El chico que vive según la teoría del diamante

joan_oracle_2De coordinar las piletas del Acquadance de Marcelo Tinelli a darle vida a la primera prótesis realizada con una impresora 3D para un chiquito que nació sin un brazo, así de ecléctica es la vida de Joan Cwaik.

 

Florencia Carbone

 

Es uno de los emprendedores tecnológicos más reconocidos de la Argentina; un futuro con muchos robots, ¿y menos trabajo?

Joan Cwaik tiene 25 años, pero si alguien leyera su curriculum sin ese dato, perfectamente podría pensar que se trata de un señor maduro, con una vida intensa y décadas de experiencia que le permitieron rotar por diferentes trabajos: emprendedor, tecnológo, conferencista, “cazador” de nuevas tecnologías, docente universitario, autor,investigador periodístico, productor y gerente de Marketing y Comunicaciones para Latinoamérica en Maytronics (empresa israelí que se dedica a la manufactura y comercialización de robots limpiadores de piscinas), entre otras cosas.

Precisamente ese “multifacetismo” es el que lo conectó con Marcelo Tinelli y le permitió transformarse desde hace tres años en el productor del promocionado “Acquadance” pero también dar vida a la ONG Darwin Research, famosa por haber impreso la primera prótesis con una impresora 3D para un chiquito que nació sin una mano.

-¿Qué es la teoría del diamante?

-En la vida hay que funcionar como un diamante: cada persona tiene un núcleo y varios costados. Cuando me preguntan qué soy digo conferencista, autor, investigador, alguien a quien le interesan las tecnologías disruptivas (impresión 3D, realidad virtual, drones, programación, Bitcoin, entre otras), la robótica, la inteligencia artificial, la búsqueda de nuevas formas de narrar historias, la convergencia multimedial, los videojuegos y la innovación social. Me gusta todo eso, trabajo en diferentes cosas, pero sigo siendo uno.

En 2012, Joan se recibió de Licenciado en Gestión de Medios y Entretenimientos por la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) y en 2013 hizo un Posgrado en Convergencia Multimedial en la UBA. Desde 2014 da clases en la universidad sobre lo que más le apasiona: nuevos medios, paradigmas digitales, comunicación institucional, innovación y videojuegos.

-¿Cómo arrancaste en el mundo de la tecnología?

-A los 16 años empecé a ayudar a mi padre a buscar nuevos mercados, oportunidades y vacíos estratégicos en América del Sur. A los 23 me convertí en gerente de Marketing y Comunicaciones para Latinoamérica en Maytronics, lo que me permitió conocer la industria de la robótica doméstica trabajando en una empresa internacional de gran magnitud. Hoy dirijo el departamento de Marketing y Comunicaciones para Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Paraguay y Colombia.

Pero el punto de inflexión fue en 2014, y tuvo que ver con el mundo de las ideas, un curso de creatividad e innovación dictado por TedArgentina y TedX Río de la Plata. Ahí empecé a adentrarme mucho en lo que es el mundo de las nuevas tecnologías conociendo lo que es el Bitcoin (la primera moneda electrónica), la impresión 3D, la realidad virtual. Después, con un grupo de amigos formamos Darwin Research, una ONG que se hizo famosa por haber impreso la primera prótesis en 3D. También estoy involucrado en la fundación de la ONG Bitcoin Argentina. Todas fueron cosas que directa o indirectamente me fueron involucrando con el mundo de las nuevas tecnologías.

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-¿Qué define a un emprendedor tecnológico?

-Es una persona que está involucrada directa o indirectamente al mundo de startups (se llama así a los emprendimientos incipientes) en materia de nuevas tecnologías. En los últimos años desarrollé emprendimientos vinculados a videojuegos y robótica. Hoy principalmente estoy involucrado como inversor en proyectos de nuevas tecnologías.

-¿Qué es una tecnología disruptiva y cómo llega a serlo?

-Son tecnologías que se proyecta que a corto y mediano plazo nos impactarán a todos directa o indirectamente. Cuando una tecnología llega a un punto de en el que promete cambiar de modo drástico directa o indirectamente la vida cotidiana, un negocio o un paradigma social, es el momento en el que se vuelve disruptiva.

-¿Por ejemplo?

-El Bitcoin. Promete a corto y mediano plazo que desaparezca el dinero de nuestros bolsillos. Amenaza con que no se usará más dinero en soporte papel. La impresión 3D está amenazando –y cuando digo amenazando es también trayendo oportunidades- la forma en la que se produce. Muestra que en el futuro produciremos potencialmente cualquier cosa desde nuestro hogar. O sea, está descentralizando la producción. Así como la computadora personal descentralizó el poder hacer y la información, la impresión 3D descentraliza el poder productivo industrial y habilita el poder hacer desde un alimento hasta una prótesis o un objeto de consumo como un tenedor o una carcasa de celular.

Las proyecciones indican que en los próximos 15 a 20 años, los robots realizarán el 40% de las tareas que hoy son hechas por seres humanos, lo que implica cambios radicales en el concepto de trabajo.

