Comerciantes locales se quejaron de las cargas tributarias y los súper chinos

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Los dueños de autoservicios y despensas entrevistados por ElDía contaron que la carga tributaria es muy alta, como así también los servicios. Se quejaron por lo que entienden como “competencia desleal” que les generó el desembarco de los supermercados chinos.

 

Fabián Miró

 

Flavio Martínez es dueño de un autoservicio con más de 40 años en el rubro. Afirma que cada vez se le hace más difícil seguir adelante por la alta carga impositiva, el precio de la energía eléctrica y la competencia que considera desleal por parte de los supermercados chinos.

El comerciante  hizo de su autoservicio una de las esquinas más tradicionales del barrio Sud América cuando en 1975 su padre inauguró en 1º de Mayo y San Juan el comercio. 42 años pasaron desde ese día, y en un país como Argentina, eso también significa innumerables crisis.

“Tres generaciones han pasado por este comercio, que con el correr del tiempo fue creciendo. En un principio fue una carnicería y una despensa muy chica, pero con esfuerzo llegamos a transformarlo en un autoservicio que hoy en día da trabajo a cuatro familias”, rememora Martínez.

El comerciante del barrio de Sud América describió por qué le cuesta seguir a flote

El comerciante del barrio de Sud América describió por qué le cuesta seguir a flote

Sin embargo, y a pesar de las muchas batallas peleadas, sostiene que en el presente se hace más complicado seguir adelante: “Cada vez se hace más cuesta arriba, y no por culpa de un sólo factor. La carga impositiva que llega de todos lados, la retracción del consumo por parte de la gente, el alto costo de la energía eléctrica y la competencia desleal conforman un combo desalentador”, opinó.

El costo de energía eléctrica es otro de los actores que comenzó a afectar con fuerza la economía diaria de su comercio: en enero de 2016 tenía un costo de $6000, y luego de los diferentes aumentos paga un promedio de $17.000.

“Entre los impuestos, las cargas sociales y demás responsabilidades fiscales, terminamos trabajando al día y tratando de no atrasarnos porque después nos matan con los intereses”, reflexiona el comerciante en declaraciones a ElDía, quién además propone que “en vez de flexibilizar, el Estado debería hacer más sencillo el sistema para aquellos que emprenden un negocio, sin importar el rubro siempre y cuando generen empleo genuino”, subraya.

Retracción en el consumo

En cuanto a las compras de sus clientes, comentó que “hasta no hace demasiado, el kilo de pulpa costaba $100, mientras que hoy no baja de los $140. Sin embargo, la gente sigue gastando $100. Ya no piden un kilo de algo, piden el valor monetario”, detalla antes de afirmar que “en las últimas dos temporadas se redujo entre un 30% y un 40% el consumo de carne vacuna por el aumento en las góndolas”.

Sin embargo, contó que uno de los temas que lo tiene más preocupado “es la instalación de supermercados orientales”, como los que se han abierto por todos los rincones de la ciudad.

Según Martínez, “son muchos los factores que no cumplen estos supermercados que les brindan una ventaja en el mercado a costa del perjuicio de los pequeños comerciantes” como él: “No tienen empleados, trabaja  toda la familia y, según entiendo, viven todos dentro de ese local. Por lo tanto, la competencia con este tipo de negocios termina siendo desleal. En mi caso, aparte de la mía son cuatro las familias que viven del autoservicio, mientras que ellos no pagan los aportes como lo hace cada comerciante de esta ciudad”.

“Antes, el cliente era fiel a un comercio, y no importaba si se instalaba uno nuevo enfrente. Se trabajaba con libreta para los fiados, y aún hoy sigo teniendo algunas cuentas corrientes que heredé de mi viejo y que pagan religiosamente como en el pasado”, añora.

“En la actualidad, el consumidor por una diferencia ínfima en un producto cambia y se va a otro lugar. Lo triste es que no sucede por un cambio de mentalidad en el cliente, sino porque está obligado a una situación económica imperante”, lamenta.

Los precios y la inflación

En este sentido, comentó que “la mercadería sigue subiendo, aunque no excesivamente como hace unos meses” y enseguida revela alguna de sus armas para tratar de salir del torbellino negativo: “En todo momento estamos agudizando el ingenio con alguna promoción para seguir a flote. Y eso que tenemos la satisfacción de tener una buena clientela gracias a los años que llevamos en el rubro y en el barrio”.

“El barrio está compuesto por trabajadores, operarios, docentes, personas que viven de su oficio como albañiles y pintores, y también por changarines que se la rebuscan en el día a día y que siempre se dan una vuelta en búsqueda de una oferta”, relata.

Finalmente, afirma que su principal prioridad es el pago de los sueldos a sus empleados, luego la luz, y por último el pago de las diferentes tasas. Y con todo eso, intenta seguir adelante como durante los últimos 42 años, en esa esquina de Primero de Mayo y San Juan.

