Entrevista: “Eso de que la gente no lee, es un mito”

Juan José SelvaJuan José Selva, un ingeniero apasionado por la música, hace 25 años se animó a instalar el primer negocio de venta exclusiva de libros en Gualeguaychú.

 

Marcelo Lorenzo

 

Se diría que ‘Rayuela’ marcó un antes y un después en el negocio local del libro. Porque el 1º de noviembre de 1992, fecha de su inauguración, introdujo en Gualeguaychú un formato exclusivo del rubro.

En efecto, hasta esa fecha los ejemplares se vendían como anexos en negocios de artículos para oficina y materiales escolares. Es decir no había un lugar donde sólo hubiera libros, tanto de textos escolares como de los otros.

Con la perspectiva que da el tiempo, el alma mater de ‘Rayuela’, Juan José Selva, hoy cuenta que esta apuesta librera salió bien y de hecho el negocio de calle 25 de Mayo 1092 ha sido relanzado ediliciamente.

Además actualmente Gualeguaychú tiene tres librerías y Selva, contra todos los pronósticos sobre el declive del libro y la lectura, cree que la actividad tiene futuro, aunque ello suponga una constante adaptación a un mercado cambiante.

En su opinión, aunque la actividad no es un lecho de rosas, y suele tener sus altas y bajas, clientes sigue habiendo porque el libro de papel, al menos en el mercado local, sigue siendo muy demandado.

¿Pero no es que se lee cada vez menos?, inquirió este diario. “Esto de que la gente no lee, es un mito. Es una afirmación que no suscribo a partir de mi experiencia como librero”, contestó Selva.

Su teoría es que hay dos tipos de personas que insisten sobre el fin de los lectores. “Unos son los que efectivamente no leen y entonces creen que el resto tampoco. Yo, por ejemplo, te podría decir que la gente no mira fútbol, pero porque a mí no me interesa. Después, en el otro extremo, está la gente que lee mucho y que piensa que los otros no leen”, reflexionó.

Y agregó: “Por otra parte, ¿por qué las empresas editoriales siguen editando? No creo que quieran fundirse y tirar papel a la basura. Hay editoriales independientes en el país que se sostienen. ¿Por qué? Pues porque hay un público amplio cuya demanda están abasteciendo”.

Selva se apoya en algunos fenómenos que lo hacen ser optimista sobre el sector. “Por una parte es notable como ha crecido la lectura entre los adolescentes. Esto obedece a que las editoriales están ocupándose de este sector con buenos títulos. Y algo parecido está pasando con la literatura infantil, de gran expansión en los últimos años”.

fachada de librería Rayuela

Por otra parte, aclaró, el negocio tiene buena perspectiva en una ciudad como Gualeguaychú, que no para de crecer. Aumenta la población y paralelamente aumenta la matrícula de los colegios, cuya demanda de textos durante el ciclo escolar sostiene a las librerías.

El entrevistado reconoce además que ha beneficiado al sector una medida pedagógica de la escuela, la lectura complementaria que acompaña a la enseñanza de las disciplinas, un plan que objetivamente ha impulsado la adquisición de libros por parte de las familias.

 

LOS INICIOS

Juan José Selva es oriundo de Concepción del Uruguay. Casado con la profesora Luisa Melchiori, con quien tiene tres hijos, este ingeniero decidió radicarse en Gualeguaychú pero no para ejercer la profesión que había estudiado en la universidad.

“En mi ciudad natal había tres librerías –relata-. Cuanto entré en relación con Gualeguaychú veía que eso faltaba y que entonces podía darse. La duda que tenía entonces era si aquí podía funcionar un negocio que se dedicara exclusivamente a la venta de libros. Hice averiguaciones y mucha gente amiga me animó y así nació ‘Rayuela’”.

Según el entrevistado, aunque para ser librero no se estudia una carrera en especial, sin embargo hay que amar mucho los libros y ser consciente de que ellos abren la mente de las personas.

 

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“Yo no podría hacer lo que hago si no me gustara este mundo de los libros y la cultura. Tuve una educación que me ayudó a apreciar el valor de la lectura, al mismo tiempo que me generó interés por el arte y la ciencia”, refirió.

De hecho el nombre que le puso a la librería, contó, está inspirado en la obra del escritor argentino Julio Cortázar, cuya literatura marcó a una generación de lectores.

“Rayuela”, en efecto, es una novela que, publicada en 1963, constituyó una de las obras centrales del llamado “boom” de la literatura latinoamericana. “Además este nombre suena bien para una librería, connota algo lúdico. Y en cuanto a Cortázar, aparte de su valor literario, me unía un gusto común: el jazz”.

La música clásica, sobre todo la ópera, y el jazz son las otras grandes pasiones de Selva. Los sonidos de esos géneros suelen escucharse en la librería, como una atmósfera de fondo.

“En Radio Nacional hice un programa de jazz durante dos años. También he dado charlas sobre este género en la ciudad. Y me gustaría, en el futuro, que Rayuela sirva de disparador de un disco que tengo en mente”, apuntó.

  

EL SECRETO

Para Selva no hay una sola receta que garantice el éxito de una librería. Pero aclara que a él le ha funcionado seguir esta regla de oro: el respeto al lector que acude a su negocio, con el cual es posible establecer un vínculo espiritual peculiar.

No es lo mismo, aclara, adquirir un libro en un supermercado que ir a una librería; un lugar este último donde habrá alguien que ayudará a ese cliente motivado por intereses diversos y que muchas veces está indeciso en su elección.

“Es importante el vínculo que se suele generar con la gente que asiste a la librería, que llega en muchos casos a tejer una amistad. Yo atribuyo esto a la magia del producto, al libro, que puede lograr que dos o más espíritus puedan conectarse, o establecer afinidad, a otro nivel”, apuntó el librero.

“El rubro del libro es rico y variado, depende de intereses diversos que tocan las edades, las profesiones, los gustos, el nivel de instrucción de las personas, entre muchas variables. Esta actividad te enseña sobre todo a no subestimar nunca al lector”, refirió Selva.

Según dijo, éste es un mercado que se mueve constantemente, donde las tendencias siguen modas editoriales y esto obliga a conectar todo el tiempo con las preferencias del público lector.

“Por esta razón trato todo el tiempo de estar actualizado. Por ejemplo, leo a expertos como Flavia Pittella, docente especializada en lengua inglesa, autora de un libro reciente muy interesante cuyo título es ‘40 libros que adoro y que no puede dejar de leer’”, añadió.

 

– ¿Cómo ha impactado, según su parecer, la tecnología digital en las librerías? ¿Los nuevos dispositivos de lectura ponen en riesgo su existencia?

– El impacto depende de la dimensión de los mercados. No es lo mismo hablar de la gran ciudad que de pequeñas comunidades. En los grandes conglomerados urbanos, donde el poder adquisitivo es mayor y los hábitos de consumos culturales son distintos a partir del mayor uso tecnológico, probablemente la digitalización tenga efectos sobre las librerías. Pero esto no se está dando en Gualeguaychú, donde el estilo de vida es distinto y todavía la lectura está atada al libro de papel.

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