¿Cómo eligen hoy los jóvenes una carrera universitaria?

CSI y la pasión por la escena del crimen

CSI y la pasión por la escena del crimen

¿El fin de las vocaciones tal como las conocimos? La influencia de las series televisivas en la decisión y la reformulación de los viejos test. Cuando el trabajo tiene fecha de vencimiento.

 

Florencia Carbone

 

Sol Pérez Kablan tiene 23 años. Su familia vive en Gualeguay pero ella hace 5 que se mudó a Rosario para estudiar Medicina. Hizo el ingreso en 2013 y sólo le falta rendir tres finales para terminar, aunque en realidad después comenzará la especialización (se sabe que Medicina es de las careras largas).

¿Cuál fue factor decisivo a la hora de elegir una carrera? “Varias cosas –dice-. Siempre me maravilló el funcionamiento del cuerpo. No podía creer que fuera todo tan perfecto. Nunca tuve un contacto directo con la medicina ni tenía un pariente que fuera médico, salvo mi tía Belén que es enfermera y cada vez que la veo charlamos y le pregunto cosas. Otro recuerdo que tengo y que me alimentó la idea de querer hacer esto era que de chiquita miraba ER Emergencias (una serie de televisión) con mi mamá. ¡Me fascinaba!”, responde.

Lejos de ser un fenómeno local, las series como factor de peso a la hora de definir la elección de una carrera se han vuelto un caso de estudio global que muestra una estrecha relación entre el aumento en la matrícula de carreras como medicina, psicología o ciencias forenses, por ejemplo, con la multiplicación de programas del rubro: a los viejos ER Emergencias y Dr House, les siguieron más acá en el tiempo, NCIS, CSI y Criminal Minds (Mentes Criminales), entre tantas otras.

¿Es que con la aparición de nuevos fenómenos y parámetros desparecen los viejos? ¿Qué lugar queda en los nuevos esquemas para la “vocación”?

Los Millenials (como se denomina a la generación de quienes llegaron a su vida adulta con el cambio de siglo, es decir en el 2000) son definidos como tecnoadictos, viajeros por naturaleza y poco afectos a los compromisos de larga duración. Se trata de jóvenes que tienen una relación con el mundo laboral muy diferente de la que supimos conocer.

Marcela Romero, Gerente Comercial de Talent Permanent de ManpowerGroup Argentina, comenta que los Millenials no tienen una visión de largo plazo porque son muy conscientes de que el cambio es permanente y de que lo que ocurre hoy quizá no sea así en unos años.

 

Deseo antes que vocación

“Creo que a la hora de buscar una carrera se guían más que por su vocación por su deseo. No es un pensamiento de largo plazo. Aunque hagan el análisis hoy es muy probable que el contexto esté alterado para cuando les toque ingresar al contexto laboral con un título. Más que en qué trabajo van a hacer piensan en otras cosas, como en qué contribuciones positivas pueden aportar, en trabajar con personas que los inspiren, que los lideren desde un lugar de desarrollo. Muchos están interesados en un proyecto de desarrollo personal y no necesariamente en trabajar en una compañía en relación de dependencia. Eso también es un modelo que está evolucionando. La relación de dependencia de las generaciones anteriores (como la X) donde existía la estabilidad laboral –ni hablar los que se jubilaban en la misma compañía, se modificó.

ER Emergencias transmite la pasión por la medicina

ER Emergencias transmite la pasión por la medicina

Hoy la relación de dependencia es de períodos más cortos porque estos jóvenes lo que pretenden más que tener un trabajo estable es mantener estable su empleabilidad, mantenerse atractivos para los empleadores en el mercado más allá de cuál sea ese empleador”, describe.

¿Qué vigencia tienen en el nuevo contexto los tradicionales test vocacionales?

Belén Grecco, psicóloga, explica que las nuevas perspectivas en orientación vocacional sugieren que la vocación no es algo que en algún momento esotérico alguien descubre por sí mismo o a través de un tercero, sino que se construye. “Esto forma parte de un proceso en el que muchas veces los adolescentes deben ser acompañados por especialistas, pero no necesariamente”, aclara.