En los comercios de barrio dicen que se vieron afectadas por la llegada de supermercados chinos

En los comercios de barrio dicen que se vieron afectadas por la llegada de supermercados chinos

Poco consumo y competencia desigual

Pedro Guzmán trabaja en el rubro de frutería y despensa en la zona del Corsódromo, indicó que “está todo demasiado tranquilo”, en relación al consumo. Opinó que la competencia con los “chinos es desigual. No podemos contra gigantes que ya suman 19, y según lo averiguado podrían sumarse siete más”. Dijo que se trata de un pool de compras que “hacen imposible que un despensero, un almacén de barrio, pueda hacer algo”. Agregó que, en su caso, viaja continuamente al mercado central a comprar frutas, buscando siempre el mejor precio.

En cuanto a la inflación, destacó que bajó, pero los “costos adicionales” se mantienen muy altos, en referencia a los servicios de luz y gas. Recordó que en enero abonaba alrededor de $3.500, en concepto de electricidad, y ahora paga el doble, en los inicios de la temporada veraniega. “No quiero imaginar lo que van a ser los meses de enero y febrero, donde los horarios se extienden debido al incremento de turistas y la gente que se queda hasta más tarde levantada”.

Comentó que la temporada pasada distó de ser la ideal y muy lejos de lo que uno imaginaba.

En cuanto a los impuestos, calificó como distorsivos lo que se refiere a “ingresos brutos y la tasa de comercio municipal”.

“Tenemos que trabajar sin descanso”

Guillermo Covato, titular de la despensa Don Juan, en la intersección de San Juan y Magnasco, aseguró que aquel que pretenda ganar plata, en el rubro “está equivocado”.  Indicó que a este trabajo se lo “toma como un modo de vida, porque caso contario se te da vuelta la cabeza”, porque se “trabaja de domingo a domingo”, muchas veces en “horarios inusuales”.

Dijo que “cuando la mayoría de la gente está en la playa, descansando, juntándose con amigos”,  el comerciante está  detrás de mostrador atendiendo la gente para llegar a “fin de mes, cumplir con la alta carga impositiva y los proveedores”.

Trabaja entre 14 a 15 horas diarias, para llegar a un “número que me permita seguir en el camino”, no “para guardarla en el banco”, ya que debo seguir comprando mercadería y de esa manera “tener un stock razonable y no fundirte en dos meses, como les pasó a muchos comercios de barrio a los que esta política económica las tomó mal parada y los dejó en la calle”, opinó.

Por otra parte, agregó que no “pudieron seguir pagando el alquiler, la luz se fue a muy alto costo como todo y no les quedó otra que bajar las persianas de su local”.

En su caso, aseguró que “pagar $10.000 de luz es una locura, al margen de las heladeras que tenga, pero el frío es un complemento necesario para mantener la mercadería”. En otro orden, fue muy duro con llegada de los supermercados chinos.

En relación a los precios que ofrecen los supermercados llegados del exterior, dijo que le llama la “atención que vendan casi al costo”, hecho que le provoca algunas dudas en cuanto a la “procedencia del producto”.

“No cierro al mediodía”

Gustavo Níssero, propietario de la despensa “Gauchito Gil”, con más de 20 años en el rubro en el Barrio de La Vía, a pocas cuadras de Juventud Unida (Schachtel y San Juan), en su carácter de comerciante y de directivo del Centro de Almaceneros, se refirió al momento que le toca vivir.

Sobre la llegada de supermercados orientales, comentó que hace poco, abrieron uno a dos cuadras de “mi comercio”, hecho  que en principio “afectó las ventas”, pero en líneas generales “mantengo mi clientela y los eventuales de siempre”. Igualmente reconoció que hay precios que tienen los supermercados chinos contra los que no se puede competir, porque en ocasiones venden al mismo valor que se los “deja el proveedor”.

Al frente de su local, una pizarra informa: “No cierro al mediodía”. “La verdad, no puedo tomarme un descanso, debido a que la gente que trabaja en la construcción, los docentes que salen de dar clases, los bancarios, saben que el comercio está abierto y siempre compran algo”. Indicó que una jornada normal arranca a las 7 de la mañana y termina a las 23 y acotó que “mi señora y yo somos los que atendemos”, y cuando pueden “nuestros chicos nos dan una mano”. Aseguró que trabajar, de esta manera, es la única forma para seguir en el rubro.

Níssero, además de trabajar en su despensa de lunes a lunes, cumple funciones en el Centro de Almaceneros como Vicepresidente de la gestión que tiene como autoridad máxima a Hipólito Leuze.

En referencia a los almaceneros, contó que les cuesta juntarse y cuando se logra un buen número es para “tratar de que no se instalen más supermercados  foráneos como los que tenemos diseminados en distintos puntos de la ciudad”. Al respecto, destacó que, por este tema, han concurrido al municipio donde el Intendente (Juan José Bahillo  primero, y Martín Piaggio después), nos “atendieron un par de veces, al igual que los concejales del oficialismo”.

En la casa municipal les dejaron en claro que no se “puede impedir la llegada de este tipo de comercios”, algo contra lo que no podemos hacer demasiado. En otro punto  destacó que algunos almaceneros se han enojado con el Centro, pero “no se arriman a colaborar y a trabajar juntos para no perder la fuente laboral”.

 

 

 

 

 

 

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