Diversión milenaria que pierde consenso

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El uso de fuegos artificiales para celebraciones y festejos, es una práctica antiquísima, heredada de los chinos. Pero una corriente de opinión cada vez más fuerte propone prohibirlos para las fiestas de fin de año.

De un tiempo a esta parte en Argentina –acompañando una tendencia mundial- cada vez que se aproximan las fiestas de diciembre se abre un debate acerca del uso de la pirotecnia.

Mientras para algunas personas es un modo legítimo de diversión y expresión de alegría, para otras el uso de esos dispositivos es fuente de sufrimiento y una toma de riesgo innecesaria para la salud.

El origen de la pirotecnia está directamente relacionado con la invención de la pólvora en China, considerada uno de los grandes inventos de la humanidad. “Arte del fuego”, eso quiere decir en griego pirotecnia.

La pólvora, como sustancia deflagrante, fue utilizada principalmente como propulsora de proyectiles para uso bélico, pero también con fines de entretenimiento en los juegos pirotécnicos.

Los dispositivos pirotécnicos que tienen efectos visuales, sonoros y fumígenos con una finalidad lúdica y de espectáculo, son conocidos como “fuegos artificiales”, “fuegos de artificio” o “juegos pirotécnicos”.

Se emplean en exhibiciones, festejos, festividades, celebraciones, cumpleaños, conmemoraciones y demás. Se considera todo un arte, ya que son múltiples las variaciones, juegos y técnicas con que cuenta el artesano pirotécnico, y siempre en constante innovación.

Estos dispositivos son muy utilizados en todo el mundo principalmente con motivo de las fiestas de fin de año (Navidad y Año Nuevo). Coloquialmente están muy extendidos los términos petardo o cohetes, que abarcan casi todas las variedades de explosivos y de aparatos pirotécnicos existentes.

La realidad es que el entretenimiento con estos artefactos peligrosos puede costar severas quemaduras, problemas irreversibles del oído, lesiones y heridas en cara, manos, dedos y ojos.

Los médicos aseguran que cuando los adultos no supervisan la manipulación de la pirotecnia, el riesgo de lesiones en los chicos se multiplica diez veces.

Según las estadísticas, del total de los pacientes atendidos en las guardias en Nochebuena y Fin de Año, la mitad son niños y adolescentes.

Por otro lado, personas que tienen alguna discapacidad se asustan con la explosión de los fuegos artificiales. Además estos últimos provocan consecuencias perjudiciales para el medio ambiente, desde ruidos y contaminación a alteración del comportamiento de los animales e incendios forestales.

Por esta razón, numerosos municipios de distintos puntos del país se han sumado a la campaña “pirotecnia cero”, una movida tendiente a desterrar el uso de cohetería que afecta a bebés y a adultos mayores por igual.

Pero los empresarios dedicados al rubro advierten que el sector da trabajo a mucha gente, y a la vez indican que en caso de que prospere la prohibición de venta de pirotecnia, por una cuestión cultural de celebrar las fiestas, van a proliferar explosivos clandestinos que son todavía más peligrosos.

Hay quienes piensan que prohibir casi nunca es una medida sensata, sobre todo cuando hay una conducta muy arraigada en la población.

En su lugar proponen la  prevención, es decir generar conciencia respecto de que es posible festejar la Navidad y el Año Nuevo sin necesidad de artefactos explosivos y de ruidos estruendosos.

 

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