Sin raqueta ni palo de golf

La epicondilitis y la epitrocleítis son afecciones inflamatorias del codo que suelen ser bastante rebeldes a la hora de tratarlas. Es importante iniciar el tratamiento cuanto antes.


Por los Dres. Norberto Furman y Abel Lemiña

Jefe y Sub-Jefe Equipo de Quiropraxia
Instituto Furman de Bs.As.
 
El codo no parece ser una zona de grandes lesiones o por lo menos de las más comunes, excepto las traumáticas puras, como el caso de las fracturas.
Sin embargo, hay afecciones de esta articulación que van desde dolores leves, hasta aquellos intensos que hacen “lagrimear” al más valiente.
La articulación del codo tiene movimientos de flexo-extensión e interviene en la movilidad de muñeca y mano.
 
Diagnóstico que suena a chiste
Dos afecciones tendinosas inflamatorias del codo, tienen una denominación característica, porque se las relaciona con deportes, nos referimos al golf y al tenis; sin embargo éstos son los que menos las sufren.
Esto a veces provoca situaciones digamos simpáticas al momento de darle el diagnóstico al o a la paciente, cuando se le dice que tiene “codo de tenista” o ”codo de golfista” cuando el paciente jamás ha tomado con sus manos una raqueta y mucho menos un palo de golf.
 
Dónde quedan
Para ubicarlos, los otros nombres que tienen estos problemas son epicondilitis (codo de tenista) y epitrocleítis (codo de golfista). Estos nombres aún pueden desconcertar más al paciente y en este caso a usted como lector, pero pasa que en medicina se le agrega el prefijo “itis” para significar que hay inflamación y las regiones afectadas son el epicóndilo y la epitróclea.
Si estiramos el brazo, o sea el codo en extensión y ponemos la palma hacia arriba, tendremos que el relieve óseo interno es la epitróclea y del lado externo y un poco hacia atrás está el epicóndilo.
Allí se insertan los tendones de grupos musculares que usamos muchísimo en las acciones cotidianas, pero mientras no se inflaman ni nos enteramos que existen.
 
Aunque no juegue tenis ni golf
Se las estudió mucho en los deportistas, porque por mala técnica o por hiperfunción o por mala calidad de los elementos deportivos usados, se presentaban casos en tenistas (epicondilitis) y en jugadores de golf (epitrocleítis)
De las dos, la que más se presenta es la epicondilitis, que tiene como síntoma principal el dolor localizado en el epicóndilo que se inicia generalmente de forma lenta y progresiva. Aumenta ante algunas las actividades físicas, con la extensión de muñeca y extensión de los dedos. Es común sentir y de hecho a veces ocurre que sobrevenga un dolor intenso que puede hacer caer la pava o la botella que uno tiene en la mano.
Si el dolor sigue en aumento realmente por momentos es invalidante. Canillas duras, destapar botellas a rosca, usar destornillador, u otras simplezas de la vida pasan a ser una tortura. A veces parece que se va solo, pero al despertar puede ocurrir que no pueda casi mover el codo, hasta que de a poco se activa la zona. En forma instintiva uno tiende a tocar el epicóndilo, incluso a presionarlo, aumentando el dolor.
Generalmente la causa es por microtrauma, o sea por movimiento en exceso o forzados que desencadenaron el fenómeno inflamatorio que viene fácil y cuesta que se vaya.
En el caso de la epitrocleítis, la situación es bastante similar pero lo que cambia es la localización.
La repetición del mismo gesto o movimiento en el trabajo o actividad va provocando un microtrauma que termina por provocar la inflamación de la zona de inserción de los músculos flexores de la mano y que son los que se insertan en la epitróclea,
El paciente refiere dolor en los tendones flexores y pronadores, en la propia epitróclea, situado en la parte interna del codo cuando flexiona o lleva la palma de la mano hacia abajo girando la muñeca contra resistencia, lo que también puede manifestarse con el solo hecho de apretar el puño o comprimir una pelota de goma dura.
 
Consulta y tratamiento
En ambas situaciones, sea en la epitróclea como en el epicóndilo, es importante consultar ante la aparición de los primeros síntomas, para hacer un correcto diagnóstico y comenzar cuanto antes un tratamiento que suele ser con antiinflamatorios, crioterapia (hielo), fisioterapia, técnicas manuales especiales, ejercicios de rehabilitación. Así es, hoy han aprendido que pueden tener codo de tenista o de golfista, aunque lo más parecido a la raqueta que haya manejado sea un cucharón y lo más cercano al golf haya sido la salsa golf que acompañó las ricas paltas de la cena del otro día.
 
 
 

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