Según Grecco, el proceso de elección del destino laboral de un adolescente puede verse influido por distintos factores. Uno de ellos puede ser la profesión de un padre o algún referente que admira como puede ser el protagonista de un libro o de alguna serie de televisión.

La psicóloga destaca que el objetivo es que ese proceso configure un proyecto que no sólo esté en consonancia con sus motivaciones sino también con sus recursos cognitivos, su experiencia, y que además se inscriba y vincule con el contexto socio económico actual y con las posibilidades concretas de llevarlo a cabo.

“Para eso, de a poco, se están dejando de lado los test vocacionales tradicionales, que son una herramienta que propone una carrera teniendo en cuenta básicamente los recursos del adolescente para dar lugar a la conformación de proyectos vocacionales, donde los chicos tengan un lugar activo, de protagonismo absoluto en esta decisión. Los adultos hemos acostumbrado a ubicar a la adolescencia en un lugar de licencia social y nos empeñamos en facilitarle las cosas y evitarles las frustraciones, obturando muchas veces el desarrollo de recursos concretos para operar sobre la realidad, tales como el esfuerzo la tolerancia, etc”, advierte.

Por último, Grecco señala que los psicólogos pueden ayudar en ese proceso que supone un camino de autoconocimiento, investigación y entrevistas con personas que desempeñen o estudien profesiones que les generen curiosidad o entusiasmo, etc. a través de una actividad que contribuya al desarrollo de actitudes, competencias y aptitudes de la persona para enfrentarse a la vida y al trabajo, pero que eso no es necesario en todos los casos.

María Tresca, psicóloga, cree que las series son un modelo de información que permiten visualizar mucho más que antes cómo es el ejercicio de una profesión y admite que aunque eso influye en la elección de una carrera, todavía pareciera no haber tanto cambio en cuanto a cuáles son las variables principales de mayor peso a la hora de la decisión final.

“La influencia familiar sigue teniendo una influencia enorme. La opinión de los padres se pone por encima incluso del rédito monetario que pueda tener la profesión o el prestigio. De lo contrario no se entendería que profesiones como la de abogado o contador que según todas las investigaciones serán las primeras en desaparecer sean las que más matriculados tienen. Eso es lo que me hace pensar que los chicos siguen mirando ejemplos de familiares o personas con quienes se identifican más que un análisis abstracto de posibles panoramas futuros”, arranca Tresca.

Gypsy, una psicóloga muy particular

Gypsy, una psicóloga muy particular

Luego, agrega: “También es cierto que una decisión vocacional hoy no tiene el peso que tenía antes. El recorrido de formación es mucho más ágil y flexible, hay muchísimas más alternativas de carrera cortas con salida laboral, y hay más chances de ir haciendo camino al andar. La orientación vocacional es un buen recurso y bien hecha puede ayudar a los chicos a elegir, pero por otro lado equivocarse en la primera elección no tiene tanto costo como lo tenía antes. Uno puede pivotear más fácilmente, incluso estudiar una carrera y después hacer que la práctica de esa carrera si no se alinea con tus intereses reales vaya variando. Hoy no es todo tan estanco, las áreas se mezclan mucho más”.

“La mentalidad de los chicos cuando hoy eligen una carrera tiene una metodología diferente para poder acomodarse a una realidad cambiante, que desde nuestro paradigma tal vez es interpretada como de bajo compromiso, pero creo que tiene más que ver con un estilo diferente de enfrentar las cosas”, agrega la psicóloga.

 

El consultorio por un bar

“Estudio Medicina. Ahora tengo pensado tirar los últimos tres finales. Recibirme, especializarme y hacer todo, pero no lo veo como el trabajo para toda mi vida. De hecho, estudiando con mis amigas, el pensamiento es ¿por qué no nos vamos a poner un barcito a algún lugar con mar y dejamos esto? Si el día de mañana se me presenta una oportunidad y me cierra muchísimo más que lo que estoy haciendo, no tendría problema en dejarlo. No es que tengo un apego con la carrera 100% y no la dejo ni ahí, no. ¡Para nada!”

