Cuba, una democracia alternativa

CubaEl corrupto proceder de las democracias, hoy enaltecidas por los demócratas millonarios, descansan tranquilas sus espaldas en las impensadas reformas constitucionales, que deberíamos comenzar a tratar para restablecer la seguridad de una democracia eficaz y verdadera.

 

 

Facundo Riera

Opinión

 

 

En vez de eso, tratamos a las Constituciones con la misma cautela que los monjes copistas a los antiguos evangelios. Todos sabemos que las normas jurídicas están sujetas a espacios y momentos concretos. Pues bien, estas han quedado desfasadas, completamente obsoletas; ya nada en la Constitución puede asegurarnos el castigo por fraude político, o regular la fuga de capitales, o los niveles de endeudamiento, o la mentira en los medios de comunicación, por poner ejemplos.

En el año 2002, en Cuba, se llevó a cabo un referéndum para que la Constitución del año 1976, donde se define Cuba como un “Estado Socialista”, sea ahora “irrevocable”. Fue votada de manera unánime por los 560 diputados y diputadas que entonces integraban la Asamblea Nacional de Poder Popular, pero además el plebiscito fue acompañado por la firma de casi 9 millones de cubanos. Por lo tanto, Cuba es un “Estado Socialista” por ley magna, y para siempre. Ya nada ni nadie puede imponer en aquella isla un sistema capitalista: primero porque casi la totalidad de sus ciudadanos no lo desean, sea cual fuere quien gobierne el país; segundo porque de esa manera se aseguran los ciudadanos de que la Constitución los tenga a ellos como primer interés; y tercero, el hecho de que se manifieste por escrito la intención socialista, impide que se la pueda catalogar de imposición autoritaria por los masturbadores del capitalismo, que se disfrazan de demócratas, pero, frente al flagelo de la pobreza o el desempleo, miran para arriba y de manos en los bolsillos.

En Cuba no existe el político millonario ni mucho menos, porque allí los candidatos y candidatas no bajan a la sociedad como dioses omnipotentes provenientes del Olimpo comunicacional. Allí el pueblo no vota a presidentes/tas, sino, cada dos años y medio, elige a vecinos representantes de su comuna para las Asambleas Municipales, especie de concejo barrial donde se dirimen los problemas cotidianos, desde los más simples hasta los más controversiales. También, cada cinco años, eligen representantes para la Asamblea Nacional de Poder Popular (lo que equivale a nuestra Cámara de Diputados). El Partido Comunista de Cuba (PPC), único partido de la isla ya que único es el sistema de gobierno, no interviene en las elecciones; se atiene al papel de contralor para que los dirigentes políticos elegidos no se desvíen del mandato constitucional, el socialismo.

 

Te puede interesar: Trump, eufórico y polémico: “La construcción del muro ya comenzó”

 

 

Los políticos que mal usufructúen el cargo responderán ante el municipio por el cual fueron elegidos, este se encargará de dar castigo terrenal a sus representantes.

En Cuba no se destina un solo peso para  propaganda política de los diferentes candidatos; solamente se pegan afiches, en lugares públicos, con las fotos de los candidatos y breves reseñas biográficas y curriculares de cada uno de ellos. Otra diferencia esencial con nuestro sistema de elecciones es que el voto cubano es secreto y universal, pero no es obligatorio.

Cualquier persona con más de 16 años, piense como piense,  sea afiliado al PCC o no, puede postularse o ser postulado por otro vecino para integrar las asambleas municipales.  Los vecinos saben quiénes son los que se interesan por la política y el bienestar del barrio. Participación e interés genuino los mueve, porque ninguno de ellos puede enriquecerse en política; a lo sumo si estos alegan un consumo completo de su tiempo por la actividad política, el Estado mismo les da la posibilidad de que dejen de trabajar en su empleo original pero recibiendo el mismo salario de aquel trabajo. Por lo tanto no se toma  a la política como escalera de ascenso social-económico. Y estos dirigentes no dejan de ver a sus vecinos en las calles, en el trabajo, en las escuelas o en las universidades, porque todos ellos continúan viviendo y trabajando en su barrio. Además, son elegidos cada dos años y medios y una vez acabado sus periodos, excepto reelección mediante, vuelven a su labor cotidiana.

Aquel que desempeña la actividad política es igual de importante que aquel que desempeña la actividad de mecánico, docente, albañil, médico, etc. No tiene ningún tipo de  beneficios ni privilegios o cualquier otro tipo de obsequios, como las constituciones capitalistas estimulan. Sepamos que en Cuba no solo los políticos no son millonarios, no hay deportistas millonarios, no hay artistas millonarios, no hay famosos de tele millonarios. No tiene por qué ganar más una persona que le pega bien a la pelota que un albañil que pega bien un ladrillo, y eso para la inmensa mayoría de los ciudadanos cubanos se llama democracia.

Soy consciente de que es este signo de igualdad lo que más molesta a los feligreses de Adams Smith, precisamente que no exista la posibilidad de acumulación de dinero y bienes materiales. Pues bien, sabemos que para muestra de lo que el capitalismo es capaz de hacer está el resto del mundo con su máximo exponente, EE.UU, a la cabeza. En cambio, hay un país, uno solo, chiquito, geográfica y comercialmente aislado, de once millones de personas apenas, que intenta estimular otro capital, el más sublime de todos: el humano, y por eso lo defenestramos. Buscamos en la galería de artilugios hipócritas excusas como la “dictadura cubana”, la pobreza material, la prostitución, incluso traemos relatos de descontentos cubanos con intención de convertirlos en voceros de todo un país. Pero en ese afán hiperbolizado de anticubano relegamos datos sustanciales: como por ejemplo que los niños sean parte del patrimonio cubano y por ende sean cuidados por todos los adultos; la bajísima tasa de homicidios como fruto de un denodado intento de igualdad. La tasa de mortalidad infantil más baja de toda América Latina y la tasa de alfabetización entre las más altas del mundo. Omitimos la belleza del hecho de que cualquier persona pueda acceder a los máximos conocimiento de educación universitaria. Negamos el justo precepto de que todo aquel que tenga su salud comprometida pueda ser gratuitamente sanado, (en Cuba hay “590 médicos por cada cien mil habitantes”). Y pasamos por alto también, que absolutamente todos sus ciudadanos tengan un techo y un trabajo.  Acaso no es esto DEMOCRACIA (así, con mayúsculas).

Nos llenamos la boca hablando de la gente que no tiene para comer en cualquier parte del mundo y de la corrupción gubernamental como consecuencia directa del flagelo; pero cuando un sistema de gobierno nos pide, como solución al hambre, la renuncia a privilegios secundarios que nada han logrado para el bien de la humanidad (autos últimos modelos, internet libre y gratis, celulares y otros artículos suntuosos de importación); entonces, de rostros airados y ojos inyectados de sangre, vociferamos como una plegaria a las cúpulas del cinismo: ¡Dictadura.. dictadura…!

Comentarios

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.