Estanflación, la palabra tan temida

De un tiempo a esta parte el público argentino empezó a familiarizarse con un nuevo vocablo económico: estanflación. Se trataría, en el fondo, de una combinación fatídica para la vida de todos nosotros.o


Ha sido sobre todo Domingo Cavallo, el ex ministro de economía de Carlos Menem y Fernando de la Rúa, quien más ha agitado el fantasma.

  De hecho lo expone en su último libro que se titula: “Estanflación. Cómo evitar un nuevo ‘rodrigazo’ y otros peligros de la economía kirchnerista”.

  Con él Cavallo aspira a conmover al matrimonio Kirchner, con el que tuvo una excelente relación en la denostada década de los ‘90, para que cambien el rumbo, según sus dichos.

  Pero ¿qué es la estanflación? Los manuales de economía lo describen como el momento en que en una situación inflacionaria, se produce un estancamiento y el ritmo de la inflación no cede.

  O en otras palabras, se trata de la coyuntura en la que se verifican simultáneamente el alza de precios, el aumento de la desocupación y el estancamiento económico.  

  ¿Reúne la Argentina hoy las condiciones que describen este fenómeno? ¿O marcha acaso en los próximos meses a ese escenario?. Ahí, en realidad, se centra el debate económico argentino. 

  A nivel internacional hay consenso respecto de que, técnicamente, una economía entra en estanflación cuando coexisten nivel de actividad 0 con inflación del 10 o 12% anual.

  Alfonso Prat-Gay, ex presidente del Banco Central y diputado nacional por la Coalición Cívica, fue otro de los que predijo este cuadro, y hoy no duda en afirmar que se está verificando en la realidad.

  “Argentina ya está técnicamente en recesión”, dijo hace poco al afirmar que quedaron atrás los años de crecimiento a tasas chinas. A lo que se añade, aclaró, una inflación que se está comiendo el poder adquisitivo de los asalariados.

  Sin embargo, otros economistas aseguran que la desaceleración de la economía –que se acentuó con la crisis global- ha hecho amainar en los últimos meses la presión inflacionaria.

  El frenazo de la economía, por lógica, descomprime la demanda del público y eso hace bajar el precio de los bienes. Los optimistas, entonces dicen: habrá recesión, pero al menos la inflación tenderá a desaparecer.

  Se agarran, al respecto, de que los precios de los supermercados han dejado de subir y, en muchos casos, están bajando. Las empresas, en suma, deseosas de vender en un cuadro recesivo, bajarán sus pretensiones.

  Otros economistas retrucan: eso ocurre donde existe el libre juego de la oferta y la demanda, pero no en la Argentina donde los principales precios de la economía son “políticos”.

  Desde este lado, se cree que el país sobrelleva una fuerte “distorsión de precios relativos” por la manipulación política que ha ejercido el gobierno los últimos años, y que ha generado, por eso, una “prosperidad ficticia”.

  Este esquema funcionó, afirman, mientras hubo Caja para subsidiar sobre todo los servicios públicos. Pero el derrumbe de los precios de lo que exporta la Argentina, y la menor actividad del mercado interno, licuó la Caja.

  Por eso hoy se da la paradoja anti-keynesiana de que en medio de una caída de la actividad económica, en la Argentina se está produciendo una fenomenal escalada de aumentos en el precio de los servicios públicos.

  Es decir, el gobierno, con menos recursos fiscales, ya no puede financiar por ejemplo la tarifa de la energía y los transportes. Es como si una inflación reprimida estos años, fuese así liberada de golpe.

  ¿Es esto estanflación?

 

 

 

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