Del cuartel a la cocina y de la play a Afganistán: el camino de la tecnología

BOLIGRAFO

El mundo militar fue durante años la cuna de los principales avances tecnológicos para toda la población pero hoy la tendencia parece haber cambiado y es el ámbito civil el principal “inventor”. Cómo y por qué nacieron el horno microondas, el bolígrafo o internet.

 

Florencia Carbone

 

La tecnología no es de quien la inventa, sino de quien la necesita. Sí, los amantes del cine estarán reclamando una rápida (y doble) aclaración: la frase original hacía referencia a la poesía, y el diálogo se da en una de las exquisitas escenas de la película “El cartero” (Il postino), cuando Mario Ruoppolo, el encargado de llevarle la correspondencia a Pablo Neruda, admite ante el exiliado poeta chileno haber usado sus poemas para enamorar a Beatrice, una de las jóvenes del pequeño pueblo del sur de Italia.

Pero el ejemplo resulta perfecto. Aunque los tenemos incorporados a la rutina diaria con tanta naturalidad que ni siquiera nos detenemos a pensar qué sería de nuestra vida sin ellos, inventos como el horno microondas, el radar, los satélites, el GPS, internet, las conservas de alimentos y hasta el bolígrafo o el reloj pulsera, nacieron como proyectos militares (aunque tal vez sería más preciso decir por necesidades militares).

 

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Por caso, cuentan que los bolígrafos fueron creados para que los pilotos pudieran tomar notas en pleno vuelo o que los relojes pulsera se inventaron porque los artilleros necesitaban consultar los minutos entre disparo y disparo cuando lanzaban sus cañones contra el enemigo.

Otro ejemplo parecido es el de Internet. Sus comienzos se remontan a 1969, cuando el Ministerio de Defensa de Estados Unidos creó Arpanet, su predecesora.

El objetivo del gobierno norteamericano era contar con una red sin ningún centro neurálgico para que no pudiera ser atacada al tiempo que permitiera una comunicación segura entre los distintos organismos.

 

MICROONDAS

 

Otras grandes creaciones fueron fruto de la casualidad, como ocurrió con el horno microondas. Dicen que Percy Spencer, héroe de la II Guerra Mundial, lo descubrió casi sin querer, cuando ya había terminado la guerra.

Spencer estaba en el laboratorio de una compañía norteamericana en la que había un magnetrón -aparato capaz de producir microondas con el fin de detectar aviones en la oscuridad-, y cuando se acercó al mismo, el chocolate que tenía encima se derritió. El militar pensó que los hechos estaban relacionados y decidió acercar una bolsa de maíz al magnetrón. Además de obtener pochoclos al instante, dio vida al microondas.

Durante muchos años quedó en claro que el mundo militar (o de la defensa) era el de la creación de alguno de los principales avances tecnológicos que después disfrutaba toda la población. Sin embargo, eso parece estar cambiando.

 

Nuevos tiempos

“Antes los ejércitos inventaban y después todos lo aprovechábamos, pero eso ya no es así. Podemos decir que la tendencia se ha invertido. Ahora el trasvase tecnológico es más de lo civil a lo militar y, además, las líneas se han difuminado”, dijo hace poco el capitán Carlos Calderón, de la Subdirección General de Planificación, Tecnología e Innovación del Ministerio de Defensa de España, en un reportaje que publicó El País.

Para fundamentar el cambio, en el artículo se apela a los números y se sugiere mirar el gasto público: mientras en 1994 los gobiernos invertían 3,2% del PBI mundial en presupuestos de Defensa de acuerdo con el registro del Banco Mundial, hoy en día esa cifra se redujo a 2,2 por ciento.

 

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Y luego se detalla el gasto por país: en España el descenso en ese período va de 2,2 a 1,2%; en Estados Unidos de 5,4 a 3,3%; en Francia de 3,4 a 2,3% y de manera menos pronunciada en China, de 2,5 a 1,9 por ciento.

Pero al mismo tiempo se destaca el aumento simultáneo del gasto público en Investigación y Desarrollo (I + D), lo que significa que de modo paralelo, mientras el gasto militar descendía, la innovación civil ganaba espacio (y partidas) hasta ubicarse casi en igualdad de condiciones: 2,1% del PBI mundial.

Se destaca el caso de España, país en el que en los ‘90 el gasto en I + D apenas llegaba a 0,7% del PBI y hoy supera el 1,8 por ciento.

 

Tecnología privatizada

Pero en la nota de El País se destaca otro factor importante: esos datos no incluyen a las empresas privadas, que en la actualidad son las principales promotoras del avance tecnológico en casi todos los ámbitos.

Se cita el caso de Microsoft, que invierte alrededor de 12.150 millones de dólares al año en I + D, más que todo el presupuesto de Defensa de España para 2017.

Con el paso del tiempo también se intensificó la colaboración y el intercambio entre organismos militares y empresas o instituciones académicas para la investigación y adaptación de innovaciones.

En el caso de Estados Unidos, por ejemplo, la NASA o DARPA (la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de la Defensa) trabajan con el sector privado. Se menciona el caso del intercambio con SpaceX, la empresa aeronáutica de Elon Musk (cofundador de PayPal –uno de los sistemas de pagos electrónicos más grandes del mundo- y de Tesla Motors –compañía que diseña y fabrica autos eléctricos- entre otras empresas).

Se cuenta que casi cualquier proyecto de DARPA tiene hoy en día socios privados, y como ejemplo se comenta el de una de sus últimas investigaciones en sistemas de defensa antidron, donde dos de los principales actores son la sueca Saab (consorcio de fabricantes de automóviles) y la organización sin fines de lucro SRC, surgida de la Universidad de Siracusa (Nueva York).

En esas vueltas paradójicas de la vida, del origen de una tecnología y del uso final de la misma, es posible ver hoy a soldados “reales” entrenando gracias a programas desarrollados para juegos de consola, sobre cómo actuar ante multitudes “reales”, en situaciones de emergencia, a través de realidad virtual en lo que se conoce como el simulador de comportamiento de muchedumbres.

Los expertos explican que ese tipo de herramientas les han permitido ir mucho más allá y que realidad virtual y aumentada de por medio, la telemedicina ha permitido adiestrar o guiar a alguien que está en una zona de operaciones y no domina un procedimiento para ayudar a otra persona, además de utilizar el recurso para evaluar el comportamiento de los soldados en distintas situaciones.

En el caso de los paracaidistas la tecnología permite detectar en qué momentos la persona siente más estrés -midiendo el sudor, la tensión y la frecuencia cardíaca, entre otros parámetros- y si sus reacciones les permitirían actuar en zonas más complejas como Líbano o Afganistán, contó a El País Calderón.

Así, sin importar quién la descubre o la desarrolla, y ni si quiera con qué fin lo hizo originalmente, la tecnología avanza a paso redoblado en nuestra vida cotidiana, pero no ya porque venga del mundo militar como ocurría hasta hace poco.

 

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