El hermano feo de la globalización económica

trumpLa decisión del presidente Donald Trump de imponer un arancel global a las importaciones de acero y aluminio, sugiere que Estados Unidos está dispuesto a patear el tablero de la globalización, planteando una nueva guerra comercial.

La imposición de barreras arancelarias a los bienes importados del extranjero es uno de los principales métodos del proteccionismo, que aunque es tan viejo como el comercio, es considerado el hermano feo de la globalización en el siglo XXI.

Al menos así lo ven los defensores de los mercados abiertos y el libre comercio, para quienes Trump pretende hacer trastabillar la actual lógica de interdependencia e integración del comercio.

Invocando argumentos nacionalistas como la seguridad nacional y la revitalización de la industria propia, Trump anunció que instaurará un arancel del 25% al acero y del 10% al aluminio que importa desde China, Europa, Canadá y México entre otros países.

“Nuestras industrias del acero y del aluminio se han visto diezmadas por décadas de comercio injusto y malas políticas con países por todo el mundo”, afirmó el presidente norteamericano en su cuenta en las redes sociales.

Se cree que este tipo de dardos proteccionistas tiene como blanco principal a China, ya que el gigante asiático es el mayor responsable del abultado déficit comercial estadounidense.

Trump ha dicho que se propone cerrar la brecha comercial entre ambos países que hoy supera la friolera de 375.000 millones de dólares. Como era lógico de esperar, la diplomacia china amenazó con adoptar medidas de represalia.

En teoría, China podría perder más que Estados Unidos en una posible guerra comercial por el hecho de que es quien registra el superávit. Sin embargo, algunos analistas recuerdan que Estados Unidos tiene muy pocos destinos adonde ir si quiere dejar de comprarle a China, porque el gigante asiático es el mayor proveedor mundial de varios de los productos que adquiere el mercado norteamericano.

Pekín, en cambio, encontraría fácilmente mercados en otras partes del mundo para abastecerse de soja, aviones y automóviles, los tres productos que más importa desde Estados Unidos.

A todo esto, la Unión Europea, segunda exportadora del acero que se consume en Estados Unidos, anunció que estaba dispuesta a imponer medidas similares sobre productos norteamericano como las motocicletas Harley-Davidson, el bourbon, la mantequilla de maní y los pantalones Levi’s.

Una guerra comercial comienza cuando un país toma acciones para restringir la entrada de uno o varios productos de importación de otra nación o de un grupo de naciones determinado.

Puede ir desde subir los aranceles hasta la prohibición de la importación de un producto. Como consecuencia, las naciones afectadas adoptan regulaciones similares que, posiblemente, provoquen medidas por parte del primer país.

De esta manera se suele caer en la espiral proteccionista, una política consistente en “empobrecer al vecino”, algo que en el escenario internacional es visto como un juego en el que domina la lógica de la beligerancia y donde gana el más fuerte.

El proteccionismo promueve la hostilidad de las naciones y por eso su filosofía estuvo detrás de las dos grandes guerras mundiales en el siglo XX. Pese a esta lección de la historia, el presidente de la principal economía del mundo ha escrito en su cuenta de Twitter que “las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar”

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