Sol hizo una carrera impecable, en tiempo y forma. Asegura que si volviera cinco años atrás volvería a elegir Medicina, pero también dice: “No soy 100% vocación. Me encanta esto y lo volvería a elegir más allá de todo lo que puteás en el camino por todo lo que tenés estudiar. Lo de la vocación es igual para cualquier carrera. Esto tiene el plus que tenés en tus manos la vida de otra persona, por eso se le pone eso de que tenés que tener recontra vocación. Pero más que nada es la responsabilidad que se le agrega, no creo que sea sólo vocación”.

Cuenta que su familia no influyó mucho en la elección de la carrera aunque lo que siempre estuvo en claro era que querían que estudiara algo.

“Se siente una presión externa cuando decís medicina, ingeniería… esas carreras. Pero es más que nada nombre. Cualquiera puede estudiar medicina, es cuestión de sentarse y nada más. Cuando elegí estudiar esto pensé: Me convence y lo quiero estudiar pero nunca generé con la carrera eso de ¡a esto lo amo tanto que lo voy a hacer por el resto de mi vida!”, relata.

Sol recuerda que era fanática de ER Emergencias, serie que miraba con su madre cada noche.

“Me fascinaba la adrenalina que se generaba ahí. Hoy si pienso en una especialidad sé que tiene que ser algo quirúrgico. Todo lo que pasa en el quirófano me encanta. No podría hacer 24 horas de consultorio porque me parece muy aburrido. ¿Qué parecido hay entre la serie y la vida real? (se pregunta y responde): Los casos con los pacientes son de libro, pero después nada que ver. Muchos entran a la carrera pensando esto va a ser Grey’s anatomy y no. Nos mandan a prácticas en hospitales públicos que no tienen ni la mitad de los recursos que se ven en las series. Eso de que las historias clínicas están cargadas en las tablets y cada médico tiene una tablet, no existe acá. De hecho hay veces que no hay gasas ni guantes, te los tenés que llevar vos”.

¿Qué papel ocupa el dinero para las nuevas generaciones? A la hora de elegir una carrera, ¿cuánto peso tiene la potencial futura remuneración que obtendrán?

Marcela Romero, de Manpower, dice que el tema no figura entre las prioridades.

“Hacen lo que desean, lo que los hace felices, mejores personas, sobre todo en los momentos iniciales, cuando se elige una carrera universitaria porque están valorando otras cosas. No se proyectan tan adelante porque tal vez la carrera que piensan que hoy les da más rentabilidad o el día de mañana les brindará un buen pasar, desaparecerá o perderá valor en el mercado y tendrán que orientarse a otra”, responde.

Belén Grecco concluye señalando que todo este proceso supone una aventura, un camino que no tiene por qué ser lineal, pero que terminará con una de las decisiones más trascendentes en la vida de un ser humano, ya que supone una búsqueda del sentido de uno mismo en relación con el entorno que permita construir la identidad profesional que cada cual quiera para su futuro.

Hoy, ese proceso también parece estar en pleno cambio.

 

De vocaciones, sueños y utopías

Por Luis Castillo (*)

Cada vez más, vemos cómo tanto en la toma de decisiones como en ciertos aspectos más comunes de la vida diaria se desmoronan las teorías genetistas para dar lugar a explicaciones a esos fenómenos desde un punto de vista socio cultural. Es decir, nadie nace para sino que cada uno se va construyendo como ser humano, como ciudadano y como profesional dentro de un contexto social que lo moldea y lo define.

¿Querer es poder? Decía Aristóteles: “Allí donde se cruzan tus talentos y las necesidades del mundo, está tu vocación”. ¿Alcanza acaso con soñar algo, con desearlo tanto como para que pueda convertirse en vocación? Si seguimos al maestro estagirita podríamos afirmar que con el deseo solo no alcanza, se precisa asimismo del talento y, cada vez más en un mundo altamente competitivo, de lo que él llamaba necesidades del mundo y que hoy podemos mencionar como demanda del mercado.

