El país feliz que pinta el INDEC

Al dibujar los índices de inflación, el INDEC, con destreza de prestidigitador, escamotea de la escena el aumento de la pobreza y de la indigencia, y presenta en su lugar un país perfecto. Las estadísticas oficiales han entrado de lleno, así, en el arte del ilusionismo. Hace tiempo dejaron de reflejar la realidad, para entrar en el mundo de la ficcionalidad.o


Si la inflación del año pasado fue, como dice la medición oficial, de 7,2%, entonces la Argentina habría pulverizado la indigencia y reducido a cifras mínimas la pobreza.

¿No se han enterado los propios argentinos del milagro económico-social del que son protagonistas? Siempre insatisfechos y quejosos, parece que todavía no se han percatado de que viven en el mejor de los mundos.

Según el INDEC, como los precios de los alimentos básicos habrían aumentado tan solo el 0,4% y los vinculados a la canasta de pobreza el 2,6%, en un año el poder adquisitivo de los hogares más vulnerables habría tenido un crecimiento histórico.

Otro dato disonante: si la inflación real del año pasado fue de 7,2%, y los aumentos de sueldo rondaron el 20%, en 2008 se habría registrado una de las mayores recuperaciones salariales en términos reales de la historia.

¿Pero entonces el asalariado argentino es más rico que hace un año? Según el periodista económico Ismael Bermúdez, de las estadísticas del INDEC se desprende que “en los últimos dos años, los trabajadores –en especial los que se desempeñan ‘en negro’- habrían tenido uno de los momentos más prósperos de las últimas décadas”.

Y anota: “Así, con los precios subiendo por la escalera y los sueldos por el ascensor, los asalariados en términos reales pudieron comprar un 29,1% más que hace dos años”.

De acuerdo a la medición oficial, a los trabajadores privados “en negro” les fue de maravilla: sus ingresos habrían mejorado el 61,1%. Descontada la inflación “oficial”, el poder de compra se les habría incrementado un 45%.

En tanto –agrega Bermúdez-, “los empleados del sector público habrían salido beneficiados en ese mismo período porque el incremento salarial promedio habría sido el 54,8%. En ese caso el poder adquisitivo habría mejorado un 33,1%”.

El periodista concluye: “De aquí se infiere que para la estadística oficial ya casi no habría indigentes y la pobreza se habría reducido de manera sustancial”.

¿En qué momento operó este milagro social, esta mejora superlativa de los ingresos de la mayoría de los argentinos? ¿Cuándo fue que, contra la sensación de la calle, los salarios le ganaron por lejos a la inflación?

Fue a partir de diciembre de 2007, fecha en que el gobierno K desplazó a los responsables del área del Índice de Precios al Consumidor (IPC) del organismo estadístico, el momento en que se inició una operación de adulteración de los índices jamás vista en la Argentina.

A partir de entonces, el INDEC, una dependencia que era respetada mundialmente por su solvencia técnica, se transformó virtualmente en un una agencia de propaganda oficial.

Desde entonces, la Argentina se quedó sin estadísticas, destruyó una de las herramientas claves para el desarrollo, con la carga del descrédito a nivel internacional.

Conclusión: se ha instalado la imagen de dos países. Uno feliz, diseñado sobre la voluntad del Poder, que con sus virtudes de prestidigitador, desea imponer la ficción permanente.

Y un país real, en el cual los problemas de pobreza se han agravado, y donde mueren 8 chicos por día a causa del hambre, aunque las mediciones oficiales se empecinen en no registrarlo.

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