hacia 2020″, dice.

Todo indica que lejos de ser el final de un proceso, esto es sólo el comienzo. El gran desafío para la Argentina, sus empresas (y por lo tanto su gente y el potencial empleo que pueda surgir) es cómo enriquecer una relación hasta ahora primarizada.

 

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