No abandonar a la biblioteca L. Jordán

La comunidad de Gualeguaychú, tan sensible a la cultura, debiera movilizarse ya para apuntalar económicamente a esa institución, cuya existencia hoy pende de un hilo. Como se sabe, la Biblioteca Popular Francisco Hernández López Jordán, entidad emblemática del populoso barrio oeste, no está en condiciones de hacer una importante erogación.o


Producto de un juicio laboral, con sentencia firme, debe pagar más de 30 mil pesos, una cifra que coloca virtualmente a la entidad al borde de su cierre.

Sin conocer los pormenores del asunto, resulta por lo pronto chocante que haya quienes pleiteen contra una biblioteca popular, de larga trayectoria y alto valor filantrópico.

Quizá en otra época, en que el aprecio a la cultura y lo comunitario era mayor, hubiera puesto un freno pudoroso a este tipo de conductas, optándose por acuerdos pacíficos entre partes.

Pero los tiempos han cambiado y las cosas están como están. Días atrás la comisión directiva de la biblioteca reunió a los vecinos para ponerlos al tanto de la emergencia y lanzar un SOS.

Ahora se espera que surja la mejor idea para, mediante un tipo de colecta, juntar los recursos necesarios para sufragar el gasto. Una vez que se defina la mejor fórmula, la comunidad podrá colaborar en esta empresa colectiva.

Porque la ayuda económica que hoy pide la Biblioteca López Jordán podría convertirse a nivel local, efectivamente, en una causa cultural. Y sabemos del compromiso de los gualeguaychuenses, cuando se topan con una causa justa: no arrugan.

La biblioteca tiene 65 años de existencia. Fundada el 14 de noviembre de 1943, participo de la misión cultural de este tipo de instituciones públicas no estatales de la época.

Es decir, surgió del deseo de un grupo de particulares de extender la cultura del libro al pueblo. Semejante iniciativa civilizadora se forjó en el legendario Café Argentino.

En dicho local, que funcionó durante 60 años en 25 de Mayo y Rocamora, se realizó la asamblea que incubó el proyecto, que fue impulsado por los vecinos Denegri, Goicoechea, Lapalma y Carraza, entre otros.

¿Quién fue Francisco Hernández López Jordán, cuyo nombre designa la biblioteca?. Fue uno de esos maestros de antes que abrazaban la educación con total vocación.

Era un paranaense que peleó al lado de Urquiza y que llegó a Gualeguaychú en 1870, a poco de morir el caudillo entrerriano. Francisco tenía 40 años cuando se radicó definitivamente en esta tierra.

Era una personalidad multifacética: cuando joven hizo tareas de campo, practicó diferentes oficios y acompañó a Urquiza en sus campañas militares.

Pero quizá lo más importante: era un espíritu cultivado. Y eso lo colocaba en condición de crear una escuela como la que levantó aquí, en un ranchito en calle 25 de Mayo y Avellaneda, junto a su esposa Teresa Fraicedo.

Desde entonces, la figura de Don Francisco creció entre sus muchos discípulos, que veían en él a un verdadero apóstol de la enseñanza. La escuelita particular “Urquiza” –así se llamaba- se convirtió en faro de cultura en un barrio aún escasamente poblado como lo era el Oeste de Gualeguaychú.

Cuando en diciembre de 1915 Francisco López Jordán deja la actividad (la muerte lo sorprende a los 85 años), la comunidad del lugar lamentó la pérdida de un maestro ejemplar y gran vecino.

Pero su ejemplo perdura en el barrio. Sobre todo en la biblioteca que lleva su nombre, como homenaje cívico a su memoria. La misma entidad que hoy se halla, lamentablemente, ante una encrucijada económica.

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