El escritor y su nieta, unidos por la literatura

Literatura

Los relatos y poemas de Jano del Oeste, un escritor local de mediados del siglo XX, han sido validados por la Academia gracias al rescate póstumo de su nieta, María de los Milagros Casanova Denegri.

 

Marcelo Lorenzo

 

La historia tiene dos protagonistas. Un autodidacta de las letras, Alejandro Álvaro Denegri (1906-1987), un gualeguaychuense que escribió bajo el seudónimo de Jano del Oeste, a quien la universidad acaba de reconocer los méritos de su literatura nativista.

Pero fue la nieta del escritor, María de los Milagros Casanova Denegri, quien logró rescatar del olvido esa producción literaria, a través de una tesis de grado que acaba de aprobar la Universidad Católica de Santa Fe.

La flamante Licenciada en Letras –que reconoce la inspiración de su abuelo en este logro académico–, le contó a este diario cómo fue que descubrió, en forma tardía, el valor literario que escondía la obra de Jano del Oeste.

Aunque por comentarios de su familia, y de aquellos que lo conocieron en vida, sabía que su abuelo había sido un versado narrador del pasado local, como columnista habitual del diario El Argentino entre 1950 y 1970, al tiempo que un vecino inquieto por la vida de la ciudad y sobre todo un hacedor de emprendimientos en su Barrio del Oeste, nunca sospechó que su prosa y poesía valiesen tanto desde el punto de vista literario.

El “hallazgo” ocurrió, según su relato, cuando hace poco tiempo decidió realizar la licenciatura. “Tenía que encontrar un tema novedoso, original, que pudiera ser objeto de estudio de una tesina”, recuerda.

Resulta que el tesoro se hallaba escondido en el archivo documental de Jano, que desde 1996 está en custodia del Instituto Magnasco, a cuyo traslado contribuyó la entonces maestra María de los Milagros, secundando a su mamá.

Milagros Casanova

 

“Sabíamos que ese archivo es de consulta para los que se interesan por la historia lugareña. Allí, por ejemplo, está parte de la historia del fútbol de Gualeguaychú, dado que mi abuelo fue fundador del Club Defensores del Oeste. Está la historia de la Biblioteca López Jordán, de la cual también fue fundador. Está parte de la historia del irigoyenismo, porque mi abuelo era radical. Pero también está la obra en verso de Jano en su condición de poeta. Y frente a ella me empecé a preguntar –debo reconocer que sin demasiada expectativa– si todo eso me podía servir para mi tesis”, refirió la entrevistada.

Según su relato, a partir de entonces empezó a bucear en los papeles de Jano, acaso esperando que su abuelo fallecido, desde algún lugar, le indicara por dónde ir.

Allí había una prolija recopilación de versos, desde 1950 en adelante, con esta dedicatoria del escritor fechada en 1978: “Dejo a mis hijas y nietos, estos mal improvisados versos que son de mi propiedad y están basados en mis conocimientos camperos de mis recorridas por la campaña del departamento de Gualeguaychú con los mecánicos de las máquinas espigadoras, atadoras y cosechadoras”.

Pero recorriendo más apuntes, María de los Milagros se encontró con una carta que la conmovió, perteneciente a Manuel Acuña, otro poeta telúrico, amigo de su abuelo, donde elogiaba su inspiración poética.

“Pasará el tiempo –decía– y usted y yo habremos desaparecido, y cuando alguien revolviendo sus viejos papeles, encuentre un montón de versos y esta carta, sabrá que hubo un poeta de fácil inspiración y fino humorismo, y alguien que supo valorarlo”.

María de los Milagros interpretó que ella era la destinataria de esta misiva, una sorprendente comunicación emanada del pasado, llamada a unirla espiritualmente con su abuelo, a través de la literatura.

“Debo dar gracias a Dios por lo que me ha pasado. Yo conocí poco a mi abuelo, era muy chica cuando él vivía. Mis hermanos sí lo disfrutaron y siempre contaban anécdotas suyas. Frente a estos relatos me lamentaba de lo que me había perdido. Pero las cosas ocurren misteriosamente. Iba a ser yo la que, formada en la literatura, tendría la oportunidad de reivindicar su obra”, testimonió.

Por eso María de los Milagros, al comienzo de su tesis, puso en versos la mágica relación que tuvo con su abuelo. Cuenta que él le relataba historias que ella no entendía porque era muy pequeña. Pero treinta años después, logró comprender finalmente aquello que los unía.

