Y un día habló Cristina, la reina de un reino que ya no existe

Cristina y Novaresio

¿Señora ex presidenta? ¿Vio que no era tan difícil dar un reportaje? ¿Someterse como cualquier mandatario republicano a las preguntas de un periodista, por más incómodas que estas parezcan? ¿Vio que siempre hay algún periodista para rescatar entre tanto mercenario vendido a la Corpo u otros intereses?

Jorge Barroetaveña

El dato más preocupante para la ex presidente que le dan las encuestas que le acerca su asesor catalán es lo que podría pasar con los votos de Florencio Randazzo. A priori se podría suponer que, a la hora de optar, deberían abrevar de Cristina. Sin embargo, la realidad indica otra cosa: un porcentaje importante de ellos terminarían fugando hacia la formula de Cambiemos. ¿Cómo puede ser? Sí, aunque esa lógica sólo se pensó aplicable al votante promedio de Sergio Massa, muchos pensaban que no aplicaría al de Randazzo. Pero parece que Durán Barba otra vez tiene razón: puede más el odio a Cristina que el odio a Macri, en sus diferentes formas.

En el gran universo de gente que no fue a votar, calculan que en poco más de medio millón de personas que ahora sí podrían hacerlo, los datos preliminares tampoco la favorecen. No hay mucho de donde rascar pues para conseguir votos y romper el techo del 35%.

La estrategia del silencio, que predominó antes de las PASO, no dio resultados. Los votos de los militantes ya están y no están en riesgo. La cuestión es salir a ‘pescar’ entre los otros candidatos peronistas o filo peronistas y el universo inasible de los independientes.

El jueves, durante el reportaje a Luis Novaresio, no sonó raro escucharla decir “soy peronista”. Extraño para alguien que decidió irse del PJ y crear otro partido, negándole siquiera la posibilidad de una interna abierta a su contendiente. Tampoco sonó destemplada la autocrítica por no haberle entregado la banda y los atributos presidenciales a Macri ni los retos de las famosas cadenas nacionales con las que atosigó a buena parte de los argentinos.

Cristina se mostró eficaz a la hora de criticar la gestión de Cambiemos aunque fue inconsistente en su propia defensa. No sólo de su cuestión patrimonial sino de la custodia de los fondos públicos. El inefable José López fue funcionario de confianza de su marido, de ella y de De Vido durante 30 años. Ni a la esposa más enamorada se le escapan semejantes cuernos, digo para seguir con la misma metáfora que ella utilizó.

Lo cierto es que Cristina entrega señales de rebeldía. Quiere ganar, es cierto, pero las estrategias que siguió nunca la favorecieron. Y el peronismo le cerró la puerta, más allá de lo que pase en octubre.

Miguel Pichetto, que jamás la nombra por su nombre, sólo le dice ‘señora’, ya le aviso que en el Senado le espera el desierto junto a sus acólitos. “Ella se fue del PJ, hizo su partido, así que en el Senado deberá hacer lo mismo con su gente”, disparó en una reunión de rotarios de Capital. Le quedarán entonces unos 10 incondicionales en el Senado, más el grupo de diputados que le seguirá respondiendo. No es poco igual, para un peronismo desacomodado en la oposición y que todavía no ha parido un líder renovador.

Porque mal que les pese a sus detractores internos, en el peor de los casos, Cristina llegara subida al caballo del 35% de los votos del distrito electoral más grande de la Argentina. ¿Quién está en condiciones de poner sobre la mesa ese capital político? En el amplio universo del PJ seguro que nadie.

Hábil, sabe que ahí está la trampa de la historia. Ella es la reina de un reino que ya no existe pero tampoco deja que florezca otro. Tiene la llave y, al menos por ahora no está dispuesta a soltarla. Con Novaresio cuidó las formas y aviso que si es un obstáculo para la victoria en 2019, dará un paso al costado y no será candidata.

Al mismo tiempo que el reportaje estaba saliendo al aire, se conoció que la Cámara de Apelaciones confirmo el procesamiento por asociación ilícita por la obra publica. Su cara lo dijo todo. “A quien se le puede ocurrir acusar a un gobierno democrático de asociación ilícita…”, atino a decir. Es la realidad, esa que la ex mandataria se negó a enfrentar durante años. Pero todo sea por conseguir una victoria que amaga con escurrirse.

Bien cabría preguntarse si seguirá con la ronda de notas, o la del jueves será una golondrina de invierno. Por supuesto que su visión de los medios y los periodistas no ha cambiado. Sigue intacta o profundizada quizás, al punto de denunciar el blindaje mediático del actual gobierno. Y de seguir atribuyéndole a los medios una influencia determinante a la hora de orientar el voto de los ciudadanos.

En el oficialismo nadie recogió el guante aun de las cosas que dijo. Dejan el agua correr, y la réplica en manos de gente del propio peronismo. Lo guardan bajo siete llaves pero los números le sonríen. Ni el episodio de Maldonado habría impactado en las encuestas. Aunque parezca mentira los lo que lo buscaban lo lograron: también en esto cayó la grieta.

 

 

 

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