El juego de quién es más macho

Y el conflicto por la pastera entró en el laberinto. Era previsible que el divorcio entre la política y las pretensiones de la Asamblea Ambiental terminaría en una puja que pone en vilo la paz social.o


La falta de grandeza y de profundidad de miras, de una y otra parte, nos ha enredado en una confrontación interna que objetivamente beneficia a Botnia.

Nadie ha estado dispuesto a rever su conducta, a flexibilizar sus pensamientos. Conclusión: el corte de las rutas se ha convertido en el eje de la disputa.

Ahora todo pasa por ver quién es más macho. Unos enceguecidos con el desalojo a cualquier precio, otros queriendo inmolarse en una acción heroica de resistencia. Es el fin de la cordura y del buen tino.

Parece que al gobernador Sergio Urribarri le han encomendado hacer el trabajo sucio. El poder K no quiere pagar costo político alguno, y por eso ha movido el aparato que le sirve.

Esto de la “causa nacional”, está visto, ya no es funcional para el poder político. Antes los cortes eran tolerados y hasta fomentados. Ahora molestan y por eso hay que reestablecer el orden público conculcado.

Pero el gobernador se movió como elefante en cristalería. Acaso sobre-actuando su lealtad al matrimonio presidencial –como lo hizo durante el conflicto con el campo- cometió el “desliz” de decir que Botnia no contamina.

A esta altura nadie sabe si eso fue producto de un error de dicción -con lo cual no quiso decir lo que dijo-. O simplemente fue una involuntaria (acto fallido) o deliberada confesión de todo el oficialismo sobre el tema.

Entonces la escalada contra el corte fue –y así se lee en Gualeguaychú- una escalada contra la causa ambiental. Algunos creen que la ofensiva oficial –acompañada por la prensa nacional- está “fríamente calculada”.

Es probable. Aunque dada la reacción contraria que viene suscitando la conducta oficial –generando un peligroso clima de confrontación en las comunidades- parece que a Urribarri le cabe aquel dicho de Groucho Marx, un cómico norteamericano del siglo pasado que dijo:

“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después las soluciones equivocadas”.

¿Les cabe a los asambleístas una responsabilidad en el laberinto? Sin titubear, creemos que sí. Hay un enamoramiento enfermizo del corte que hace pensar que un “medio” se ha transformado en un “fin”.

Esta “fijación” con el corte –y su posterior ampliación a Colón y Concordia- revela que Gualeguaychú parece haberse quedado sin otras armas menos irritantes para pelear su causa justa.

Decir –como lo han hecho algunos asambleístas- que si se desactiva el corte se cae la causa, revela algo más que una debilidad objetiva. Muestra en realidad una encerrona mental para explorar otros recorridos.

Parece que algunos desde este lado no se han percatado del daño que le causa a Gualeguaychú, como un cuerpo que se defiende de la contaminación, insistir siempre con la misma medicina.

Hay medicinas que, aplicadas erróneamente, matan. Hace tiempo la Asamblea ha sido ganada por un espíritu intransigente, que desprecia cualquier opción táctica que no sea el corte. 

El forcejeo entre el poder político y los asambleístas, alrededor del corte de las rutas, en el que se esta jugando la paz social, nos parece un corolario patético de la sinrazón y el triunfo de la cultura del malevo.
Los dichos del filósofo griego Teofrasto (ac.375-287) resuenan hoy más que nunca: “En la sociedad, el hombre sensato es el primero en ceder. Por eso, los más sabios son dirigidos por los más necios”.

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