“Donde hay AGUA, hay VIDA”

Papa FranciscoLa Comisión Episcopal de Pastoral Social elaboró una declaración para la jornada mundial de oración por el cuidado de la creación.

 

Como cada año, desde el 2015, el Papa Francisco, nos ha exhortado a celebrar, anualmente, la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, para ofrecer a cada creyente y a las comunidades una valiosa oportunidad de renovar la adhesión personal a la propia vocación de custodios de la creación, elevando a Dios una acción de gracias por la maravillosa obra que Él ha confiado a nuestro cuidado, invocando su ayuda para la protección de la creación y su misericordia por los pecados cometidos contra el mundo en el que vivimos.

En esta jornada se invita a participar a todo el Pueblo de Dios: sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles laicos. Y como signo de un camino que todos los creyentes en Cristo recorren juntos, invita a sumar otras Iglesias y Comunidades eclesiales y celebrar en sintonía con las iniciativas que el Consejo Ecuménico de las Iglesias promueva sobre este tema. Es una oportunidad para unirnos como hermanos, compartir un momento intenso de oración, reflexión, conversión y asunción de estilos de vida coherentes.

Para este año, la propuesta gira en torno al AGUA como don de Dios y como derecho humano.

Ya rezaba San Francisco de Asís en el Cántico de las Criaturas, “Loado seas, mi Señor, por la hermana agua, la cual es muy útil y humilde y preciosa y casta”.

 

Algunos de los fundamentos

En febrero de este año, en un discurso ante los participantes del Seminario “El derecho humano al agua” en el Vaticano, el Papa Francisco defendió que “el derecho al agua es determinante para la sobrevivencia de las personas y decide el futuro de la humanidad”.

Uno de los problemas acuciantes para el mundo es el agua potable. Se cree que dentro de tres décadas un tercio de la población mundial carecerá de este elemento vital.

Para el Papa Francisco, el derecho al agua es fundamental para la paz. “Yo me pregunto si en medio de esta ‘tercera guerra mundial a pedacitos’ que estamos viviendo, no estamos en camino hacia la gran guerra mundial por el agua”.

Para ejemplificar la dimensión del problema del acceso al agua, se remitió a cifras de las Naciones Unidas: “cada día mil niños mueren a causa de enfermedades relacionadas con el agua; millones de personas consumen agua contaminada”. “Estos datos son muy graves; se debe frenar e invertir esta situación. No es tarde, pero es urgente tomar conciencia de la necesidad del agua y de su valor esencial para el bien de la humanidad”, indicó.

“En este compromiso de dar al agua el puesto que le corresponde, hace falta una cultura del cuidado y, además, fomentar una cultura del encuentro en la que se unan en una causa común todas las fuerzas necesarias de científicos y empresarios, gobernantes y políticos”,

Por ello, el Santo Padre defendió que la cuestión del agua es fundamental y urgente. Es fundamental “porque donde hay agua hay vida, y entonces puede surgir y avanzar la sociedad”.

El Papa da un nuevo nombre a esta indigencia: La pobreza del agua social… donde grandes sectores de la población no acceden al agua potable segura, o padecen sequías que dificultan la producción de alimentos. En algunos países hay regiones con abundante agua y al mismo tiempo otras que padecen grave escasez.

Mientras se deteriora constantemente la calidad del agua disponible, en algunos lugares avanza la tendencia a privatizar este recurso escaso, convertido en mercancía que se regula por las leyes del mercado… La deuda externa de los países pobres se ha convertido en un instrumento de control, pero no ocurre lo mismo con la deuda ecológica. De diversas maneras, los pueblos en vías de desarrollo, donde se encuentran las más importantes reservas de la biosfera, siguen alimentando el desarrollo de los países más ricos a costa de su presente y de su futuro.

El Papa se remitió al libro del Génesis para recordar que “el agua está en el comienzo de todas las cosas”.

“Es necesario otorgar al agua la centralidad que merece en el marco de las políticas públicas. Nuestro derecho al agua es también un deber con el agua”, indicó. “Del derecho que tenemos a ella se desprende una obligación que va unida y no puede separarse. Es ineludible anunciar este derecho humano esencial y defenderlo, pero también actuar de forma concreta, asegurando un compromiso político y jurídico con el agua”.

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