Cultivar alimentos, pero sin tierra

Hidroponia entrevistadoDe qué se trata y cómo funciona la hidroponia, el método en el que el agua es la principal protagonista. Ramiro Di Luzio cuenta qué hacen en “Del agua venimos”.

 

Florencia Carbone

 

 

“Hidroponia. Del griego: hidro, agua; ponia, trabajo. Literalmente significa trabajo en el agua, pero a los fines prácticos, es una técnica de cultivo de plantas sin tierra.”

El que habla no es Mariano Grondona con sus célebres lecciones televisivas sobre el origen de las palabras. Es Ramiro Di Luzio (27 años), alma mater de “Del agua venimos”, un emprendimiento de cultivo hidropónico de hortalizas libres de agroquímicos en Pablo Nogués, provincia de Buenos Aires.

La historia de Ramiro podría haber sido la de muchos estudiantes exitosos que cuando terminan su carrera universitaria (en este caso una Licenciatura en Administración) ingresan a una multinacional y trabajan allí, mientras escalan posiciones, por el resto de sus vidas.

¿Cómo fue que con esa carrera en marcha decidió dar un cambio sustancial a su vida y sumergirse en una actividad que pocos conocen? “Trabajaba en una multinacional y un amigo que hacía esto en Brasil me propuso una idea relacionada con la hidroponia. Me voló la cabeza –dice sonriendo-. Me di cuenta de que lo mío iba por ahí. Así que me fui a laburar a Brasil, hice un curso (con la gente de Verde al cuadrado, unos de los pioneros del tema en la Argentina), y fue así como nos lanzamos con mi familia al mundo de la hidroponia, emprendiendo desde cero y aprendiendo día a día”, relata.

Mientras recorre los pasillos del invernadero que tienen a pocos kilómetros de Panamericana y Ruta 197, Ramiro explica de modo apasionado en qué consiste la hidroponia, cuáles son los pasos a seguir y las ventajas del método.

Para crecer, las plantas, necesitan principalmente de luz, agua, nutrientes y un medio para sostenerse. El medio más común es la tierra, pero la hidroponia es una técnica de cultivo en agua que prescinde de la tierra como vehículo transmisor de nutrientes. De esta manera, las plantas evitan el contacto con malezas o plagas presentes en el suelo.

 

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El cultivo se compone de una serie de canales conectados a un sistema de riego cerrado (al agua se le agregan sales minerales para enriquecerla).

¿Cómo comienza todo? Ramiro cuenta que la siembra se hace sobre una espuma fenólica (similar al oasis que se utiliza para los arreglos florales, aunque mucho más porosa), inerte y con PH neutro, que se hidrata con agua y una vez que germina se le agregan nutrientes.

Así se suceden siembra, germinación y maternidad (período en el que empiezan a recibir agua y un poquito de nutrientes).

¿Cuáles son las ventajas del sistema desde el punto de vista del consumidor y del medio ambiente?, preguntó El Día.

“Los beneficios son múltiples. Para el consumidor, que son plantas con un aporte nutritivo, color, textura y sabor superiores. Tienen mayor perennidad e higiene, están libres de pesticidas y reciben plantas vivas. De hecho, la planta se entrega con raíz lo que además de hacer que mantenga su calidad nutritiva y llegue más fresca, después de consumir esas hojas, se puede trasplantar y tenés una segunda tanda de verdura. Para el medio ambiente, lo más importante es que promueve una agricultura ecológica y sustentable, disminuye el espacio físico necesario para cultivar, se reduce el consumo de agua (el sistema es de recirculación), y se evita la erosión y cansancio de la tierra”, responde.

 

Las tres R

Destaca que “Del agua venimos” integra una red de organizaciones que se ocupan del cuidado del medio ambiente, adoptando reglas de ahorro de energía, consumo responsable de agua, separación de residuos reciclables, utilización de bolsas 100% biodegradables a base de almidón de maíz, recolección de agua de lluvia, compostaje con desechos orgánicos y las 3R de la ecología (reduce-reutiliza-recicla) y que fueron distinguidos con el sello oro en la certificación #oficinaConsciente de la ONG Eco House.

¿Qué se puede cultivar a través de la hidroponia? ¡Todo!, dice Ramiro y enumera: tomates, berenjenas, pimientos, frutillas. Aunque explica que con el tipo de perfil que utilizan ellos, básicamente plantas de ciclo corto y verduras de hojas. “Tenemos cuatro variedades de lechuga (mantecosa, francesa, morada, escarola), albahaca, rúcula, berro, radicheta y también probamos acelga y rabanitos. Todo sale espectacular pero la lechuga es lo que más rinde”, detalla.

Una planta de lechuga hidropónica (de 250 gramos promedio) la venden a $20. “El precio de la lechuga es muy fluctuante y no nos manejamos con el precio del Mercado Central”, aclara.

Luego, comparte otro dato: “Hacemos siembra biodinámica. Se rige por el calendario biodinámico de Rudolf Steiner, que toma en cuenta el movimiento de los astros y el ciclo lunar para las tareas agrícolas. Respetamos el momento de la siembra, que es lo más importante. Sembramos en los días y horarios que indica el calendario”.

Ramiro explica que la inversión para que una familia pueda generar sus propios alimentos a través de este método no es muy elevada. “Se puede hacer en caños de pvc o también usar un sistema que se llama raíz flotante (en una suerte de piletones) que requiere de una inversión mucho menor aún”.

 

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Comenta que en Buenos Aires el gobierno está fomentando este tipo de cultivos y para hacerlo empezó por las escuelas. “Hay alrededor de 6 establecimientos que tienen hidroponia en Capital. Los que coordinan ese proyecto son los chicos de Verde al cubo”, dice.

El recurso, una técnica antiquísima que se dice fue la que aplicaron para desarrollar los jardines colgantes de Babilonia y los flotantes de los aztecas en México, permite generar volumen de alimentos en poco espacio y puede transformarse en una interesante solución para uno de los principales problemas de la humanidad a mediano plazo: la falta de comida.

Con pronósticos que indican que el 70% de la población mundial vivirá en zonas urbanas en 2050, las proyecciones señalan que los productos agrícolas no podrán satisfacer la totalidad de esa demanda creciente.

La agricultura en las ciudades –de la mano de fenómenos como la hidroponia-, podría ser parte de la solución para ayudar a superar la escasez de tierra cultivable y agua potable que los expertos vaticinan que habrá en el futuro, y disminuir la contaminación y los problemas de sequía.

El contexto reserva entonces un papel protagónico para la hidroponía, quizá mucho antes de lo pensado.

 

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