Entre Ríos: la utopía del desarrollo

industria lácteaMás allá de la propaganda oficial, que suele presentar una realidad idílica, la provincia de Urquiza tiene un desempeño económico que está muy por debajo de sus posibilidades reales.

 

Marcelo Lorenzo

 

¿Produjo Entre Ríos, en la última década, el salto cualitativo al desarrollo, de suerte que muestra hoy una economía vibrante y sofisticada? ¿Acaso verificó una revolución industrial en su base productiva?

Si uno se atiene al discurso de los funcionarios -incluso de los que asumieron en diciembre pasado- podrá creer que la provincia de Urquiza modernizó su base productiva, aprovechando un ciclo largo de bonanza, atado a los precios internacionales inéditamente altos de su producción agropecuaria.

Sin embargo, en base a los datos fríos de la estadística, Entre Ríos en estos años no experimentó una transformación estructural hacia una economía más sofisticada, con mayor generación y agregado de valor.

Eso al menos dice el informe “Entre Ríos. Aportes hacia un camino de oportunidades y desafíos” (2015) del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES), perteneciente al Consejo Empresario de Entre Ríos (CEER).

El trabajo (que puede leerse en  http://192.185.136.211/~ceerorg/aportes/#/1), en esencia revela la excesiva primarización de la base económica, que coexiste con un Estado sobredimensionado. El problema, según el estudio, es que pese a las ventajas competitivas de la provincia, como productora de bienes primarios, sin embargo no logra industrializar esa materia prima, quedando en una situación objetiva de atraso.

Según el IIES/CEER, la economía provincial sigue siendo dependiente -como ha sido a lo largo de su historia- de la actividad primaria y continúa postergando la realización de un modelo agroindustrial de alto valor agregado.

La primarización entrerriana queda más al desnudo si se compara su estructura económica con las de Santa Fe y Córdoba, las provincias vecinas que junto con Entre Ríos conforman la Región Centro, cuyas tramas productivas, económicas, sociales y culturales son muy parecidas.

Al interior de la región hay heterogeneidades importantes. En principio el tamaño de la economía entrerriana representa un tercio del conjunto. Pero a la vez es la que tiene menor productividad media (relación entre población y Producto Bruto Geográfico -PBG-).

El informe de marras sostiene que esta menor productividad tiene relación con el hecho de que Entre Ríos es la menos industrializada de la región. Mientras en la provincia la producción de bienes primarios triplica la participación de la industria, en Córdoba esa proporción es prácticamente igual y en Santa Fe es inferior.

“Hay que destacar el relativamente bajo desarrollo (de Entre Ríos), dentro de la Región Centro, en actividades de alto valor agregado y su baja capacidad exportadora de este tipo de bienes y servicios”, refiere el trabajo en el apartado final donde se habla de los desafíos y oportunidades de desarrollo para Entre Ríos en el siglo XXI.

De acuerdo al escrito, la productividad de la economía entrerriana, o la cantidad de bienes que produce, es baja. “Nuestra producción media per cápita es inferior a la media nacional”, refiere, aunque aclara luego: “No vemos justificativo razonable para que esta realidad no pueda cambiarse”.

Según el IIES/CEER, Entre Ríos tiene un potencial no desarrollado y hasta aquí no ha hecho más que desaprovechar oportunidades. “El crecimiento sostenido del producto -refiere- se puede lograr desarrollado actividades generadoras de valor agregado, que son: el complejo agroindustrial y el complejo comercial, turístico, financiero y logístico que se generaría en la región más productiva el Cono Sur”.

Conjeturar que Entre Ríos puede ser un gran supermercado de alimentos no sólo tiene asidero en el potencial de su geografía y en la habilidad de sus productores.

El dato central es que el mundo demandará comida en forma creciente. “Más allá de los vaivenes y oscilaciones naturales, no es arriesgado afirmar que los precios internacionales de las materias primas y los commodities industriales (insumos esenciales para el crecimiento económico de Asia) en el mercado mundial van a moverse en un nivel más alto respecto de los históricos”, indica el CEER.

Y añade: “Para la producción especializada en alimentos, existe un plus adicional dado por el hecho de que, a medida que los países asiáticos se desarrollen, las dietas de sus poblaciones se irán sofisticando pasando de las pautas alimentarias basadas en los hidratos de carbono y grasas (arroz, granos, aceites) hacia las dietas proteicas (carnes y lácteos)”.

 

Mucha burocracia y poco desarrollo 

Entre Ríos presenta el cuadro típico del subdesarrollo: mucha burocracia estatal (provincia y municipal)  y escaso despliegue de la economía privada con capacidad para absorber la fuerza laboral nativa.

