Un comicio más que fortalece al sistema

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¿Qué está en juego en la elección de hoy, donde formalmente se renuevan de manera parcial ambas cámaras del Congreso Nacional?

Algunos sugieren que se dirime la suerte de la coalición Cambiemos, que lleva dos años en el gobierno nacional. Otros postulan que instalará a candidatos de cara a las presidenciales de 2019.

Todo depende, en realidad, del cristal con que se mire el veredicto de las urnas. Quienes hayan resultado favorecidos, seguramente sobreestimarán el resultado electoral. Los perdidosos, en cambio, dirán que sólo es una renovación de cargos legislativos.

Una hipótesis conjetura que los votos de hoy son un referéndum de la gestión presidencial, aunque en los papeles la elección no cumpla esta función. En todo caso habrá que preguntarse cuánto condicionará el resultado electoral al gobierno en sí.

Suponiendo que se confirmara lo que sucedió hace dos meses, en las PASO, cuando el gobierno de Macri superó el test electoral, los analistas sostienen que no obstante deberá pactar con el peronismo si quiere llevar adelante las reformas económicas y sociales que pretende.

De hecho, aunque el oficialismo hiciese una elección utópica, cosechando el 100% de los votos, no lograría tener mayoría propia en el Congreso, porque sólo se renuevan algunas bancas por provincia.

Existe la posibilidad, por otro lado, de que Cambiemos sufra un revés electoral, en cuyo caso se instalaría un escenario complicado para el gobierno, a la luz de la experiencia histórica argentina.

En efecto, las elecciones de medio término (legislativas) remiten a situaciones de inestabilidad política en Argentina cuando el gobierno no es de signo peronista.

Desde la vuelta de la democracia en 1983 los presidentes no peronistas que perdieron progresivamente el poder político, debieron terminar sus mandatos antes de tiempo. Se cree que a esa debilidad conduciría que el actual gobierno pierda hoy las elecciones legislativas.

Para algunos politólogos, en estas legislativas se define el porvenir del proyecto político que encarna Mauricio Macri. Una derrota no sólo bloquearía una eventual reelección en 2019, sino que pondría en tela de juicio la gobernabilidad de los próximos dos años.

Por lo demás, hoy no es un día más, o no debería serlo. En principio porque es un logro que los ciudadanos puedan pronunciarse libremente en las urnas, como expresión democrática, y como ejercicio de un derecho consagrado por la Carta Magna.

Desde el punto de vista institucional, es una buena noticia que cada ciudadano pueda elegir libremente qué desea para Argentina. La legitimidad del sistema político reside en el hecho de que la soberanía descansa en la voluntad ciudadana, que es en teoría la titular del poder.

La democracia, efectivamente, supone en esencia el mando del “demos” (pueblo), quien ejercita su poder eligiendo a quien ha de gobernarlo, a través de elecciones libres.

Se diría por tanto que la calidad de los gobiernos -y sus políticas- se corresponde estrechamente con el discernimiento de los votantes, su cultura y nivel de información sobre los problemas públicos.

Y en este caso se trata de cumplir con los deberes que van unidos al derecho al voto. Aquí ya no se trataría de la probidad o idoneidad de los representantes que se postulan para ser electos, sino más bien de la conciencia de quienes tenemos que elegirlos.

Este sistema, inspirado en la tradición griega, postula que todo progreso de la sociedad depende, esencialmente, de la calidad de la ciudadanía, quien decide sobre la calidad de la representación política.

 

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