Han pasado treinta años, y  más. / Ahora veo claro, y no es tarde aún; / con un guiño cómplice / desde donde estés, / me has de recordar para no olvidar / lo que fuera ese encuentro aquella tarde: / vos me contabas abuelito, / para no morir en tu pasado; / yo te escuchaba abuelito, / para perpetuar tu voz en el futuro.”

La tesis de grado aprobada por la Universidad Católica de Santa Fe, con la que María de los Milagros se recibió de Licenciada en Letras con orientación en Literatura, confirmó la veta literaria de Jano, destacándose su prosa costumbrista y su destreza como poeta gauchesco.

 

UN AUTODIDACTA DE

LA CULTURA NATIVISTA

 

Cabe aclarar un punto que hace de Jano un personaje más que interesante. Se trata de alguien que a priori, dada su escasa formación escolar, nunca podría haber adquirido la competencia literaria que revela su obra.

En efecto, a los 11 años tuvo que dejar la escuela para trabajar y hacerse cargo de su madre y hermanos al fallecer su padre. Es decir llegó apenas a cursar 5 años de educación primaria. Pero no obstante esto logró un dominio singular de la lengua, a fuerza de lectura y autodisciplina en la escritura.

Lector y admirador del escritor Fray Mocho, supo describir con singular belleza y talento personajes, usos y paisajes locales, convirtiéndose así en avezado narrador costumbrista. Al mismo tiempo, y siguiendo al Martín Fierro de José Hernández, devino en poeta experto en versos gauchescos.

Que Jano haya alcanzado tanta cultura literaria –como de hecho probó ante la Academia su nieta–  a pesar de su escasa escolaridad, no sólo habla de lo que es capaz un espíritu curioso e inquieto, y los niveles de autoeducación a los que puede aspirar un individuo si se lo propone, sino que refleja la atmósfera intelectual y moral que se respiró en algún momento en la sociedad  argentina, gracias a la cual crecieron valores literarios.

María de los Milagros suscribe la idea de que su abuelo de algún modo fue formado por un medio ambiente cultural que estimaba los valores intelectuales y que, allá por los años ‘40, comulgaba con la filosofía nativista, de fuerte impronta criolla.

Ahora bien, aunque su nieta rescató en su tesis de grado la dimensión literaria de la obra de Jano, éste se destacó en su tiempo como un investigador y narrador del pasado de Gualeguaychú.

Se dedicó, así, a contar y dejar por escrito fragmentos del pasado de la sociedad nativa. Su fuente principal fue la memoria, fruto de los relatos de sus mayores o de lo que vivió en su infancia, pero al mismo tiempo utilizó los documentos qué él mismo logró recabar.

Esto le permitió escribir innumerables anécdotas y relatos, exhumando los más variados hechos, vidas y hábitos del ayer gualeguaychuense, que fueron publicados en el diario ‘El Argentino’ bajo el seudónimo de Jano del Oeste.

No es casual, por otro lado, que Alejandro Álvaro Denegri, entre 1980 y 1983, haya formado parte de la Comisión de Estudios Históricos por los festejos del Bicentenario de Gualeguaychú.

Los historiadores locales Naty Sarrot y Marco Aurelio Rodríguez Otero (Cvadernos de Gualeguaychú, 1992) elogiaron la importancia del aporte histórico y documental del material de Jano desde su pasión por lo local.

“(Jano) amó profundamente a su Gualeguaychú; fruto de ese amor fueron sus crónicas publicadas en El Argentino. Estos relatos nos llevaron a conocer personajes que gravitaron en la vida de nuestra ciudad ya sea por sus valores morales y así también de los otros como los matreros que habitaron sus zonas aledañas. Fue el recopilador de mayor acervo de la poesía de Don Goyo Aguilar”, escribieron.

La obra poética y narrativa de Jano del Oeste será reunida en un libro que probablemente sea publicado el año que viene, según reveló por último su nieta Milagros. “Ya estuvimos hablando con el equipo directivo de la Biblioteca López Jordán acerca de la posibilidad de que, en noviembre de 2018, fecha en que se cumplen los 75 años de la institución, se pueda hacer una edición homenaje, que recopile la obra de Jano. Para este proyecto he invitado a la profesora Silvia Razzetto, quien ha accedido entusiastamente a encarar la parte histórica”, anticipó.

 

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