Cuando Gualeguaychú fue ascendida a ciudad 

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El 4 de noviembre de 1851, Justo José de Urquiza, por entonces gobernador de Entre Ríos, dictó un decreto elevando la villa de Gualeguaychú a la categoría de ciudad.

El 4 de noviembre de 1851, Justo José de Urquiza, por entonces gobernador de Entre Ríos, dictó un decreto elevando la villa de Gualeguaychú a la categoría de ciudad: “Art. 1° Desde el día de la fecha de esta resolución, la Villa de San José de Gualeguaychú queda erigida en Ciudad y en el goce de las prerrogativas y escenciones que como á tal le corresponde”, así reza el decreto.

De esta manera, la villa hispana fundada por Tomás de Rocamora en 1783, en virtud de la dinámica mercantil que había adquirido tras casi 70 años de vida organizada, daba así un giro decisivo hacia la modernidad.

Atrás había quedado ese caserío de ranchos de adobe y paja, que llevaba una vida apacible y que durante los años de anarquía vio pasar por sus tierras varios ejércitos.

Es que “la villa de San José de Gualeguaychú, por la extensión de su población, por su comercio y por los importantes servicios que ha prestado, es acreedora a las consideraciones y alto aprecio del gobierno”, refiere el decreto oficial que hoy se conmemora.

La decisión de Urquiza revelaba, en principio, que esta localidad a mediados del siglo XIX ya sobresalía por su dinamismo en el conjunto provincial. Pero los historiadores marcan también el hecho de que era de la preferencia del gobernador, al punto que Gualeguaychú se convirtió en el escenario del proceso previo a la batalla Caseros.

Hay que pensar que pocos meses antes, concretamente el 1º de mayo de 1851, el caudillo entrerriano, a través del célebre “Pronunciamiento”, había desafiado el poder del gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas.

En ese contexto eligió a Gualeguaychú para ajustar los preparativos del Ejército Grande. Fue así que se reunió en la Isla Libertad, a fines de junio de 1851, con los aliados militares (uruguayos y brasileños).

Pero Urquiza dio un paso más: por decreto del 4 de noviembre elevó a Gualeguaychú a la categoría de ciudad en tono encomiástico, alabando su desarrollo y sobre todo su lealtad a la causa federal.

El historiador Gustavo Levene sugiere que la preferencia de Urquiza por este pueblo se reforzaba por razones particulares: “Los vecinos de la villa de Gualeguaychú, que un decreto especial de Urquiza asciende a ciudad, malician que la causa de tantas novedades se llama Dolores Costa, una joven de veinte años que allí vive, hija de un inmigrante genovés y una criolla (…) Y esta vez parece que el asunto va en serio (…) El seductor de siempre ha caído seducido (…) El romance va a fructificar en muchos hijos”.

Pero hay otra medida de trascendencia, cuya autoría corresponde al caudillo entrerriano, que hace que Gualeguaychú apure su tránsito de villa hispana a ciudad liberal y mercantil.

Un año más tarde, en 1852, el vencedor de Caseros proclama la “libre navegación de los ríos”, una vieja aspiración federal de las provincias litoraleñas contra la hegemonía de la Aduana de Buenos Aires, mantenida férreamente hasta entonces por Rosas.

Era lo que necesitaba el puerto local para salir del letargo en que lo sumía la política centralista porteña, que con su sistema de puerto único y clausura de los ríos interiores, de cuño colonial, condenaba al resto del país al estancamiento económico.

La medida de Urquiza marca el comienzo de una asombrosa prosperidad para Gualeguaychú, a partir de que su puerto de cabotaje empieza a funcionar a pleno.

Es el momento en que se instaura el modelo ciudad-puerto, que no sólo hace fluir riqueza sino que “europeíza” a la sociedad nativa, con el ingreso de extranjeros provenientes del Viejo Continente.

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