De la apariencia al culto de la imagen

El verano es, de todas las estaciones, la que más nos pone en contacto con nuestro cuerpo. Se genera cierta liviandad en la ropa que se usa, producto del calor, como así también mayor conciencia de nuestra corporalidad.o


Por Joaquín Rocha

Las personas, en general, comienzan a preocuparse por su apariencia. Ese conjunto de características físicas y estéticas hacen que cada uno sea percibido como diferente del otro. A pesar de ser un factor importante en el desarrollo de la personalidad y las relaciones sociales, como signo de individualidad del ser de cada uno, la cultura de la imagen suscita que las personas se conviertan en mercadería en serie, salida de una fabrica, lista para la venta.

El sentimiento de pertenecer a la estética que dicta la cultura y las respectivas subculturas (tribus urbanas y ghetos) resulta tan fuerte, que nadie, o muy pocos, logran resistir a las presiones que emanan desde los estereotipos impuestos, que determinan los criterios populares sobre los criterios propios.

La moda, como definición de lo que es bello o no, marca la "mirada en el espejo", que cada uno tiene de sí, tornándose en una obsesión para muchos.

La cultura es hacedora de una imagen que la mayoría de las personas procura alcanzar como fin. Esto nos confirma que existe una "imagen positiva", y otra que no lo es; según la definición de belleza que, en este momento histórico, esta dando la sociedad. Hoy, un "perfil correcto" motiva que las personas se sientan alguien o se identifiquen con él, fomentándose, así, una amenaza que atenta contra lo que cada uno es. La masificación provoca la pérdida del ser único e irrepetible.

Son tiempos de cuerpos de pasados por el gimnasio o por los quirófanos. La industria de la belleza otorga grandes dividendos a algunos. El culto a la imagen se vivencia en forma exagerada. La publicidad sabe qué resortes psicológicos tocar, haciéndonos creer que, de nuestra apariencia física, depende nuestra autoestima.

No esta mal el cuidado personal, la higiene, la preocupación por una buena salud, pero es preciso discernir qué queremos y qué necesitamos realmente. No sólo la apariencia debe ser tomada en cuenta, sino también otros aspectos de la personalidad. Vale tanto ocuparse de lo físico como de lo psíquico y lo espiritual: mejorar nuestros aspectos y actitudes negativas, y desarrollar habilidades comunicacionales, tan útiles para enriquecer los vínculos afectivos y sociales.

"Ya no eres considerado por quien eres realmente, sino, más bien, por la falsa impresión de tu vestimenta, tu calzado, tu color de pelo, maquillaje, y hasta el perfume que usas. Hemos creado un culto a la imagen que ha convertido lo que en un tiempo fueron nuestras diversiones en ansiedades", afirma el Dr. Wilfredo G. Santa, en su blog Ciencia y Salud.

Ser delgado, actualmente, marca la diferencia entre ser considerado o no, dado que  a la delgadez se la asocia con el éxito personal. Ser "flaco" es un objetivo que, a veces, deriva en patologías alimentarias como la vigorexia, anorexia y bulimia. 

Los jóvenes y los no tan jóvenes piensan que no sólo es fundamental tener un buen cuerpo para sentirse bien, sino que, sobre todo, "si no lo tenés, no existís". Se deja más lugar al parecer que al ser. La imagen que los demás elaboran de alguien se torna más importante que su propia personalidad y hasta, incluso, se confunde con ella.

"Las investigaciones señalan que este culto a la imagen proviene de factores de interacción familiar que se han ido imponiendo en la sociedad moderna. Constantemente muchos padres les están mostrando a sus niños que lo más importante es que los demás tengan una buena opinión de ellos. Por lo tanto, lo único que vale es mostrar una faceta positiva de uno mismo" (Alfredo Ruiz, psicólogo clínico y psicoterapeuta).

No podemos pasar por alto que la mirada que se tiene de uno mismo, la autovaloración, depende, en gran medida, de la mirada que tuvieron nuestros padres.

Asumirse tal cual uno es una tarea positiva de cada día. Lo más sano es ayudar a los hijos a descubrir el propio valor y que no se definan por lo que los demás opinan de ellos; que aprendan a tomar el punto de vista de los demás como información y no como un juicio.

Para esto, son necesarios padres que no practiquen el "haz lo que yo diga y no lo que yo haga", y que no hagan, del culto a la imagen y de las apariencias, su modo de vida.

 

 

* Editorial San Pablo – Revista On Line – Año V Edición Nº 375

Psicólogo especialista en Educación para la Comunicación

 

 

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