Para no ser un herido de playa

Las vacaciones invitan a disfrutar el aire libre, y las playas son una tentación para hacer deporte, pero si uno no está preparado físicamente, puede ser riesgoso. Debemos aprender a no sufrir las vacaciones.


Por Dres. Norberto Furman y Abel Lemiña

Jefe y Sub-Jefe Equipo de Quiropraxia
Instituto Furman de Bs. As.
 
Llegó el verano, vaya si llegó, desde hace varias semanas el calor se adueñó de nuestras vidas y el sol nos azota cada vez que nos encuentra cuando se elevó un poquito del horizonte. Pero lo bueno es que el verano es sinónimo de vacaciones, se viaje o no, hay unos días de descanso que queremos aprovechar, en lo posible al aire libre y mejor si hay agua donde zambullirse.
El short, la malla, la arena, invitan a sentirse joven otra vez, los pies sin calzados festejan la libertad que solo esta época permite. Todo bien, acá, junto al río, en la pileta, allá en el mar, somos los habitantes del verano y comenzamos a hacer lo que no hacemos el resto del año.
Y eso es bueno para el alma, pero a veces no lo es tanto para el cuerpo.
Varias son las cosas en las que hay que tener cuidado, porque sino las vacaciones pueden pasar, de disfrute a tortura.
 
Cuidado con el rey
Primero, por supuesto, hay que disfrutar el sol respetándolo, sabiendo que tiene sus bondades y sus riesgos, que es bueno tomar sol pero en dosis determinadas y en horarios permitidos, no por leyes, sino por la lógica del conocimiento. Sus rayos pueden producir quemaduras severas, y la acumulación de radiación ultravioleta es nociva a largo plazo pero nociva al fin. Entonces, lo indicado es exponerse al sol en horarios que los rayos no nos castiguen perpendicularmente, por eso a la mañana hasta las 10.30 hs y a la tarde después de las 17 hs, con el horario actual. Colocarse protectores solares, y muchísimo cuidado con las criaturas que se queman sin darse cuenta mojaditos en la orilla del río o mar.
 
El deporte puede no ser salud
Uno de los riesgos está en querer hacer la actividad física que normalmente no se hace durante el año, volley, fútbol, paleta, tenis, correr a los chicos y revolcarse como cuando teníamos 20 años, ahora los tenemos, pero de casados.
Así asistimos a las guardias con desgarros musculares, esguinces, fracturas, lumbalgias de esas “que marcan época”, dolores en todas las articulaciones, rotura de ligamentos de la rodilla, etc. La arena blanda exige un esfuerzo importante para afirmarse al correr, girar, saltar, lo que si bien es divertido, tiene un riesgo mayor comprobable cada verano con una casuística notable de lesionados.
Entre el sol, la paliza deportiva y las zambullidas en el agua, incluso el revolcón que nos pegó la ola, a veces sentimos como si el mismísimo Mohamed Alí nos hubiese agarrado en el ring en su momento de esplendor boxístico.
Y así chau descanso, adiós disfrute de las vacaciones y toda la familia como en un velorio, rodeando al ayer divertido papá y hoy destruido padre tratando de ver como darse vuelta en la cama y pensando en quien va a manejar hasta volver a casa.
 
Se puede disfrutar sin sufrir
Pero lo importante no es que hay que quedarse quieto, sino saber manejarse con criterio. Si fuese posible habría que prepararse unos meses antes activando el cuerpo en forma gradual, haciendo caminatas, o volviendo lentamente y en forma progresiva al deporte que antes hacíamos y que nos gusta.
Moderarse en la actividad playera, no queriendo hacer todo en el mismo día, ni queriendo desafiar a los jovencitos que desde la cancha de volley gritan “pase el siguiente”, y menos sentirse un Lionel Messi. Entonces lo bueno es hacer una entradita en calor antes del picado del atardecer frente a las curiosas gaviotas, elongar los distintos grupos musculares y tratar de encontrar el punto lógico del esfuerzo, aunque a veces no se llegue a hacer el gol.
Al finalizar la jornada, un chapuzón refrescante y otra vez un poquito de elongación muscular, una buena hidratación, y de esa manera a la noche a dar una vuelta con la familia por la costanera y no la familia una vuelta alrededor de la cama del “herido” en la playa.
Bueno, por ahora paramos con los consejitos porque nos vamos a jugar un rato al tejo, tomando unos buenos mates.
 
 

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