El hombre que mostró la guerra para lograr la paz

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El fotógrafo iraní Reza Deghati, que recorre el mundo con proyectos humanitarios, dictó un taller en la Villa 21-24 y en Fuerte Apache. “El alma herida lleva muchísimo más tiempo para sanar que un cuerpo herido”, asegura.

 

Florencia Carbone

 

Algunos lo definen como observador de la angustia. Tal vez sería más preciso decir que fue protagonista de la angustia en primera línea y lo que es aún más valioso, logró transformar eso en acciones positivas. Seguramente por eso otros tantos lo apodan el fotógrafo de las causas justas.

El fotoperiodista iraní Reza Deghati –de él se trata- vivió y sobrevivió a grandes tragedias de la humanidad. Tras ser encarcelado y torturado en su país, en los ’70, se exilió en Francia y se dedicó a recorrer los sitios más conflictivos del mundo. Pero sus viajes no fueron sólo para retratar guerras, hambrunas, éxodos y sufrimiento al por mayor. El periplo lo llevó a profundizar su compromiso con la paz.

Fue más allá y arriesgó: “No me considero un fotógrafo de guerra. Más bien soy un fotógrafo de la paz. Tengo la ilusión de que mostrando la guerra voy a poder cambiar algo del modo en que la gente la percibe”.

En 2001 fundó Aina (significa espejo en persa) en Afganistán, una organización no gubernamental para impulsar el desarrollo de la sociedad civil a través de la educación, la comunicación y la diseminación democrática de la información. Y luego extendió el concepto a la enseñanza de fotografía alrededor del mundo para comunidades en situación de riesgo.

Reza, que fue el primer fotógrafo no estadounidense en la historia de National Geographic, lleva publicados 31 libros y ha visitado más de 150 países. Desde las zonas más vulnerables intenta rescatar la historia de su gente y expresarla a través de sus ojos (a los que define como la ventana del alma).

Pero además de sacar fotos, con la generosidad de los verdaderamente grandes, Reza enseña su arte. Lo ha hecho en los sitios más variados y recónditos y del planeta, y lo hizo también, hace muy poco, en la Argentina.

Como parte de Bienalsur (Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de América del Sur), un proyecto organizado por la Universidad Nacional de Tres de Febrero, se realizó un taller junto con el Ministerio de Cultura de la Nación y la Cancillería para promover el arte fotográfico en contextos de vulnerabilidad. El maestro dio clases a una cincuentena de adolescentes de la Villa 21-24 y Fuerte Apache.

Las primeras dos clases intensivas fueron en la Untref, el 3 y 4 de junio, pero luego, hasta fines de agosto se concretaron tres encuentros semanales en los barrios Ejército de los Andes (en la provincia de Buenos Aires) y Barrio 21 (en la Capital).

En la primera semana, las clases fueron dictadas por Reza, y luego tomaron la posta sus asistentes. Los 50 adolescentes que participaron de semejante experiencia pueden ver hoy el fruto de su trabajo en la Plaza San Martín. Quienes circulan por el céntrico espacio porteño disfrutan de la muestra “Imágenes de mi mundo”, emplazadas en soportes de gran tamaño alrededor del monumento a José de San Martín.

Las imágenes captadas por los adolescentes reflejan su vida cotidiana en barrios con graves problemas de seguridad, carencia de infraestructura y desocupación. A través de consignas precisas (A través de mi ventanita; Hermanos, familia; Mi mejor amigo; Autorretrato con espejo), talleres y equipamientos que fueron donados a los jóvenes por Bienalsur, el proceso refuerza su principal meta de implementar acciones artísticas que lleguen a nuevos públicos.

“Este proyecto tiene que ver con lo que entendemos sobre el arte y la cultura como vehículo de inclusión social y de acercamiento de los pueblos”, dijo Aníbal Jozami, director general de la Bienal.

