Camilo Tiscornia: “La Argentina es como una promesa que no se materializa”

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El economista destacó que, pese a las potencialidades, la volatilidad macroeconómica que caracteriza al país espanta a los inversores y resta competitividad. 

Florencia Carbone (*)

El gráfico de la economía argentina se parece a un electrocardiograma, pero de un tipo muy estresado, que tiene un infarto, parece que muere, pero finalmente zafa.

El ejemplo cotidiano al que apela Camilo Tiscornia, socio de C&T-Asesores Económicos, sirve para describir el alto grado de volatilidad que caracteriza el comportamiento de los números del país.

Economista de la UCA y máster en Economía por la Universidad Di Tella, dice que lejos de ser un mito, las crisis recurrentes en el país se dan en algunos casos con mayor frecuencia a diez años. “Todos los países tienen ciclos económicos, pero nuestra historia está signada por la volatilidad macroeconómica: hay ciertas variables que atraviesan momentos muy buenos, tienen un boom, después bajan y luego vuelven a subir. Ese exceso de volatilidad es lo que genera la sensación de estar en una montaña rusa y de que acá puede pasar cualquier cosa, y aunque el ciudadano común parece estar acostumbrado a surfear esos ciclos, el tema tiene consecuencias importantes para la inversión, que es la clave del crecimiento a largo plazo. El inversor es, por naturaleza, temeroso, y este tipo de escenarios lo espantan un poco, eso explica en buena medida el bajo crecimiento a largo plazo de la economía del país”, dice.

-¿Qué hace que seamos tan cíclicos?

-No hay una causa única. La Argentina tiene una tendencia más importante que otros países a las crisis macroeconómicas y eso es un mal manejo de la política económica. La desmesura en el manejo de la política económica -compartido en mayor o menor medida por otros países latinoamericanos, aunque no con tanta intensidad- cambia a partir, sobre todo, de fines de los 90 con una gran crisis. El hecho más emblemático fue el Tequila, 1995, y después lo de Asia, en 1997. De ahí eso se esparció por todo el mundo y la Argentina terminó cayendo.

Durante los 2000 se aprovechó un momento económico mundial muy positivo y se manejó con más prudencia la macroeconomía especialmente en otros países. Acá se empezó a manejar con alguna prudencia en la primera parte del gobierno de los Kirchner, entre 2003 y 2007, y de ahí en más entramos en el ciclo de desmesura de siempre. Todas la crisis argentinas tienen en el fondo una raíz fiscal, un exceso de gasto público por los motivos que sean. Llega un momento en que eso se vuelve insostenible macroeconómicamente y termina en una crisis.

-Hay quienes hablan de la década ganada, para otros fue perdida y otros dicen desperdiciada. ¿Es correcto analizar el período kirchnerista como un solo bloque o hay que diferenciar entre los gobiernos de Néstor y Cristina?

-El asunto tiene dos niveles de análisis. Primero hay que tratar de ponerse de acuerdo con qué es lo que pasó. Y aunque parezca insólito, eso no es fácil porque, por ejemplo, las estadísticas oficiales están distorsionadas a partir de un momento. La próxima pregunta sería por qué pasó lo que pasó. Si se analizan los distintos indicadores macroeconómicos hay una mejora enorme que posicionaría a mitad de 2002 y que llega hasta 2008, cuando arrancó la crisis mundial con Lehman Brothers. Hasta entonces todos los indicadores mejoraron: aumentó el empleo, el PBI, la inflación no fue tan terrible, había superávit fiscal y de cuenta corriente, mejoraban los salarios reales, aumentaba la productividad. Desde 2008 en adelante, la cosa fue distinta.

Hubo una caída muy fuerte primero por una crisis mundial -la más importante en casi 100 años-. Era imposible creer que la Argentina no se viera afectada, pero luego hubo un rebote muy fuerte en 2010-2011, justo cuando Cristina Kirchner fue reelegida. Desde 2011 hasta ahora hubo una bajada tremenda.

-¿Por qué pasó eso?

-Nuevamente, no hay un único factor. Hubo un contexto internacional increíble entre 2002 y 2008. No se pueden disociar todas las mejoras del escenario internacional. La Argentina es un país exportador de commodities, absolutamente condicionado con lo que pasa con el precio de éstas y el crecimiento mundial. Lo que pasó entonces en el mundo también fue único en 40 años y la Argentina se vio favorecida por eso. Localmente se combinó con algunas políticas favorables y otras no tanto, pero en general el resultado fue bueno.