-¿Eso significa que desaparecerán puestos de trabajo?

-En vez de pensar qué pasará cuando todos quedemos desempleados, me preguntaría qué habilidades tenemos que formar como profesionales para en un futuro cercano poder convivir con máquinas cada vez más inteligentes. Qué habilidades necesitamos para aprovechar estas máquinas más inteligentes y maximizar nuestros negocios, nuestra vida cotidiana, para lograr mejores patrones de bienestar social. Lo que se puede deducir es que las operaciones simples serán realizadas por robots, pero todo lo que tenga que ver con tareas intelectuales y creativas será patrimonio de los seres humanos, con lo que el “trabajo mental” tendrá que valer más que el manual.

-¿En qué momento habría que empezar a desarrollar esas habilidades, en la etapa laboral o lo ideal sería modificar la currícula escolar desde el Jardín de infantes?

-La ley de la disrupción muestra que las tecnologías crecen a niveles exponenciales y muy, muy, por detrás, tenemos los cambios económicos, políticos y sociales. Cada tecnología disruptiva –la robótica hoy en día, por caso-, habla de un cambio de hábitos de consumo, de una reeducación poblacional. En el caso del Bitcoin, de un cambio en la confianza en los instrumentos monetarios.

Una impresión 3D corre los límites terrestres, marítimos, aéreos y políticos. Si hay un país con políticas restrictivas de importación eso no le importa a la impresora 3D: la tecnología va transversal a todo eso. Las instituciones en general, tanto la academia, como los negocios, las multinacionales, las empresas de logística y hasta las organizaciones políticas tendrán que cambiar las formas en las que consideran la tecnología. Hay que empezar a apostar a esas nuevas tecnologías porque no podemos tapar el sol con las manos, y en esto no hay marcha atrás.

-¿Qué habilidades debería desarrollar alguien que pretenda tener chances de seguir trabajando de manera existosa a corto/mediano plazo?

-Hay una realidad: hoy estamos formando profesionales que cuando arrancan la carrera, saben que en 4 o 5 años, cuando se reciban, tal vez la mitad de lo que hoy están viendo queda inválido. Es fundamental tener flexibilidad a la hora de poder entender tecnologías y hacerlo de una forma crítica y consciente. Comparada con América latina, la Argentina tiene un grado de aceptación de la tecnología bastante alto, pero también nos da miedo. Crecimos en un ambiente con ciertos agentes -familia, amigos, etc-, un núcleo que nos enseñó a manejar dinero en efectivo, a que si queremos comprar algo tenemos que ir a un local minorista o si queremos importar una pieza se hace de cierta forma. O que hay ciertas tareas que no se le pueden dar a una máquina. Hay que tener la suficiente apertura mental para superar esos modelos. Es fundamental la flexibilidad, la dinámica, y desarrollar la posibilidad de adaptación al cambio. También es fundamental que la academia, la política, los planes de incentivos y apoyo a nivel gubernamental y político para el mundo emprendedor a nivel de legislación acompañen todo esto.

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-¿Se puede considerar como robot a una multiprocesadora?

-La robótica doméstica o de servicio es una de las tres grandes ramas que tiene la robótica hoy en día: la industrial, la de servicio y la experimental.

La robótica doméstica incluye todas aquellas soluciones de inteligencia artificial, asistida y autómata que puedan ayudar dentro de una vivienda o de un conjunto de ellas. Es en el campo en el que quizá se note más la necesidad de reeducación poblacional a corto y mediano plazo, porque significa aceptar que un robot entre a tu casa y conviva con vos. El primer robot que entró en una casa en la Argentina es el Dolphin, para hacer limpieza de piletas de natación. Hoy hay más de 20.000 robots limpiando piscinas en el país. Pero ahora ya se empiezan a incorporar muchas soluciones: desde un robot que corta el césped a uno que limpia la casa u otro que se usa para hacer vigilancia.

-¿Son viables y accesibles para cualquiera esas nuevas tecnologías?

-La tecnología tiene un ciclo de vida, un proceso donde hay un tema de costos que se van abaratando, tanto de hardware como de software, y hay un tema de aceptación del mercado que tiene que ser lo suficientemente maduro como para poder incorporarlas, por eso también tiene que haber un acompañamiento de la comunicación a nivel de las organizaciones.

Es importante entender qué es un robot. Lo podemos definir como un conjunto de sensores especializados que aprenden de un entorno, de una cantidad de variables, para después establecer un plan de trabajo especializado. Es interesante comparar un robot con un ser humano. Como seres humanos sentimos mediante estímulos, procesamos mediante el cerebro, y accionamos mediante el cuerpo. Los robots sienten mediante sensores, procesan mediante procesadores –cada vez más rápidos e inteligentes, eficaces y baratos-, y accionan mediante hardware o software. La robótica no es sólo Arturito y Robotina. Muchas veces pueden ser cosas de software que no vemos y que quizás inconscientemente accionamos todos los días. Por ejemplo, un software de inteligencia artificial para finanzas que pueda detectar automáticamente el comportamiento de un mercado, una terminal para hacer check-in en un aeropuerto, que lo que hace es validar una identidad. Desde eso, a robots que construyen vehículos o cortan el césped, hay de todo. ¿Un lavarropas es un robot? No, porque tiene un plan de trabajo predeterminado que sin importar las condiciones y las variables del entorno generará el mismo plan de trabajo.

