Cuando la inflación se vuelve inmanejable

Inflación nota BarroetaveñaLa economía de Venezuela ha entrado en una espiral inflacionaria que no parece tener techo. Algunos advierten que se encamina raudamente a una situación de descontrol muy parecida a la que sufrió en el pasado Argentina.

El gobierno de Nicolás Maduro ha decretado el quinto incremento del salario mínimo en menos de un año. Es un aumento anualizado de 536%, que sin embargo no logra compensar la espectacular subida de precios en el mismo período.

Cuando la inflación supera guarismos que se consideran manejables y los incrementos de precios se vuelven incontrolables, se presenta el fenómeno denominado “hiperinflación”.

La economía venezolana presenta toda la sintomatología de este mal largamente estudiado por la ciencia económica y el cual los argentinos hemos padecido hace poco más de 20 años.

Uno de los indicadores de la hiperinflación se vincula al hecho de que los salarios deben reajustarse varias veces durante un corto período de tiempo, ante el alza diaria de los precios de los productos.

Dentro de esta lógica se inscribe la reciente medida del gobierno bolivariano de decretar un aumento del 50% en el salario mínimo a partir del 15 de enero, la quinta suba en menos de un año.

La medida pretende impedir el deterioro del poder de compra de los salarios frente al alza generalizada de precios. El gobierno de Maduro no da cifras oficiales sobre la inflación, pero los analistas privados dicen que viene batiendo récords.

Las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) para 2017 hablan de una tasa de inflación del 2.200 % (30% mensual). En tanto que para los años siguientes calcula que el problema se agudizará hasta llegar a 4.600% de inflación.

Argentina, un país que viene sufriendo la inflación desde hace por lo menos 70 años, conoció los males de la hiperinflación, que básicamente entrañan una descomposición del sistema económico.

Los episodios hiperinflacionarios domésticos de 1989 y 1990 están presentes en la memoria de mucha gente, ya que los precios se reajustaban varias veces por día y el peso argentino perdía totalmente su valor.

En el año 1989 la inflación anual promedio de Argentina fue de 3.079%. Los precios se multiplicaron por 50, tomando diciembre de 1989 contra diciembre de 1988.

El año 1990 no fue mucho mejor, la inflación anual promedio fue del 2.314%, aunque si se compara diciembre de 1990 contra diciembre de 1989, los precios “solo” se multiplicaron por 14.

La economía venezolana está mostrando otro rasgo típico que acompaña a los proceso de alta inflación: los poseedores de moneda del país tratan de convertirla en divisas extranjeras y remitirlas al exterior.

Desde 2003, cuando gobernaba Hugo Chávez, rige en Venezuela el control de cambio, como mecanismo para impedir la salida o fuga de capitales.

Pero la medida no impidió que los dólares huyeran del país caribeño, provocando un severo déficit de divisas que afectó su aparato productivo. En 2003 los venezolanos tenían en el extranjero menos de 53.000 millones de dólares. Una década después, ya tenían acumulados 175.000 millones de dólares.

En Argentina la persistente inflación, que básicamente supone el envilecimiento de la moneda (peso), hizo que los habitantes adoptaran el dólar como moneda para ahorrar (reserva de valor) y para tasar bienes (unidad de cuenta).

No fue casual, al respecto, que para frenar el proceso hiperinflacionario el Estado decidiera en 1991 sancionar una ley que ató el peso al dólar (el famoso 1 a 1 de la convertibilidad).

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