La Argentina, en manos de siete corporaciones

Argentina's President Mauricio Macri holds the symbolic leader's staff after being sworn-in as president at Casa Rosada Presidential Palace in Buenos Aires

La Argentina está en manos de siete grandes corporaciones que, en mayor o menor medida, han incrementado su poder e influencia en los últimos años. Frente a la fachada del poder formal que emana de un sistema democrático aún endeble, estas corporaciones ostentan el poder real y marcan el verdadero rumbo del país.

 

Patricio Giusto*

 

Podemos definir a las corporaciones como fuertes núcleos de poder que responden a intereses sectoriales, por lo general contrarios al bien común. Coyunturalmente, pueden actuar de manera coordinada, como así también alinearse a los gobiernos de turno, siempre y cuando estos se acoplen con sus objetivos e intereses.

En el caso argentino actual, las siete grandes corporaciones son las siguientes: Narco, judicial, empresarial, sindical, ‘pejotista’, social y mediática. Históricamente, ha habido otras de fuerte gravitación, como la religiosa y la militar, pero su influencia ha mermado significativamente. Podría contarse también la corporación policial, ligada a su vez al ascendente submundo ‘barrabrava’. No obstante, la policial más bien suele actuar subordinada a otras, como la narco, la judicial y la ‘pejotista’.

A simple vista, Mauricio Macri no pareciera tener un plan sistemático para desarticularlas o, cuanto menos, neutralizarlas. En algunos casos, como el de la corporación narco, está claro que el Presidente ha decidido enfrentarla y se han logrado importantes avances. Así y todo, resta una enormidad por hacer contra el poder narco. El panorama sigue siendo muy incierto.

Respecto a la corporación judicial, el sistema luce tan putrefacto como lo heredó de parte de Cristina Kirchner. Cuesta aceptar que la incapacidad política del Consejo de la Magistratura sea la única explicación de la falta de avances en el frente judicial. Gran paso la caída del impresentable juez Eduardo Freiler. Pero el alegre jubilado Norberto Oyarbide y otros de sus pares andan bailando por ahí.

La corporación empresarial, en tanto, se mantiene muy fuerte e influyente. Con el agravante que los grandes conglomerados económicos del país se han visto beneficiados con las medidas de Cambiemos. No obstante, los ex pares de Macri siguen sin invertir y obteniendo grandes réditos del actual contexto financiero ¿Alguien esperaba otra cosa de los acomodaticios de siempre?

En el caso de la corporación sindical, de fuerte raigambre peronista, sigue siendo una de las más poderosas. Pese a la fragmentación y crisis internas en la CGT y la CTA, importantes sindicatos como los camioneros y los docentes, conducidos por dirigentes autoritarios y retrógrados, continúan decidiendo cuándo y cómo los argentinos podemos hacer cosas tan elementales como circular o educarnos. Enhorabuena, pareciera que Macri ha decidido finalmente ir por ellos.

En cuanto al ‘pejotismo’, corporación basada en el aparato clientelar del peronismo con epicentro en la provincia de Buenos Aires, Cambiemos ha sufrido una dura derrota al no poder implementar la reforma política. Era la medida central para comenzar a sanear nuestro arcaico y corrupto sistema electoral. Una nueva victoria electoral de Cambiemos en octubre será fundamental para poder reflotarlo.

Otra gran decepción para el Gobierno está expresada en la corporación social, compuesta por el importante conglomerado de organizaciones sociales que han copado las calles. La situación social no ha mejorado y los subsidios han seguido aumentando, a la par del poder de esos grupos y sus dirigentes. Inclusive, muchas organizaciones adquirieron más peso político que los sindicatos tradicionales. El Gobierno no pude darse el lujo de que estos grupos definan la política social.

Finalmente, la corporación mediática, con la cual el Gobierno mejor ha congeniado. La orientación política y económica de Cambiemos ha sido bienvenida por estos grupos, a los cuales el kirchnerismo intentó cooptar o bien disolver, como fue el caso de Clarín. Es esperable que esta buena sintonía perdure, con medios que han incrementado notablemente su poder económico e influencia en la opinión pública.

Para concluir, el Estado debe recuperar el poder delegado o perdido a manos de las corporaciones. Es la única vía para lograr la transformación institucional y cultural que necesita la Argentina. Mientras eso no ocurra, el Gobierno seguirá siendo un mero partenaire frente a quienes ostentan el poder real. Todo lo demás que se haga será, en el mejor de los casos, un paliativo que no detendrá el proceso de decadencia en el que desde hace tiempo está sumida la Argentina.

 

*Politólogo y docente universitario (UCA). Mg. en Políticas Públicas (FLACSO). Director de la consultora Diagnóstico Político.

 

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