Hartas pero de pie: Ni una Menos

Susana Villarruel

Hace unos días me tocó cubrir una de las peores noticias que le pueden tocar a una periodista mujer: la búsqueda de una madre de cuatro hijos desaparecida. Cuando todo comenzaba, ya sabíamos el final.

Por Mónica Farabello

Más allá de la conmoción y el hartazgo de todas nosotras, me llama extremadamente la atención cómo podemos naturalizar cada vez más el horror, la violencia, la muerte.

Durante el primer día de búsqueda, estábamos todos sobre el puente que pasa por encima del Arroyo El Cura. Hacía muchísimo frío.

La lancha de Prefectura iba de lado a lado en el Arroyo; los prefectos rastrillaban hasta que la soga se trababa en algo. Ahí volvía a llamar la atención de decenas de policías que mataban la espera con un mate y algo de charla ocasional.

Nadie parecía dolorido por lo que estábamos viviendo a la vera de ese arroyo. Nadie parecía entender que con total naturalidad, estábamos a la espera que aparezca un cadáver.

Había un lugareño en su canoa que ayudaba a la Prefectura y remaba, frenaba y con un palo súper largo hacía tacto debajo de las aguas. Él también sabía lo que todos esperaban de esta búsqueda.

La soga se vuelve a trabar… ahora parece que sí… Empiezan a tironear, todos atentos, pero no, es una bolsa enorme llena de basura…sigue el mate y la charla.

El frío nos congela hasta que empieza a caer la noche… se suspenden los rastrillajes hasta mañana temprano. Todos nos vamos tranquilos a nuestros trabajos, a nuestras casas, sabiendo que “el cuerpo mañana va a flotar si está acá”.

¿Y si estaba fuera del agua? ¿Y si estaba muerta por ahí? Creo que inconscientemente todos los pensábamos, pero ¿qué se podía hacer? Se la buscaba, pero no aparecía ni un rastro…creo que todos sabíamos el final.

Dos días después de su desaparición, finalmente apareció el cuerpo de Susana Villarruel. Ya no nos asombra que esté muerta, ya no nos movilizan los golpes, las heridas cortantes, la morgue, la autopsia, los cuatro huérfanos… porque nos anestesiaron, y anestesiaron a toda una sociedad que se harta, pero también es selecta en el dolor y en las víctimas.

Es selecta en el dolor, sí, aunque algunos se enojen o a muchos les moleste. Susana era humilde, tenía muchos hijos y era joven. Su perfil no era tan pintoresco ni vendedor para algunos medios de comunicación como el de otras víctimas.

¿Pocos se identificaron con Susana? ¿Qué hizo que su muerte tuviese menos impacto mediático y social que la de Micaela? ¿Todas las mujeres valemos lo mismo ante los ojos del otro, o también nos discriminan y seleccionan muertas?

Esto cansada de ver tanto dolor. Susana presente, ahora y siempre. Ni una menos de verdad. Basta, tenemos miedo. ¿Qué más quieren que pase para empezar a cuidarnos?

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