La muestra, que estará habilitada hasta diciembre, tiene un premio extra para quien decida visitarla: apenas cruzando Avenida del Libertador, en lo que se conoce como la Plaza de los Ingleses (Plaza Fuerza Aérea Argentina), frente a la Estación Retiro, se montaron algunas de las fotografías más famosas de Reza bajo el título de “Imágenes del Alma”, con exquisitos textos.

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Superar un genocidio

Una breve anécdota pinta a la perfección el espíritu que mueve al fotógrafo iraní.

“En 1995, después del genocidio en Ruanda, quedaron más de 20.000 niños separados de sus padres en los campos de refugiados. Me pregunté si la fotografía tenía algún poder para cambiar esta situación. En conjunto con la Cruz Roja y Unicef iniciamos un trabajo de identificación de esos niños. Se llamó Retratos de los niños perdidos. Instalamos una gran cantidad de puestos para entrenar a los refugiados en la técnica básica del retrato y les dimos cámaras. Hicimos cinco copias de esas fotografías y montamos varias de muestras en puntos estratégicos de los campos. Allí, los padres podían identificar al menos por el parecido a algunos de sus niños perdidos. Luego, tenían que contestar un cuestionario de 25 preguntas para asegurarnos de que la conexión entre ellos estuviera fundamentada por otros datos. En cuatro meses, más de 3.500 niños se reencontraron con sus familias”, contó Reza durante una entrevista que le hizo La Nación hace algunos años.

Reza divide los desastres y conflictos en dos tipos de destrucciones: “Primero está lo visual, lo físico. Un edificio derrumbado, una persona herida. Era lo primero, hasta que un día leí en un diario que había habido un tiroteo en los Estados Unidos y que inmediatamente habían llegado 30 psicoterapeutas al lugar. La situación había generado un trauma. Empecé a pensar qué era lo que buscaba generar ese trauma. Pensé que si por una bala hubo que mandar tantos terapeutas, ¿qué pasa con las guerras? ¿Cómo hacemos para sanarnos? El alma herida lleva muchísimo más tiempo para sanar que un cuerpo herido. Uno se puede recuperar de la peor herida, pero cuando uno sufre un trauma psicológico el daño es muchísimo más profundo”.

Luego asegura que las imágenes que perduran son las que llegan al corazón. “Cuando una imagen llega a mi corazón, en ese momento soy consciente de que también puede llegar al corazón de otros”, dice.

“En fotografía, lo importante no es la técnica; es cómo miro al mundo, cómo miro alrededor”, dijo a los chicos que se acercaron a la Casa de la Cultura Popular para asistir a su taller de fotografía.

“Yo les enseño que la cámara es como una lapicera que habla muchos idiomas. Si tenemos algo en nuestro corazón y lo queremos escribir entonces se puede hacer con la cámara. No los estoy entrenando para ser periodistas o fotógrafos profesionales sino para que puedan expresarse como lo harían con una lapicera para escribir sus historias, sus anécdotas, lo que está dentro de su corazón. Si una imagen toca nuestro corazón, si nos mueve, si nuestro corazón tiembla, entonces es porque hay algo que le quiero mostrar a la gente”, resumió sobre su método.

Objetico logrado: basta mirar una de sus fotos para sentir temblar nuestro corazón.

 

Qué es Bienalsur

Bienalsur es un proyecto generado por la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Untref) e integrado por una red de universidades, centros y museos para ofrecer un programa articulado de cuatro grandes ejes: Curadurías Bienalsur, Colección de colecciones, Arte en las fronteras y Acciones en el espacio público.

A ello se suman tres herramientas innovadoras de dimensión virtual: Ventanas, que permitirán al público conectarse con otras sedes; una aplicación de realidad aumentada, para democratizar el acceso a la experiencia artística; y el videojuego Willitu, orientado especialmente a los jóvenes para que descubran obras escondidas en la ciudad. Bienalsur está presente en 16 países, 32 ciudades, 84 sedes y participan de ella más de 350 artistas.

 

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