Algunos autores, al referirse a la cuestión de la vocación –que quizá podríamos llamarla también deseo a largo plazo- describen tres períodos en la formación de este anhelo: el primero es la elección de fantasía, que podemos observar en los primeros años de la infancia, aproximadamente entre los seis a once años, en donde los niños sueñan e imaginan su futuro con el único límite de su propio contexto. En esta etapa llevan a cabo todo tipo de roles: son médicos, cantantes, pilotos de autos, actores o actrices exitosos y llenos de fama…, acá no prima la razón sino el deseo; un deseo, naturalmente, acorde al entorno ya que a la par de descubrir sus habilidades y aptitudes también el niño va identificando roles a los cuales se siente ajeno o sin sentido de pertenencia como para soñar con él. Es decir, cada uno sueña con lo que puede, con lo que conoce, con lo que siente que puede apropiarse. Y así, identifica situaciones con la que se siente cómodo y feliz y otras con la que sucede todo lo contrario.

El segundo período abarca desde los 12 hasta los 17 años y es en este momento en que los niños y adolescentes toman consciencia de las cosas que podrían o no realizar, de lo que puede convertirse en realidad y lo que sólo pertenece al mundo de los sueños, es el momento en que perciben sus talentos y habilidades. O sienten que no tienen ninguno. O toman conciencia de que sus deseos no son suyos sino que responden a expectativas paternas, tradición familiar, etc. a la que muchas veces es muy difícil oponerse.

Finalmente, el tercer período se describe a partir de los 18 años y es donde se supone que se puede ver la realidad y analizar objetivamente lo que se desea para el resto de sus vidas. Naturalmente, las presiones que se describieron en el punto anterior siguen presentes y es definitorio tanto la madurez y fortaleza a la hora de tomar una decisión como el hecho de que se hayan tenido o no una familia y una escuela que los estimulen y alienten a progresar y superarse o bien que ésta solo haya servido para acrecentar la sensación de impotencia y frustración. Decía M. K. A. Halliday: “lo que la escuela no ha podido prevenir lo deja para que lo cure la sociedad”. Y la sociedad, sabemos, tiene otras urgencias.

Por lo tanto, vemos que eso que llamamos vocación está fuertemente influenciado por  la familia, la escuela, el barrio y, por supuesto, el deseo personal que, como vimos, se encuentra asimismo afectado por factores ajenos a uno mismo.

Hasta fines del siglo XIX, la posibilidad de ascenso social tenía tres caminos: sacerdote, militar o abogado. Cada familia modesta soñaba con que su hijo pudiera iniciarse en alguna de estas áreas.

El siglo XX vio llenarse el país de inmigrantes que apenas si traían consigo sus ansias de progreso y, en ese entonces, uno de los sueños más preciados era lo que describió Florencio Sánchez tan magistralmente en el sainete: M´hijo el dotor. Un hijo en la universidad coronaba una vida de privaciones y esfuerzos y posicionaba esa familia varios peldaños subjetivos más arriba en la escala social, es decir, lo que P. Bourdieu describió como capital social.

El siglo XXI nos plantea el desafío de pensar que a las dos premisas aristotélicas podamos sumarle una tercera: la felicidad. Alguien dijo alguna vez: quien encuentre el trabajo que le haga feliz nunca más sentirá que está trabajando. Hacer lo que a uno le hace feliz le permite hacerlo con pasión, que no es sino lo contrario a la rutina y el tedio. Volvemos entonces a la vocación y vemos que llevarla a cabo no es sino un estado de felicidad que experimenta quien disfruta de su trabajo. Cualquiera sea este.

Por lo tanto, vemos que al hablar de vocación no puede omitirse los conceptos de igualdad de oportunidades, de educación inclusiva, de niñez plena, de amor, solidaridad, altruismo.

El mundo laboral actual es duro, competitivo, complejo. Generar las condiciones para que cada uno pueda conocer, estimular y desarrollar sus habilidades que luego le permitan insertarse en un mercado en el que pueda materializar sus sueños y a partir de ahí ver plasmada la felicidad quizá pueda verse como una utopía pero para poder hacer un mundo mejor, lo primero es imaginarlo.

(*)El autor es médico de terapia intensiva

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