Escoliosis: ¿los ejercicios terapéuticos tienen que formar parte del tratamiento?

ESCOLIOSIS

Es habitual que se piense a la postura como una cuestión rígida. Esta conceptualización no es para nada inocente a la hora de definir el tratamiento más adecuado. ¿Qué dice la evidencia científica en relación al tratamiento de este tipo de alteraciones de la columna?

 

Lic. Federico Peralta*
MN: 12024, MP: 1405

En mayor o menor medida todos sabemos de qué se trata una escoliosis, de todos modos es importante partir de una definición científica. La escoliosis se define como una deformidad tridimensional de la columna y el tronco. Es decir que es una deformación en los tres planos del espacio que involucra no sólo a la columna vertebral, sino también a todo el tronco, incluyendo al tórax.

Según diversos estudios esta problemática afecta al 3% de la población, mostrando números variables dependiendo fundamentalmente del lugar en que se han desarrollado dichos estudios. Como en todo problema de salud, la identificación de la causa es determinante para acercarnos a la mejor intervención posible. Desde este lugar el tratamiento de la escoliosis parte de un problema bastante grande, ya que el 80% de los casos de escoliosis son diagnosticados como “escoliosis idiopática”. Es decir que de cada 10 personas que tienen escoliosis en 8 no sabemos cuál es la causa de esa deformación. Sólo el 20% de los casos son identificados como “escoliosis secundaria”, ¿pero secundaria a qué?, a alteraciones ajenas a la columna vertebral. Con esta situación es esperable que el tratamiento de la escoliosis sea muy controversial y discutido por los profesionales de salud. Por mi parte, en buena hora que así sea, de esa discusión probablemente surjan mejores estrategias terapéuticas.

Sería un ejercicio interesante para el lector pensar una definición posible de postura.

Es habitual que la postura sea entendida como algo rígido, estático y sólo variable ante determinados problemas de salud. Como sucede en todos los ámbitos, las palabras seleccionadas no son inocentes. Es esperable que esa sea la conceptualización si de lo que estamos hablando es de la postura. Esta forma de trasladarlo al lenguaje nos habla en principio de una postura única, con lo cual es entendible escuchar frases como “ponete derecho”, “estás todo encorvado” o “paráte mejor”. Este tipo de comentarios permanentemente traen la idea de que la posición de una persona erguida es sana, mientras más derecho más sano. Se deja ver que estas líneas están escritas desde una posición crítica y para entender mi crítica le propongo a quien lee que se pregunte a si mismo si siempre tiene la misma postura. ¿Me paro de la misma forma para charlar con el vecino un rato antes de irme al trabajo que cuando estoy jugando con mis hijos? ¿Mi espalda está igual de erguida cuando tengo que convencer a mi jefe de un aumento salarial que cuando me tomo una cerveza con un amigo? Es común escuchar frases como “¿viste cómo anda Juan? seguro que lo dejó la novia”. Más allá de varias críticas que le podríamos hacer a esta última frase, lo que pretendo que sea evidente es que dependiendo de muchos factores, entre ellos el contexto y el estado de ánimo fundamentalmente, la postura variará. Esta variación también estará asociada a la edad de la persona en cuestión. Pero para hacerlo más notorio, es importante ver que la postura puede variar inclusive en el mismo día y es una de las estrategias que utiliza nuestro sistema nervioso para comunicar algo a quienes se encuentran cerca. O al menos esta es una forma de interpretarlo.

En esta línea sería más adecuado quizás reemplazar el término postura por actitud corporal. De esta forma todos entenderíamos que sobre lo que estamos hablando es variable y con ello también podríamos comprender que dependiendo de esos factores, podemos hacer que esa variación tome un determinado rumbo.

Durante mucho tiempo los profesionales de salud en general pensaban que los ejercicios terapéuticos no conseguían resultados positivos en las personas con escoliosis, Esta suposición surge de un trabajo realizado en el año 1979. Afortunadamente la ciencia casi nunca se conforma y se han constituído nuevas líneas de investigación que han demostrado que los ejercicios terapéuticos si son beneficiosos para el tratamiento de este tipo de alteraciones. Cuatro estudios de alto peso metodológico han demostrado la efectividad de este enfoque terapéutico.

Existen ciertas corrientes terapéuticas que han cobrado bastante popularidad en los últimos años que están asociadas al tratamiento de alteraciones posturales. Muchas de estas corrientes, como puede ser la reeducación postural global (RPG), utilizan posiciones o posturas para estirar determinados tejidos que serían los responsables de las deformaciones de la columna. Es esperable que si entendemos a la postura como una cuestión estática, pretendamos resolverla con estrategias sin o con poco movimiento. Si bien estas intervenciones han demostrado cierta efectividad, su efectividad, en general, se circunscribe al corto plazo y a los períodos de tratamiento. Una de las dificultades de estas estrategias que se han demostrado científicamente radica en lo complejo de mantener los resultados de esos estiramientos. Un músculo que no es estirado con regularidad volverá a adaptarse al uso que esa persona hace de dicho músculo. Es decir que podría elongar durante mucho tiempo un tejido hasta mejorar su longitud y flexibilidad, pero si no modifico el uso que hace mi cuerpo de ese tejido, el músculo volverá a tomar la longitud que necesita, la que tenía antes del tratamiento. Es por esto que muchos terapeutas utilizan la idea de seguimiento para cerciorarse de que los tejido no vuelvan a acortarse y en caso de que lo hagan, volverán a intervenirlos para recuperar los resultados antes alcanzados.

Ahora bien, los ejercicios tampoco vendrían a resolver este problema. La persona luego del alta debería mantenerlo o es probable que los tejidos vuelvan a adaptarse. La diferencia que radica entre un enfoque y otro es la necesidad de entender a la postura como algo flexible, no rígido y, de esa forma, intervenirla con movimientos no con posiciones. Algunos autores sugieren que la utilización de movimientos involucra de manera activa al sistema nervioso con los cual podríamos pensar que los resultados se mantendrían en el tiempo dado un proceso de aprendizaje.

Si bien la evidencia científica aún es suficiente, es importante comprender que el abordaje de una escoliosis viene sufriendo un proceso de cuestionamiento sumamente necesario, ya que hasta ahora no se han logrado resultados satisfactorios en muchas personas que padecen esta problemática. Por último, es importante remarcar que, debido a que la actitud postural depende de tantos factores, es muy difícil que con el abordaje por parte de una sola disciplina en salud se consigan los mejores resultados.

 

 

*Licenciado en kinesiología y fisiatría UBA orientado a rehabilitación neurológica, trastornos vestibulares y del equilibrio; docente UBA, investigador y responsable de CIRIC Formación Permanente.

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