El gradualismo a las tarifas no le hizo ni cosquillas

La experiencia de una coalición parlamentaria como la actual es inédita en la historia argentina. El caso más cercano podría ser la Alianza pero no es lo mismo. Aquel gobierno tuvo a un radical en la cúspide, un frepasista en la vicepresidencia y casi ninguna representación en la mayoría de las provincias que quedaron en manos del peronismo.

 

Jorge Barroetaveña

 

Hoy la situación política es distinta, no sólo por los actores sino por la cuota de poder que manejan. Durante la campaña, y después del famoso congreso radical de Gualeguaychú, el por entonces candidato Macri avisó a sus aliados que no haría un gobierno de coalición. Y así fue. Si bien aparecieron un par de ministros radicales,  el grueso de las decisiones y la operatividad de la gestión siempre quedó en manos del socio mayor, el PRO. Con el peso adicional de tener la manija en distritos claves como CABA y la estratégica Provincia de Buenos Aires. Lo que pareció una alianza, tampoco acabó por ser una coalición de gobierno tradicional. En el Parlamento, ese campo de batalla complejo y hoy partido, es donde la coalición mejor funcionó. Con un interbloque  y la mano hábil de Negri por los radicales y Massot por el PRO, aprendieron rápido el juego legislativo. Hasta las mañas históricas del PJ para saber cómo evitar que la oposición consiguiera quórum para tratar el tema de las tarifas.

Desde hace tiempo que en la UCR se levantan voces de protesta, reclamando un mayor protagonismo a la hora de tomar decisiones. Lo que pasó en diciembre del año pasado con la reforma previsional dejó al desnudo la falta de tacto y calle que tienen muchas de las decisiones que toma el gobierno. La planillita de Excel no siempre tiene su correlato con la realidad, llena de complejidades y matices. Y ese es el valor agregado que, un partido como el radical, le agrega a Cambiemos. Maltrechos, deshilachados, con pocos referentes de peso quizás, los partidos políticos siguen siendo la mejor válvula de escape para cualquier sociedad. No se trata de cuestiones ideológicas, sino de pragmatismo. Pese a todo conservan ese termómetro para saber por dónde va la sociedad.

Y ha quedado demostrado estos días en los que el Presidente se vio obligado a negociar con sus aliados, o al menos a escuchar los reclamos. La coalición hizo lo que correspondía a la política: frenar el debate en el parlamento pero buscar una salida práctica al entuerto. Todos los argumentos que se usan para justificar los aumentos pueden ser ciertos, pero están ausentes de realidad. Los ingresos no crecieron al mismo ritmo que las subas en los últimos dos años y tampoco la calidad de los servicios ha mejorado notablemente. Encima todos llevamos a cuestas un socio que cada vez reclama más pero da menos: el estado.

Apenas sirve echar un vistazo a las boletas de luz por ejemplo. La carga impositiva representa en esas facturas casi el 60% en Entre Ríos y porcentajes similares en el resto de las provincias. A la fiesta, que la pagan los contribuyentes, se suman todos: los municipios, las provincias y la Nación. Y nadie resigna nada. Sin contar los casos puntuales, también como Entre Ríos, en los que somos productores de energía por Salto Grande y terminamos pagando más que Buenos Aires o Corrientes.

Lamentablemente, este debate, aún no se ha dado. La carga impositiva se ha vuelto asfixiante para vastos sectores de clase media, algo que los focus group de Durán Barba no parecen reflejar. Debería tener en cuenta que fue ese voto el que lo hizo a Macri presidente y no los sectores sociales que históricamente han sido más afines al peronismo. No sirve hablar de la provincia de Buenos Aires porque en el 2015 Cristina hizo todo lo posible para que Scioli perdiera poniendo a Aníbal Fernández, que ni los propios peronistas se atrevieron a votar.

El combo de inflación y ajuste no deja a nadie en pie, ni unos ni otros. Pero es el huevo y la gallina. El jueves, en medio de la tensión por las protestas y el escandalote de la Cámara de Diputados, Macri puso a Aranguren cara a cara con sus cuestionadotes. Si algo tiene el ex CEO de Shell es su sinceridad. Hace unos días, alguien que lo conoció bien en la empresa, recordó una anécdota de la época en la que escaseaba el combustible en las estaciones de servicio. “Cuando todos esperábamos una palabra de aliento, algo amable, se paró solito en el medio del escenario y nos dijo: “no va a haber combustible por el resto del año…”. Todo sin inmutarse…”.

Por supuesto que Aranguren tiene el respaldo de Macri y actúa en consecuencia.  Pero su escasa o nula cintura política ha empantanado al gobierno en este problema dos veces. En el 2016  la justicia tuvo que meter la nariz para sacar las papas del horno y ahora, que el final es incierto,  debieron asistir los radicales y Carrió para intentar apagar el incendio.

“El gradualismo salvó a la Argentina”, declaró María Eugenia Vidal hace pocas horas, defendiendo a su jefe. A las tarifas ese gradualismo no les hizo ni cosquillas. Y ojo que ya no vale echarle la culpa a Cristina. Hay que hacerse cargo.

 

 

 

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