Un equipo sin alma, una eliminación previsible y un futuro incierto

Central

La eliminación de Central Entrerriano golpeó fuerte en los hinchas, dirigentes y en el ambiente del básquet de la ciudad. Habrá que revisar los errores cometidos y poder dar los golpes de timón necesarios pensando en el futuro.

Daniel Serorena

No había que ser un erudito en básquet para imaginarse que Central no llegaría lejos en el Torneo Federal. Por más dolorosa que fuera, la realidad indicó que el equipo rojinegro jamás estuvo a la altura de la competencia y su eliminación en casa a manos de San Martín de Curuzú Cuatiá se ajustó más a la lógica que habitualmente prevalece en el básquet.
Al momento de analizar la descolorida temporada del equipo que condujo José Luis Pestuggia, hay que dividir el análisis en dos. Por un lado, un entrenador que no estuvo a la altura del desafío, tomando malas determinaciones, ya sea en la elección de jugadores como durante la competencia en la forma en que pretendió hacer jugar al equipo, que casi nunca tuvo una idea de juego y por momentos deambuló en la cancha dependiendo de arrestos individuales de algunos de sus jugadores.
Nadie puede dudas de los pergaminos que acreditaba Pestuggia al momento de asumir en Central, pero la realidad indicó que el técnico cordobés tuvo muchos problemas para poder bajar su impronta al equipo, que los jugadores tampoco respondieron como se esperaba y que el final fue demasiado previsible.
Los jugadores tampoco estuvieron a la altura. Con la única excepción del capitán Maximiliano Morel, que inicialmente aparecía como una alternativa para jugar alternativamente como base o como escolta y con una cantidad de minutos mucho menor a la que terminó jugando. El Pollo fue el mejor de Central en un torneo flojo, jugó de base, de escolta, condujo, aportó goleo y temperamento, cosa que casi nadie pudo brindar en el equipo. Los 29 puntos del último partido y la ovación que lo acompañó al momento de dejar la cancha por faltas, fueron quizá el mejor reflejo de lo que dio Maxi, mucho más de lo que se esperaba.

 

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El resto no puede superar el aplazo. Gastón Sieiro no fue ni por asomo el jugador desequilibrante de otras temporadas, Manuel Olocco fue de mayor a menor, empezó como una buena alternativa en ofensiva pero terminó tan deshilachado como el resto de sus compañeros, Jorge Schaff si bien aprovechó algunas oportunidades, alternó buenas y malas aunque seguramente sacará cosas productivas de su primera temporada como mayor y el platense Rodrigo Fillol podría quedar fuera del análisis porque tuvo una temporada signada por las lesiones y pudo aportar dentro de un contexto complejo. El juvenil Maglione, aún limitaciones, al menos mostró compromiso y ganas de superarse, pero no se le puede medir con la misma vara de los mayores.
Dos rotundas decepciones son las de Juan José Giaveno y José Gerlero, jugadores que llegaron de la mano del entrenador y en ningún momento del torneo aportaron lo que todos esperaban de ellos. Giaveno no tuvo momentos destacados en el torneo, con algunas lesiones y con un rendimiento muy bajo y sin estar jamás a la altura de la exigencia de ser el conductor de un equipo que tenía otras pretensiones.
Gerlero, que asomaba como una apuesta interesante, tampoco ensambló nunca en el equipo, pese a algunos partidos en donde pudo lastimar con su tiro a distancia, pero en la mayoría del torneo fue un jugador de bajo rendimiento, voluntarioso pero con equivocaciones demasiado evidentes.
El caso de Alejandro Arca debe analizarse en forma diferenciada, porque llegó con la temporada empezada y cumplió con lo que se esperaba de él: juego interior, presencia en ambos tableros y personalidad. De todos modos no fue suficiente para poder revertir junto con Morel un rumbo que siempre fue torcido y terminó como tenía que haber terminado.
El panorama a futuro es incierto. La dirigencia deberá asimilar el golpe y, si bien ya dio indicios de que habrá cambios profundos, el rumbo a seguir debe ser claro. Central debe volver a las fuentes, recorrer caminos ya transitados en cuanto a la elección de entrenadores y jugadores para el próximo equipo.
La historia de Central merece un equipo que, resultados al margen, tenga una identidad en su juego, algo que en estos meses no se vio jamás. Eso buscará conseguir la dirigencia, en una movida que no será sencilla pero en la que se deberán analizar un montón de aspectos para no volver a equivocarse.

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