Diabetes: aprender para no tener miedo

DiabetesEnterarse de que uno es diabético puede resultar conmocionante, al punto que se lo vincula al shock emocional asociado a la pérdida de un ser querido. La cura empieza, según los expertos, por comprender la enfermedad, desmitificándola.

La diabetes, cuyo día mundial se celebra hoy, es uno de los mayores desafíos del siglo XXI. Se calcula que hay alrededor de 400 millones de personas en el mundo que padecen esta enfermedad y otros 300 millones que corren el riesgo de desarrollarla.

Las preocupaciones más frecuentes que surgen en torno a esta patología, que actualmente afecta a más de dos millones y medio de argentinos, tienen que ver con los sentimientos negativos y prejuicios.

La mayoría de las personas, cuando se entera de que sufre de diabetes, atraviesa una gama de emociones que comienzan con negación y también incluye temor, culpa, enojo, confusión y depresión.

Estas emociones son similares a las que experimenta una persona cuando pierde a un ser querido o a una mascota que ha sido su compañía por mucho tiempo. Como ocurre con la mayoría de los pacientes que padecen enfermedades crónicas, aquí el temor es un factor paralizante.

El miedo es una alteración del ánimo que produce angustia ante el peligro o eventual perjuicio (puede ser real o imaginario). El problema es cuando el miedo se convierte en algo abrumador y paralizante.

En salud se postula que sólo el conocimiento aleja los miedos y en este sentido, frente a la diabetes, los expertos destacan el valor de la educación diabetológica.

Se ha asociado culturalmente esta dolencia a una cuestión invalidante, de suerte que se ve al diabético como una persona discapacitada y a la enfermedad como un estigma.

Sin embargo, la experiencia indica que tomando las riendas de la enfermedad, haciendo los controles debidos y siguiendo determinados hábitos, un diabético puede llevar una vida normal.

Eso postula el doctor León Litwak, Jefe de la Sección Diabetes del Servicio de Endocrinología, Metabolismo y Medicina Nuclear del Hospital Italiano, y autor del libro “Diabetes sin miedo. Aprender para no temer”.

En una reciente entrevista, explicó que la carga emocional es distinta según el tipo de diabetes. En el caso de la diabetes tipo 1 (llamada comúnmente insulinodependiente), el impacto es fuerte toda vez que el paciente deberá inyectarse varias veces por día con insulina, lo cual genera lógica incomodidad.

“Pero cuando comprende que, cumpliendo el tratamiento, puede dominar la enfermedad, se tranquiliza y comienza a llevarlo adelante”, refiere Litwak.

En el caso de la diabetes tipo 2 (la del adulto), aclara, la gente se pone mal porque piensa que seguramente le amputaran una pierna o tendrá problemas cardíacos. “Pero cuando comienzan a enterarse que eso sólo ocurre si no se cuidan, comienzan a motivarse para no tener complicaciones”, explica.

Todas las enfermedades afectan las emociones de las personas y la diabetes no es la excepción. Uno de los grandes desafíos para los pacientes es derrotar al miedo, que si no es vencido puede agravar el cuadro de la dolencia.

“Los estados emocionales no controlados pueden afectar a la enfermedad impidiendo un buen control”, advierte Litwak, para quien en el caso de la diabetes es clave transmitir información y experiencia.

Una de las primeras estrategias, por tanto, está vinculada con la educación, en orden a conocer la enfermedad y vencer los miedos.

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