Desde 2008 empezaron a incubarse muchos desequilibrios. La suba de inflación tuvo el primer salto en 2007, es cuando empezó la manipulación del Indec. De ahí en más venimos barranca abajo porque el Gobierno ha intentado sostener un esquema de política económica que ya no se sostenía, sobre la base del deterioro fiscal y la financiación monetaria. Ésa es la historia de la Argentina.

-Si el declive arrancó en 2011, ¿en qué punto del tobogán estamos?

-En general, es difícil que los economistas acertemos en eso [riendo]. Se puede ver cierta configuración, analizar los indicadores macroeconómicos y detectar una tendencia. Es difícil anticipar cuándo se producirá el problema, además porque todo está muy condicionado a lo que pase en el futuro, a cómo reaccionará el Gobierno -que es un actor principal en la macroeconomía- ante los problemas.

Viendo la configuración macroeconómica hoy, la Argentina está en una situación bastante mala, con muchos indicadores fuera de rango. Cuando pasa eso, en algún momento, ocurre lo que dice esa fría y famosa frase de “el mercado ajusta”. Cómo y cuándo lo hará, es difícil saberlo. Pero cuando uno está cerca además del fin de un ciclo político, aparece la duda. Tal vez el cambio de gobierno es un buen momento, por eso hoy hay mucha expectativa acerca de qué pasa después del 10 de diciembre.

-¿Es posible un ajuste sin costo social elevado?

-La expresión el mercado ajusta es una especie de resumen de lo que los economistas tenemos en mente, pero que en última instancia, ¿qué es el mercado? No es sólo el operado que está en la Bolsa, es la resultante de todos los argentinos actuando, en última instancia cada uno tratando de hacer lo mejor para sí mismo. Cuando no se dan ciertas condiciones, esos comportamientos se manifiestan en que algunos demandan ciertas cosas, otros querrán ofrecerlas y ahí empieza el mecanismo del mercado que es el ajuste de los precios para tratar de que todo vuelva a encontrar algún tipo de equilibrio.

El ajuste se tiene que dar porque hoy, después de muchos años de una economía muy intervenida y trabada, los precios de distintas cosas dan las señales. Tenemos tarifas, tipo de cambio, importaciones cerradas… Se acumulan muchas cosas y las variables que permitirían ajustar ante cualquier desequilibrio están todas trabadas. En algún momento, el cambio se produce.

Con inteligencia se pueden hacer los ajustes que hagan falta para que la economía no termine en un problema grave y, al mismo tiempo, tratar de minimizar el costo social. Hay que proteger a las personas menos favorecidas para que no sean ellos los que paguen el costo, pero, definitivamente, hay que corregir cosas.

-¿Qué es lo que hace hoy competitivo a un país?

-Muchas cosas. El World Economic Forum publica un ranking de competitividad en el que la Argentina aparece bastante mal posicionada. En esa medición se ve que hay muchos factores. No sólo abarca macroeconómicos, sino el grado de educación, la calidad de la salud, la eficiencia del Estado, la infraestructura, la propensión a la innovación y al desarrollo, el grado de inversión. La Argentina tiene un potencial enorme, pero es como una gran promesa eterna que nunca se puede materializar. Recuerdo que hace un tiempo circuló mucho una página escaneada de una enciclopedia de principios del siglo XX en la que se describía a la Argentina como un país con un potencial enorme y se lo comparaba con Estados Unidos y Canadá. Pero eso no se materializó, estamos muy lejos de esa promesa.

-¿Qué falta para concretarla? Pareciera que estamos sobrediagnosticados, pero falla la parte de poner en marcha un cambio.

-Hay una condición que sí o sí tiene que estar, que es la estabilidad macroeconómica. Sin eso no hay forma de transformar en acto ninguna potencialidad. La clave en el largo plazo es la productividad y la innovación. Esas potencialidades se materializan mediante la inversión sea del Estado o del sector privado, y eso requiere cierta previsibilidad. Si cada cinco o diez años hay una crisis, no podés tener una inversión razonable. Y la Argentina es el ejemplo vivo del desequilibrio macroeconómico permanente. La dirigencia empresarial, política y social debería entender la importancia de tener ciertos equilibrios macroeconómicos básicos, evitar que se provoquen grandes excesos fiscales, atrasos cambiarios y grandes procesos de endeudamientos..

 

*Publicado en Comercio Exterior de La Nación 

 

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