El gobierno intenta recuperarse del sopapo y redobla la apuesta

Gendarmería NOTA BARROETAVEÑA

Los triunfos electorales son sólo eso. Su efecto se diluye rápido y más en la vorágine de la Argentina que a tientas, busca echar las bases de un nuevo sistema político. En lo que pasó  el jueves hubo una mezcla exacta de lo viejo con lo que busca disfrazarse de nuevo. Subestimación, engaño y otra vez la violencia como método de hacer política.

 

Jorge Barroetaveña

 

Buena parte del gobierno se obnubiló con el resultado electoral. Esa mayoría, significativa pero primera minoría al fin, no tiene correlato en el Parlamento de la Nación. Cambiemos gano en muchos distritos, engroso su mayoría legislativa pero está lejos de los años de dominio que supo ejercer el kirchnerismo sobre la oposición. La situación, aunque mejorada, obliga al mismo ejercicio que Macri tuvo que hacer en su primer año de gestión, cuando acordó con sectores de la oposición y consiguió lo más parecido a un seguro de gobernabilidad.

Aquella política de concordancia se perdió el año pasado, entre las diatribas y los gritos de la campaña que tiñó todo lo que estuvo cerca. Después llegó el resultado y, como consecuencia, la radicalización de los extremos. En el gobierno se extendió la idea de imponer antes que acordar, reduciendo la capacidad de maniobra a un grupo de la oposición, especialmente los gobernadores, siempre urgidos de fondos para mantener sus cuentas altamente deficitarias. Ese acuerdo, piloteado por la muñeca de Frigerio, llegó a puerto en medio de una tormenta: la interna peronista.

Es la variable que nadie puede manejar y con la que el oficialismo jugo en todo este tiempo. Pero, como dice el dicho, el que duerme con chicos…

En el medio siguió el Culebro judicial, con los amagues de meter presa a Cristina, justo en el momento que gobierno y gobernadores no necesitaban que nadie enturbiara esa relación.

Fieles a su estilo, los caciques peronistas pierden el pelo pero no las mañas, y no los grandes precisamente. El recorte anticipado del aumento a los jubilados el año próximo es la medida más impopular que se ha tomado hasta ahora. Más aún que los tarifazos o los aumentos de impuestos. Es inexplicable que, a la hora de ajustar, la tijera se encamine inexorablemente hacia el sistema jubilatorio. Tampoco hay gestos que hagan comprender semejante medida. ¿Por qué el Presidente de la Nación y el titular de la Corte no anuncian por cadena nacional que todos los funcionarios de ambos poderes se bajarán 50% el sueldo? Si hay jueces que cobran 100 o 200.000 pesos y encima no pagan impuesto a las ganancias, ¿es mucho pedirles esa contribución? ¿Y nuestros legisladores en todos los niveles? Dirán que suena demagógico, que no sirve para nada en medio del inmenso agujero, que hay gente que se queda afuera del esfuerzo y muchos etcéteras. Pero me recuerda hoy, cada vez que un hijo pequeño se nos acerca con un golpe y sobreviene el clásico ‘sana, sana, colita de rana que si no sana hoy sanará…mañana…! Los gestos valen mas que mil palabras y algo de eso se necesita desde hace mucho.

Los gobernadores peronistas la hicieron bien porque quedaron al margen de los costos. Será por eso la convocatoria redoblada, quizás para que pongan la cara. Por lo bajo afirman que no les queda más remedio, y es lógico que quieran quedar al margen, pero el desfiladero se ha puesto estrecho y no hay margen para el doble juego.  Golpeado por el cachetazo del jueves, el gobierno ¿estará dispuesto a volver a poner la cara en una sesión de final incierto y sin poder asegurar siquiera que en las calles no habrá lío?

El kirchnerismo volvió a celebrar la capacidad de daño que tiene y de instalarse como eje de la oposición, marcándole el paso hasta al propio oficialismo. La derrota política podría provocar replanteos en la estrategia oficial, más no un cambio de políticas. Los que lo escuchan al Presidente afirman que está convencido de lo que tiene que hacer y que sabe que, si no avanza con las reformas, los dos años de esfuerzo no habrán servido de nada. Cierto aroma apocalíptico pintan algunos operadores, aunque nunca se sabe hasta dónde son capaces de exagerar para obtener lo que buscan.

Lo cierto es que el resultado electoral tuvo una lectura equivocada, porque indujo al gobierno a seguir el mismo camino del 2017. Error. Que el peronismo siga golpeado y balbuceante después de haber dejado el poder, no le resta capacidad para enhebrar oposición certera. Volátil tal vez, inasible, poco predecible, todo eso, pero oposición al fin. Es raro que Macri que nunca subestimó a un adversario, haya caído en esa equivocación.

Será la vieja historia que el poder empalaga y aísla de la realidad. Si es así lo del jueves fue un sopapo que difícilmente podrán olvidar.

Al cierre de esta columna el gobierno piensa en una compensación para el famoso ‘empalme’ para los jubilados, que saldría por decreto, y en intentar aprobar la reforma este lunes. El diciembre caliente de todos los años llegó de nuevo. Y los extremos, como suele pasar, se terminan tocando. La Argentina del blanco y negro no nos abandona. En realidad, parecemos hacer bastante poco para que eso ocurra.

 

 

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