Por el contrario, si pongo a un robot a limpiar una habitación, lo hará de la forma que entienda que es más eficaz. Se moverá de diferente manera en dos momentos o situaciones diferentes: lo pongo en el mismo ambiente pero alterando la disposición de las sillas o según la suciedad que tenga el lugar, actuará distinto.

Es importante tener en claro que cuando la robótica llega a una industria es porque ejecuta una tarea de forma decenas de veces más eficaz que el ser humano.

El robot limpiador de piscinas es un claro ejemplo. Tomemos el caso de una pileta de 8 x 4 con una pared de 2 metros, que desplegada son 60 m2. En tres horas, un robot limpiará 30 veces la superficie de la piscina. Es casi imposible que en el mismo tiempo un ser humano pueda hacer lo mismo.

-Es casi natural sentir miedo ante eso. La eficiencia y rapidez desplazará automáticamente al hombre. ¿Qué trabajo nos quedaría?

-La tecnología está cambiando los modelos de negocios. Hay personas y empresas que se dedican al mantenimiento de jardines. Vamos al caso de un robot cortador de césped: es 10 veces más silencioso que una cortadora de pasto normal, recolecta el césped, lo tritura y lo convierte en abono. Ese proceso es imposible para un ser humano. Visto de forma superficial, esto quitaría empleo a los hombres, sin embargo, hay empresas de mantenimiento en la zona norte de Buenos Aires que en vez de tomarlo como una amenaza lo tomaron como una oportunidad, adquirieron 10 robots y en vez de atender 5 casas por día pueden atender 15.Mejoraron su modelo de negocios.

-¿Decís que desaparecerán ciertos empleos al tiempo que se generarán oportunidades diferentes?

-Es muy probable que se modifique el concepto de trabajo en las próximas décadas. Se calcula que en 2035 el nivel de inteligencia de las máquinas, el poder de cómputo de un robot, superará al del cerebro humano.

-¿Es no aumenta la brecha entre los países menos desarrollados, con ciudadanos peor alimentados y una educación más deficiente que entonces no sólo competirán con gente en mejores condiciones, sino con máquinas superiores?

-Lo que hay que pensar es cómo podemos formar a esas personas para que tengan un mejor bienestar social y personal a partir de las máquinas más inteligentes. Es necesario que desde los individuos hasta las multinacionales cambien su mentalidad para adoptar tecnología para maximizar sus negocios y bienestar social.

Si se mira de forma integradora, lo que permite el robot es maximizar el poder potencial que tiene el ser humano para crear. Hay tareas que todavía no pueden hacer los robots. Lo que tiene que ver con la creatividad, la comunicación, la interpretación más natural de datos no la pueden hacer ni a corto ni mediano plazo porque la robótica sigue siendo una máquina binaria donde 1 + 1 siempre es igual a 2.

 

Cómo educar a chicos que competirán con robots

-Si te convocaran para dar una charla para un grupo de padres preocupados por el futuro de sus hijos porque las carreras que estudiarán quizás aún no existan, porque habrá menos trabajo y en muchos casos los adolescentes de hoy tendrán que hacer trabajos que tampoco se han inventado aún, ¿qué consejos les darías? ¿De qué manera hay que educarlos para que tengan mentes flexibles y abiertas?

-Hay que incentivar a los chicos para que empujen el statu quo, hay que animarse a transformar las realidades que tenemos enfrente. Hay algo que es crucial para la educación del futuro: somos testigos de una generación que está aprendiendo a leer, pero no a escribir. Eso significa que fomentamos que se adapten a reglas establecidas y no puedan establecer sus propias reglas. No digo que todos tengan que ser programadores pero hay que entender cómo funcionan las cosas, la lógica de la computadora.

No creo que un emprendedor tenga que enfocarse en una sola cosa. El mundo cambia muy rápido y cuando uno tiene una motivación con algo, eso te abre la cabeza. Hay que fomentar la experimentación tecnológica y empezar a educar de forma crítica y consciente. Hay que entender que esto existe, no es ciencia ficción, y empezar a fomentar que se puede probar y fracasar y eso no es malo. En la Argentina tenemos una mirada muy negativa acerca de lo que es el fracaso, pero cuando viajás a Silicon Valley (en el norte de California, EE.UU., donde hay una altísima concentración de empresas tecnológicas) y te entrevistás con un emprendedor, se presenta así: “Tuve cinco emprendimientos del mundo financiero a los que no les fue bien, pero a este, que es el sexto, le va a ir bárbaro”. Soy de los que cree que lo importante es probar todo el tiempo.

 

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