Entrenando al corazón

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No es lo mismo salir a caminar que llevar a cabo un programa de rehabilitación cardiovascular. No es lo mismo en relación a la seguridad ni en relación a los beneficios.

Lic. Federico Peralta*

MN: 12024, MP: 1405

El aumento de la expectativa de vida de la población en general ha determinado una mayor cantidad de personas con alteraciones crónicas relacionadas a la edad. Por otro lado, las mejoras en la detección temprana de trastornos cardiovasculares y los avances en las estrategias de tratamiento médico han aumentado la sobrevida de las personas con patologías cardíacas. En este contexto y atendiendo a las pautas establecidas por la Organización Mundial de la Salud, ha resultado evidente la necesidad de mejorar la calidad de vida relacionada con la salud en estas personas. Vivimos más y apuntamos a vivir mejor.

Es inagotable la bibliografía sobre los beneficios del ejercicio físico en la población general y en distintos grupos con patología. Se han descripto beneficios desde la disminución de la presión arterial, hasta la prevención de distintos tipos de cáncer mediante el ejercicio físico. Es importante saber qué características debe tener el ejercicio físico para poder generar los beneficios que la literatura ha informado. Ya que dependiendo del tipo de ejercicio serán las adaptaciones que nuestro organismo tendrá que realizar y consecuentemente los beneficios para quien lo realiza.

¿Qué es la rehabilitación cardiovascular?

Como lo ha definido la Sociedad Argentina de Cardiología en su consenso redactado por especialistas en el año 2014, “la rehabilitación cardiovascular comprende el conjunto de medidas adecuadas para reinsertar al paciente al entorno familiar, social, económico y laboral de la manera más rápida y efectiva”. Los objetivos principales son la reinserción de la persona a una vida tan activa como sea posible y la prevención de la progresión de la enfermedad cardiovascular. Para ello es necesario un trabajo multidisciplinario en el que participan enfermeros, kinesiólogos, profesores de educación física, psicólogos y médicos.

Ante esta definición, una pregunta que surge es ¿es lo mismo salir a caminar que llevar a cabo un programa de rehabilitación cardiovascular? ¿Tendré los mismos beneficios?

Es habitual escuchar que a personas con alteraciones cardíacas se les ha recomendado que “salgan a caminar”. Como se dijo al principio, el ejercicio físico tiene muchas ventajas y beneficios, pero cuando estamos hablando de una persona con una alteración de base la prescripción de ese ejercicio no debe estar determinada por un tiempo y una frecuencia: “camina tres veces por semana durante al menos 30 minutos”. Según el mismo consenso de la Sociedad Argentina de Cardiología un programa de rehabilitación debe contar con cuatro fases, o mejor dicho y con sus palabras, la rehabilitación cardiovascular “Se puede dividir clásicamente en cuatro fases, aunque la realidad es que se trata de un proceso continuo y sin interrupciones”. Cada una de estas fases cuenta con ciertas características que varían en duración, frecuencia, intensidad y tipo de ejercicio dependiendo de la persona que esté siendo rehabilitada y de sus características clínicas. Por otro lado, una persona que ha sufrido un evento cardíaco o tiene alguna alteración congénita debe ser monitorizada por un profesional de salud. No sólo para que el ejercicio físico sea el necesario para ese momento y esa persona, sino también para que dicho ejercicio sea seguro.

Entonces a la pregunta inicial ahora podemos dar una respuesta, no, no es lo mismo salir a caminar que llevar a cabo un programa de rehabilitación cardiovascular. No es lo mismo en relación a la seguridad ni en relación a los beneficios.

La inestabilidad del tórax en personas que han sido intervenidas quirúrgicamente, la sensación de falta de aire, fatiga, presión arterial, saturación de oxígeno, son algunas de las variables que deben ser contempladas para que el ejercicio físico sea seguro y efectivo. La rehabilitación cardiovascular, como ha sido definida aquí, ha demostrado ser segura, efectiva y se encuentra en el nivel de evidencia científica más alto (nivel de evidencia A). Esto quiere decir que tanto la literatura científica como la comunidad internacional especializada en el tema recomiendan firmemente la implementación de programas de rehabilitación cardiovascular en las personas con alteraciones de su función cardíaca.

 

*Licenciado en kinesiología y fisiatría UBA orientado a rehabilitación neurológica y trastornos vestibulares y del equilibrio; docente UBA, investigador y responsable de CIRIC Formación Permanente.

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