Esguince mal curado: puntos a tener en cuenta sobre la inestabilidad de tobillo

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En la práctica diaria es habitual escuchar relatos relacionados a dolores eventuales sobre uno o ambos tobillos en personas que algún tiempo atrás han sufrido uno o más esguinces. Este tipo de alteración dolorosa muchas veces responde al cuadro denominado inestabilidad crónica de tobillo.

Lic. Federico Peralta*

MN: 12024, MP: 1405

Los procesos articulares dolorosos crónicos, en general considerados de más de tres meses de duración, suelen generar alteraciones funcionales en dicha articulación. Las articulaciones de las piernas al estar muy solicitadas por la marcha, con la importancia que esto significa, tienden a desafiar a nuestro sistema nervioso y músculo-esquelético a buscar adaptaciones rápidas para poder continuar con la actividad de la mejor manera posible.

Generalmente este tipo de cuadros se presentan en personas de actividad física regular pero con poca frecuencia, denominados “deportistas de fin de semana”. Es habitual que estas personas hayan disminuido su nivel de actividad en alguna medida relacionado a su problema articular. En otros casos son deportistas que realizan la práctica deportiva al menos tres veces a la semana y continúan con esa frecuencia a pesar del dolor o bien la inestabilidad.

Esto último es un punto más que importante, la inestabilidad. Si bien no existe un consenso claro sobre cómo se define la inestabilidad articular y, consecuentemente, como se mide, todos entendemos de qué hablamos cuando decimos que algo está inestable. En principio podemos decir que no está estable y podríamos pensar que es la estabilidad o de qué manera nos ayuda a realizar nuestras actividades diarias, pero no nos dejaría líneas para abordar lo realmente importante, al menos desde mi óptica, sobre esta cuestión. Una forma de comenzar a entender qué es lo que sucede es la relación entre los síntomas. Una situación típica es que alguien sufra un esguince, entendido como un mecanismo traumático y no como una patología o bien un diagnóstico. Qué quiero decir con esto último, que sufrir un esguince no es sinónimo de tener un problema, puede que esto suceda como puede que no, dependerá de una correcta evaluación que nunca debe ser sólo una radiografía. Si bien descartar una fractura es importante, la realidad es que estadísticamente los casos de fracturas asociadas a esguinces son poco frecuentes. Es más probable que no haya una fractura a que sí. A pesar de esto, insisto, es importante la radiografía para descartar esta posibilidad.

Entonces la fractura se entiende como una consecuencia posible y poco probable de un esguince de tobillo. El dolor, la inflamación, la impotencia funcional y la inestabilidad son de las consecuencias más prevalentes de un esguince de tobillo, sin embargo paradójicamente pocas veces son evaluadas e interpretadas. Esto es lo que, muchas veces lleva a malos enfoques de tratamiento con resultados al menos insuficientes a largo plazo. Una persona que disminuye su nivel de actividad y por periodos la interrumpe por procesos dolorosos de este tipo, ve afectado su día a día a causa de este problema, es decir que se afecta su calidad de vida. En este tipo de alteraciones, según la evidencia científica, con el tratamiento adecuado, no debería haber diferencias en calidad de vida entre una persona que ha sufrido un esguince y una que no. Esto dependiendo de la gravedad del esguince, entre otras variables a tener en cuenta. El dolor, la inflamación y la impotencia funcional como primeros signos y síntomas. Estas tres características están presentes en la mayoría de los esguinces de tobillo agudo, recientes. Responden a un posible daño estructural muchas veces sin indicación quirúrgica debido a los procesos de curación y a la posibilidad de ser acompañados de un tratamiento conservador adecuado. Esto último es fundamental, son pocos los casos en los que la evolución espontánea, es decir sin un tratamiento específico, evolucionan hacia los mejores resultados funcionales.

La inflamación generalmente resuelve con medidas como el hielo (15 minutos cada dos horas), la elevación de la pierna cuando se está sentado o acostado y la disminución de la actividad. Existen una serie de ejercicios de baja intensidad que bien dosificados pueden ayudar a este proceso y generar un mejor escenario para el tratamiento posterior. El dolor muchas veces tiene un componente asociado al proceso inflamatorio, con lo cual disminuye con ella y de esta forma la impotencia funcional. En esta primera etapa generalmente se comienza con un retorno a las actividades habituales, quedando las deportivas aún relegadas. En esta etapa es en la que, por diferentes motivos que no vamos a analizar en esta nota, se ven mayores deserciones al tratamiento o tratamientos subóptimos.

A pesar de que la evidencia científica no ha mostrado mejores resultados con el uso de agentes físicos, es habitual que se utilice magnetoterapia, lámpara de infrarrojo, láser u otras herramientas de fisioterapia, a excepción del frío (hielo) que puede ayudar ante eventuales procesos inflamatorios. Sin embargo, la rehabilitación mediante ejercicios específicos de movilidad y estabilidad articular han mostrado los mejores resultados. En gran medida, es esperable y está ampliamente estudiada la relación entre un proceso doloroso y la inestabilidad de la articulación en cuestión. A grandes rasgos los objetivos de tratamiento van orientados a eliminar el dolor en la medida en que se recupera la estabilidad, apuntando, en última instancia a encontrarse en un nivel de estabilidad mayor al previo a la lesión. Esto último es importante para prevenir futuras lesiones. Si alcanzamos el mismo resultado al previo al esguince o uno menor, tenemos las mismas o más probabilidades de que vuelva a sufrir una lesión. Este tipo de procesos asociados a faltas diagnósticas y consecuentemente, de tratamiento, llevan al tobillo a una situación crítica en la que el riesgo de volver a sufrir un esguince es muy alto y el dolor, asociado a la inestabilidad y a la impotencia funcional, disminuyen el nivel de actividad, generando el cuadro denominado inestabilidad crónica de tobillo. Una correcta evaluación proporciona herramientas para desarrollar un tratamiento adecuado, enfocado en la función y teniendo como horizonte la prevención de futuras lesiones, alcanzando así los mejores resultados en calidad de vida.

*Licenciado en kinesiología y fisiatría UBA orientado a rehabilitación neurológica, trastornos vestibulares y del equilibrio; docente UBA, investigador y responsable de CIRIC Formación Permanen

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