Corte que denuncia déficit de infraestructura 

Caño roto ADENTRO

El corte en el suministro de agua potable, que ha puesto en vilo a la comunidad, más allá de la gestión puntual del servicio, en el fondo revela que la red pública peca de obsolescencia.

La recurrencia de distintos incidentes en la prestación de Obras Sanitarias para esta época del año –que coincide con incrementos de la demanda por turismo- muestra que el sistema exhibe debilidades estructurales.

Cuando el consumo supera determinado umbral siempre algo falla en la red de agua corriente que, según el juicio de los expertos, muestra signos de evidente fatiga. En concreto los caños se rompen porque son viejos y urge su recambio global.

Se ha convertido en un tópico vecinal el diagnóstico de que la red de agua potable de la ciudad –por falta de inversiones que no se han hecho para su modernización- es insuficiente o no está a la altura del crecimiento poblacional de Gualeguaychú.

Se suele escuchar al respecto que los caños tienen un diámetro pequeño, son tan antiguos que en cierto punto se han vuelto obsoletos, de suerte que se rompen cuando se dilatan en verano o cuando se contraen en invierno.

El dilema es que una renovación completa de la red de agua más antigua es una obra costosísima, que insumiría ingentes recursos públicos, razón por la cual los gobiernos locales, siempre en crisis presupuestaria, sólo atinan a realizar parches para salir de las emergencias por cortes en el servicio.

En todo caso las inversiones que se hacen en el sector siempre van detrás del déficit del sistema, el cual tienden a agravarse con el  paso del tiempo, porque todos los años más vecinos se conectan a la red.

La red de agua conforma con otros sistemas claves, como la red eléctrica o las calles, lo que se denomina “infraestructura urbana”. La etimología es sugerente desde el punto de vista político: ‘infra’ significa ‘debajo’.

Es decir son realizaciones humanas que sirven de soporte para el desarrollo de otras actividades cuya característica en el caso de las redes de agua y cloaca, es que “no se ven”, ya que quedan virtualmente enterradas, y al mismo tiempo suelen ser muy costosas.

Por estas dos razones las administraciones locales tienden a sustituir estas obras por otras electoralmente más impactantes (visibles y baratas). De hecho, los ciudadanos no suelen exigir, en épocas de elecciones, este tipo de inversiones en infraestructura básica.

La dirigencia política de Gualeguaychú, ¿qué piensa de estas cosas? ¿Está conforme con la infraestructura urbana doméstica, que incluye aspectos sanitarios, viales y energéticos, entre otros?

¿Cree esa dirigencia que dicha infraestructura se corresponde con el actual desarrollo poblacional y social? ¿Qué planes tiene para la modernización y expansión de la misma para los próximos 50 años?

Por otro lado, ¿es sensato promocionar turísticamente una ciudad que no tiene provisión normal de agua y energía, por ejemplo? ¿Alguien, acaso, se ha planteado que es momento de encarar la construcción de una nueva planta de Obras Sanitarias, pensando en las próximas generaciones?

¿Quo vadis Gualeguaychú en materia de infraestructura básica? ¿Alguien ha hecho el cálculo de la inversión millonaria que habría que hacer en los próximos años?

Dicha inversión implicaría remediar el déficit en infraestructura acumulado por décadas y al mismo tiempo proyectar la ciudad del futuro, dotando a Gualeguaychú de modernas redes viales, sanitarias, hidráulicas, energéticas y digitales.

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