El derecho a disfrutar de unas vacaciones 

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Las vacaciones son un derecho humano fundamental que se funda en el hecho de que el descanso es una necesidad biológica y mental imprescindible del trabajador.

El vocablo “vacación” deriva del latín vacatio o vacationis, y se refiere al cese temporal de una actividad habitual, principalmente del trabajo remunerado o de los estudios, según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE).

En el pasado remoto la posibilidad del ocio fue un privilegio de minorías dominantes. Tuvo que pasar mucho tiempo para que el receso fuese valorado socialmente.

El descanso como recompensa por el trabajo fue una conquista del siglo XX, en plena modernidad. En efecto, el primer gesto gubernamental en este sentido lo dio el socialista francés León Blum el 11 julio de 1936, cuando se instituyó en Francia la semana laboral de 40 horas.

Esta medida se empezó a propagar a todos los países, y fue una bandera del sindicalismo. El derecho a las vacaciones fue consagrado en 1948, en la Declaración Universal de los Derecho Humanos.

“La persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagas”, reza el texto internacional.

El artículo 14 bis de la Constitucional Nacional de Argentina garantiza a todos los trabajadores el “descanso y vacaciones pagados”.

Se trata de un descanso anual obligatorio remunerado: el trabajador es dispensado de todo trabajo durante un cierto número de días consecutivos cada año, después de un período mínimo de servicios continuos.

Sin embargo, el 33,3% de los empleados no registrados (en negro), alrededor de 5.700.000 trabajadores en relación de dependencia que viven en centros urbanos del país, no disfrutan de vacaciones pagas (como tampoco otros beneficios sociales consagrados por ley).

El derecho a las vacaciones, que se propagó tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, hizo surgir a un sector clave de la economía moderna: el turismo. La “industria sin chimenea” no se explica sin la posibilidad de acceso al descanso creativo y al tiempo libre de la clase trabajadora.

El hecho turístico en sí está emparentado con el reconocimiento a los trabajadores del derecho a las vacaciones pagas, y con el proceso que hizo que el tiempo libre pasara del ámbito limitado de un placer de minorías al ámbito general de la vida social.

Está comprobado, a través de numerosos estudios, que el período de vacaciones afecta positivamente el rendimiento de los trabajadores, quienes logran así renovar energías y sentirse más satisfechos con su situación.

La necesidad de descanso se hace perentoria en esta época del año (verano). Dificultades de concentración, desmotivación, cansancio, son algunos síntomas de agotamiento entre quienes realizan labores.

Las vacaciones, en este sentido, permiten restablecer el equilibrio psicofísico de las personas que trabajan. Algunos especialistas aseguran que tener vacaciones al menos una vez al año, reduce en un 20% el riesgo de presentar problemas cardíacos.

Además, tomarse días libres hace que las personas sean menos propensas a sufrir depresión, fatiga y ansiedad. Al mismo tiempo ayuda a revitalizar las relaciones personales, de pareja y de familia.

Las vacaciones pueden ayudar a que el grupo familiar se fortalezca, profundizando el sentido de pertenencia entre sus miembros, quienes así  tienen la oportunidad de estrechar sus vínculos pasando momentos memorables.

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