Aquí la burocracia estatal creció en progresión geométrica, y no guarda relación con la economía productiva entrerriana, que más bien se ha achicado en relación al crecimiento poblacional.

Desde la década del ‘60 el empleo público fue creciendo en forma creciente. Hay razones para sospechar que ésa fue la manera con la que el Estado ha logrado paliar la insuficiente oferta de trabajo privado.

El empleo público compensó, así, la debilidad de la economía privada, incapaz por sí misma de absorber la mano de obra provincial. Según los últimos trabajos del IIES/CEER, “la planta de personal del Estado se va expandiendo a mayor ritmo que la población”.

Por ejemplo, según esta fuente empresarial, mientras en 2005 había 55 empleados públicos provinciales por cada 1.000 habitantes, en el 2014 se contabilizaban 66 empleados públicos provinciales por cada 1.000 habitantes.

En tanto un informe de noviembre de 2015 del Ministerio de Economía provincial indica que la planta de personal, sumando el de planta y temporarios, es de 87.621 agentes.

Si se tiene en cuenta que la población de Entre Ríos es 1.308.290 habitantes, hoy por tanto existe una relación de 67 agentes estatales por cada 1.000 habitantes.

Pero hay un dato aún más inquietante: esa cifra está por encima de la media nacional, que es de 45 empleados públicos por cada 1.000 habitantes.

Por otro lado, se estima que la cantidad de empleados públicos provinciales (87.621) no es muy diferente al total de empleados privados formales urbanos (114.000).

Uno de los grandes desafíos en Entre Ríos, por tanto, es reconvertir al Estado, para que en lugar de ser una “agencia de colocaciones”, promueva y aliente la creación de empresas privadas, para que sean éstas las que generen empleo.

No es casual, en este contexto, que en el diagnóstico de la IIES/CEER se incluya como “debilidad” de Entre Ríos la “sobredotación del personal en áreas del Estado”.

Esta sobrepoblación está asociada a problemas que atañen a la viabilidad financiera del Estado entrerriano. Así, más gasto en personal implica una reducción de la inversión en infraestructura, necesaria para el desarrollo económico.

Según el informe económico del IIES/CEER sobre las cuentas públicas provinciales, a septiembre de 2015, el gasto en personal se incrementó un 37% respecto de septiembre de 2014.

Por otro lado, al 30 de septiembre de 2015, “ya se había ejecutado un 86% de lo presupuestado (en ese rubro) para todo el año”.

Y se añade: “Este gasto ha sido compensado con una muy baja ejecución de inversión real (NdR: obras públicas)”, que a ese momento era sólo el 30% de lo presupuestado.

Según el IIES/CEER, hay aquí una práctica presupuestaria recurrente que consiste en sobrevaluar el gasto en inversión mientras se subvalúa el gasto en personal y las transferencia a municipios.

Pero en la ejecución real del presupuesto, se sub-ejecutan obras públicas y se usa ese dinero para hacer frente a gastos corrientes (pago de sueldos y transferencias).

Hay que pensar, asociado a esto, que el presupuesto entrerriano muestra además una alta incidencia de gastos rígidos: más de la mitad del gasto público provincial va a sueldos y un 10% adicional es coparticipación a municipios.

 

Dependencia con el poder central

Otro problema no menor de las finanzas provinciales es que 7 de cada 10 pesos de los ingresos globales del sector público de Entre Ríos son girados por el gobierno nacional. Pero con un agravante político: el grueso de ese dinero no son giros automáticos como la coparticipación sino que son discrecionales.

Esta ecuación unitaria -de alta dependencia con la Nación- se disimuló hasta acá por el hecho de que las últimas administraciones provinciales eran del mismo signo político que las nacionales (kierchnerismo-peronismo).

La novedad es que desde diciembre último esta coyuntura cambió: los sueldos de los empleados estatales y la obra pública hoy dependen en gran medida de la billetera de la administración Macri.

Como ha reconocido el gobernador Gustavo Bordet (FpV) en su primer discurso a la legislatura provincial el pasado lunes: “Hay una buena relación con el gobierno nacional, lo que ha posibilitado que el Estado provincial pueda cumplir en término con sus obligaciones básicas como pago de sueldos y proveedores”.

Es sintomático, al respecto, que por estos días los funcionarios provinciales abusen en su discurso del término “gobernabilidad”, sugiriendo que la necesidad impone una buena sintonía con la Casa Rosada, aunque allí habite el opositor político.

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